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ENTERRANDO AMORES EN LAS PUES -
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| Federico ALONSO - (Gay) [26 Mar 2007]
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Me gustaría acostarlo desnudo, mirando hacia el oeste, solos mientras paso mi lengua por su piel y la hundo en sus nalgas...
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Luis Luc (26) salía del aeropuerto y fue descubierto por los periodistas que buscaban la nota del casamiento de Dionisio (32) y la empresaria. Aún no se sabía de la detención por "ocultamiento" de joyas. Luis aún lloraba por el desengaño y la perfidia de Dioni, quien lo usó, lo forzó y después lo traicionó casándose por dinero con esa mujer de negocios.
-Luis, ¿qué puede decirnos de su éxito en el torneo? -preguntó un periodista.
-Es resultado de esfuerzo y perseverancia que se lo debo a mis padres que son humildes y viven en la bahía, en Puerto Rico -respondió.
-¿Es cierto que rompió con su amigo y pareja Dionisio que ahora se fue en luna de miel? -preguntó otro periodísta.
-No. Era mi amigo, pero el torneo me permitió conocer a otra gente -dijo Luis. Casualmente allí está Federico Alonso y su asistente. Los saludó con la mano y le respondieron en igual forma. Los periodistas se fueron a buscar otro escándalo, porque la policía había detenido a alguien llevando joyas de dudosa procedencia en el aeropuerto.
Federico miró a Luis con amor. Subieron a la limosina blanca y fueron al hotel.
-Te espero en mi auto que es más discreto -dijo Federico.
-No tengo ganas de salir, pero un poco de aire me vendrá bien después de tanta bronca -respondió Luis. ¿Adónde iremos? -Es una sorpresa -respondio Federico. Has sido un niño bueno y puede que te compraré un helado en la playa.
Luis sonrió. Se cambió y bajó con ropas sencillas. Federico estaba en el auto. Salieron hacia la costa donde viven los padres de Luis. Ni bien dejaron la zona urbana de Puerto Rico, Federico aparcó al borde de la ruta, miró los ojos de niño lindo de Luc y los besó con ternura. Después entró su lengua en la boca de su amante y vio que era suyo cuando acarició sus tetillas y ese cuerpo, delgado y sin grasa, pura fibra dispuesta a temblar los gozos del amor. Después de un largo rato siguieron camino y estacionó frente a la casa de los padres de Luis. Todos corrían a encontrarse y abrazarse. El ídolo del tenis había llegado. El hijo bueno había llegado. El amigo de todos estaba en la puerta de la casa de sus padres.
Luis no había a tiempo para abrazar y besar a todos.
-Les presento a Federico -dijo mirándome. Es un amigo de Buenos Aires, Argentina.
Después de cenar Luis y Federico caminaron por la oscuridad de la playa hasta el lugar donde cuando chico Juancito jugaba con Dionisio, con Pequita y el manto negro. El sol ya se había puesto, pero en el agua tibia del Caribe, se las ingeniaron para hacer el amor. No era el padecimiento límite a que lo sometía Dioni, sino la suavidad de aflojar los músculos tensos por el entrenamiento y el estrés del torneo, y dejar que la pija de Federico jugara en su agujero, sin resolverse a penetrar.
-¡Cojete vos mismo! -le dijo Federico recostado sobre la piedra que antes usaba Dionisio para el sacrificio. La pija estaba dura y derecha y Luis la chupaba como un helado que puede derretirse.
Cuando se cansó, besó a Federico y comenzó a sentarse sobre ese mástil que entraba justo en sus tiernas entrañas. Se movía despacito, despacito… y ya estaba acostumbrado, pero en vez del ritmo de Dioni, era su propio ritmo. Las sensaciones entraban y salían no solo en su ano, sino con las manos acariciando a Federico, besándolo "a piacere", sin forzarse…mientras su amante argentino se derretía adivinando una sonrisa del niño Luis en medio de lágrimas de alegría y placer.
-Te quiero Patri te quiero mucho -le decía el Luis bronceado y de cabellos ensortijados.
-Sos como el muchacho persa de Fernando Magno y el seguidor de Darío -murmuraba Federico en total ensoñación, mientras sus dedos jugaban entre los bucles de la cabeza del tenista. Te amo y me hubiera gustado conocerte desde hace mucho, cuando tenías a Pequita, tu perra cogida por puro instinto del manto negro de Dionisio. Cerrar los ojos, fantasear y refugiarse en los silencios donde el reloj de la fertilidad del hombre busca entregar la semilla.
-Viajemos para que conozcas Buenos Aires -dijo Federico. Mi pareja nos cuidará a ambos.
-Si. Pero, antes tengo que cumplir un compromiso de tenis en Perú -dijo Luis.
-Vayamos, si tu quieres y de paso, nos hacemos tiempo para ver las ruinas del Valle Sagrado y Machu Picchu. Tengo un amigo cuyo sobrenombre es "Kaela" (20) que me espera cerca de la Plaza Mayor de Cuzco. Trabaja en el negocio del centro y tiene una hermana tan linda como él. Necesito hacerle el amor, en la planicie que domina toda la ciudad. No lo amo tanto como a vos, porque no lo conozco personalmente.
Una semana después estabamos paseando por la costanera del Callao y los parapentes volaban entre el mar y la tierra en Lima. Nos alojamos en Miraflores antes de partir para el sur.
-Me mimas todo el tiempo, me besas y me gusta, me penetras y me pierdo, recorres mi piel y siento el escalofrío de que pueda perderte…-dijo Luis a Federico.
-Realmente, me dice muchas cosas, pero lo que más amo son esos ojitos de niño tierno, siempre casi listos para llorar, cuando me miras en silencio…-replicó Federico. Deseo hacerte mi mujer o mejor, mi adorado Juan, sobre la montaña, desde un amanecer hasta la puesta del sol.
-Me falta el suelo bajo los pies cuando me hablas así, aunque me mientas fidelidad -dijo Luis. Mañana jugaré como nunca para que podamos salir en el avión de la tarde a Cuzco y tus palabras se cumplan. Ahora te tengo aquí, todo para mí solito.
Aterrizaron los tres a 3.300 m. de altura: Luis, mi pareja de siempre y Federico. Los periodistas esperaban a Luis Luc. En el reportaje estuvo radiante. Habló del secreto de la montaña y el tenis, de la armonía del valle y del amor tanto entre mujeres como entre hombres, del silencio de los oídos y la sinfonía de la naturaleza…Federico lo escuchaba apoyado contra una columna y estaba embelesado. Amaba mucho a ese niño reencontrado de Luis; también, a su amor maduro y reposado con su pareja de más de 60 años; y, a ese amor que aún no conocía personalmente y que se autollamaba "Kaela": esperaba virgen, cobrizo, ansioso y fuerte como las piedras de Cuzco. Unas caderas fuertes que merecían ser abiertas con una cuña, entrando despacio como separando dos bloques de montaña, mientras el amado yaciendo boca abajo, miraba el sol despidiéndose de la tarde.
Sin darse cuenta, el tiempo transcurrió y ya salían en la combi rumbo al hotel colonial, entre las calles de piedra, zigzagueantes y mudas. ¿Cómo encontraría a "Kaela"? Y ¿si se arrependía y el viaje tenía una decepción?. Había chateado con él y conocía unas fotos de su hermana muy religiosa, su perrito Fodi y, de él; pero, ¿era suficiente?. Un día pensó que podía casarse con la hermana de "Kaela" para tenerlo a él en la misma casa. ¿Estaba loco o locamente enamorado de él?
-Comamos algo ligero para acostumbrarnos a la altura y tomemos un tecito de coca -dijo Luis. Nada de alcohol. La cena terminó con frutas y yogur.
Salieron a caminar…despacito, despacito…por el apunamiento, por el sococho, por el deseo de entrar en el amante…el sol se escondía detrás de los cerros y los contornos de palacios e iglesias los protegían de los malos pensamientos. Las calles estaban amigables y los faroles dispersos daban tiempo a reubicar las manos que entraban en caricias por el cuerpo de Luis. La pareja de Federico, los cuidaba como un padre con dos hijos. En la Plaza, buscar un banco libre y mirar los siglos de historia que "el ombligo del mundo" podía contar desde los asentamientos pre incas o resabios de la santa inquisición.
-Cuentamos la historia de esta ciudad imperial, sin muchos detalles -le pidió Federico a su pareja. Luis se inclinó sobre el pecho de Federico y escuchaba sus latidos.
-Cojeme aquí, mi amor -dijo muy bajito Luis a Federico. El solo pedido le había levantado la pija que desde hacía días no tenía descanso.
-No, mi amor -dijo Federico dándole un beso húmedo. Nos pueden ver y debemos ser respetuosos de la gente del lugar…esta es su casa y están orgullosos de ella.
-No hay casi nadie -insistió Luis.
-Siempre hay alguien que mira y cela a un chico tan lindo como vos -respondió Federico.
Yo si fuera cuzqueño no dejaría que una gacela del tenis como tu se escapara, pero buscaría la intimidad de un rey para poseerte de manera que hasta tus suspiros fueran míos.
-¡Sos un loco! -dijo Luis. Un loco hambriento de amores homosexuales tiernos y salvajes.
-No te olvides que tengo una novia aquí, a quien no conozco personalmente y que se llama "Kaela". Está en el placard, confundido y sin encontrar la partecita de felicidad que le toca.
-Lo sé y me da celos, pero prefiero que me lo digas y saber que volverás después de tomarla como tuya.
-¡No tomo nada!. Sino arrimo la mitad de mi amor para que se encuentre con la otra mitad.
No sé si se llama Felipe, Aar, Nicolas…pero como "Kaela", lo imagino con una bombachita roja ajustando sus grandes caderas de hombrecito; lo amo desde su frente limpia como canto pulido hasta la tibieza de su cola a desflorar.
-¿Qué sabes de "Kaela"?, contáme para que tenga más celos. -pidió Luis.
-No sé nada, excepto que una vez lo o la besaron y se partió en preguntas. Puedo imaginarlo a "Kaela" como un chico de 1,75 de alto, tez algo oscura, cabello corto a los costados y algo crespo arriba, labios un poquito secos como madrecita virgen, cuerpo con vello oscuro, retorcido y difícil de afeitar, de carnes duras y olores fuertes, de mirada firme…
Me gustaría acostarlo desnudo, mirando hacia el oeste, solos mientras paso mi lengua por su piel y la hundo en sus nalgas…hasta que, ambos, viendo el sol ocultándose en un ángulo de la puerta sagrada consumemos la unión: mi pija entrando despacito, despacito, muy despacito hasta llegar al fondo cuando el último rayo de luz se apague, y un pequeño hilo de sangre joven, aumentada con semen y sudor macho, caiga sobre la piedra y se escurra hacia una semilla sedienta que espera del rocío para brotar. Seguro que después, desnudos, pero perdidos por la chicha que tomaríamos, bailaríamos sobre la gramilla cortada, en honor a lo divino por dejarnos amar un poquito.
-Te amo Federico y, si "Kaela" no aparece, seré tu "Kaela" y tu Juancito y… lo que tu quieras…-dijo Luis-Dios no creó el amor para después prohibirlo.
Nadie lo sabía. "Kaela" veía todo desde la esquina del portal jesuítico. Intuyó el diálogo de los amantes y prefirió volverse a su casa para seguir con sus dudas y su hipocresía. El amor no es una enfermedad.
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"ENVIAR RELATOS EROTICOS".
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