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La nueva vecina -
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| Daniel - (Hetero) [26 Mar 2007]
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Me empujó hacia ella y la penetré, lo hacía con cuidado temía hacerle daño, empecé despacito, pero sus gemidos me pedían más, pensaba en darle placer...
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En primer lugar, hola a todos los lectores de esta página, me llamo Daniel y en realidad no estoy acostumbrado a escribir este tipo de relatos, en fin, me voy a arriesgar.
Esto que les voy a contar a continuación trata de hace un par de años, cinco exactamente, el caso es que conocí a una chica en el ascensor, era una vecina nueva, jovencita de unos 19 años, se había instalado hace poco, el caso es que me comentó que no conocía mucho la ciudad y yo me ofrecí a mostrársela, pasamos horas juntos, riendo, caminando.
Me contó algo de ella, que estudiaba, que se estaba preparando para una carrera, etc., el caso es que desde ese día empezamos a ser inseparables, me dijo que por la tarde no iba a salir ya que iba a estar estudiando para un examen, dije que iría a verla, ella estuvo encantada, que le venía bien por si había algo que no entendía y yo se lo podía explicar, respondí que no había problema que sería un placer, y así quedamos.
La acompañé a su puerta y subí hacia la mía, en fin, por la tarde llegué a su casa, me abrió y se fue rápidamente, yo continué caminando, estaba sentada en una silla enfrente del escritorio supongo que estudiando, iba con ropa interior, la verdad yo no tenía ninguna intención de tirarle mano ni nada por el estilo, es más, la respetaba mucho, aunque no niego que me gustaba, me dijo que me acercara que lo del examen solo era una excusa para poder hacerme suyo, yo enfrenté estas palabras y me acerqué despacito, la abracé, empecé a susurrarle cosas bonitas al oído mientras noté que se estremeció.
Comencé a besarle el cuello muy suavemente, ella consintió que siguiera y yo bajé mis manos por sus hombros hasta llegar a sus pechos, pasé las yemas de mis dedos por sus senos y los acaricié, suavemente, despacito ella seguía diciéndome que no parara y no pude contenerme. Me puse por delante, a sus pies, la miré a los ojos y empecé a besarla, en principio sus labios, su cuello, sus pechos, lo que más deseaba era recorrer cada centímetro de su piel, muy despacio para disfrutar el máximo de ella.
Me abrazó, yo reaccioné besándola en las mejillas mientras ella acariciaba mi espalda, la besé lentamente disfrutando de sus hermosos labios, mi cuerpo se estremeció de estar a su lado sintiendo su dulce aliento en mi oído y su cuerpo junto al mío, pegaditos.
Me abrazó con sus piernas mientras me acariciaba la cara, el pelo, la cabeza. Iba bajando, notaba su excitación en su aliento hasta que llegué al lugar, ese lugar, la puerta al cielo de las mujeres. Me salté ese lugar, tan solo lo rocé y le hice notar mi respiración, resistí y seguí bajando, besé sus muslos, sus piernas, sus pies, hasta que vi que no aguantaba más.
Subí lamiéndole despacito y cuando llegué al lugar lo empecé a lamer despacito de arriba abajo le metí mi lengua compulsivamente hasta que vi que se corría, noté sus jugos en mi cara y ella los quiso compartir subí hasta sus labios y me besó, compartimos un apasionado beso con sus jugos, a ella le gustaba y sabía que a mí también, la cogí en brazos como a una princesa y la llevé hasta la cama, allí la tumbé suavemente, estaba tan excitada que me quitó la ropa a agarrones y me rompió la camisa, no me importó, ya que la única que me importaba era ella.
Contemplé su rostro, estaba preciosa, ella me empujó hacia ella y la penetré, lo hacía con cuidado temía hacerle daño, empecé despacito, pero sus gemidos me pedían más y más así que cada vez se lo hacía más rápido pensaba en darle placer, quería hacerla sentir bien, al hacerlo sin preservativo me dijo que cuando iba a correrme le avisara y así lo hice.
Saqué mi pene y fue ella quien se ofreció a lamerlo le dije que no hacía falta que si no quería o no le gustaba no tenía porque hacerlo, ella me dijo que todos los tíos la obligaban a hacérselo, yo le dije que conmigo era diferente no tenía que hacer nada que ella no quisiera o no le gustara, me dio las gracias, yo le contesté que no pasaba nada que no se preocupara, me dirigí al baño a lavarme, me di una ducha rápido y cuando salí ella estaba dormida.
Me acosté a su lado y la abracé estuve así toda la noche al amanecer le dije: deseo despertar cada día a tu lado para poder contemplar tu amanecer mientras te miro y regalarte mil te quiero al oído y mil caricias sin reloj, ella me dijo que nadie la había tratado así, que se encontraba muy a gusto conmigo, yo le dije que me gustaba mucho, y que ella merecía ser tratada así o mejor.
La abracé y noté como cayó una lágrima de sus ojos, le pregunté que le ocurría, estaba preocupado, algo pasaba ella me dijo que había tenido una infancia un poco dura y que jamás había pensado encontrar alguien como yo, yo le dije que a partir de ahora siempre me tendría, siempre estaría a su lado.
Ahora ella es mi pareja desde hace años y sigue habiendo el mismo amor y la misma pasión que hubo ese día.
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