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Colegio Mayor -
Pablo - (Gay) [07 May 2003]
Pablo nos narra sus primerasexperiencias homosexuales en un colegio mayor para chicos con su amigo Juan.
Desde hace tiempo me ronda por la cabeza la idea de contaros una experiencia. No es justo disfrutar de tanto relato sin aportar nada a cambio. Mi historia acaeció hace dos años, pero aún su recuerdo me aporta felices momentos de soledad erótica. Yo estaba por aquellos entonces cursando mis estudios en la universidad. Tenía 23 años y residía en un colegio mayor, y como es normal, el ganado sólo era masculino. La verdad es que no había un gran que de galería. Además, en realidad, mis apetitos sexuales ni son, ni lo eran claramente definidos. Soy capaz de perder el sentido por un cuerpo masculino y también por uno femenino. Mi físico no es espectacular. Con 1,70 del altura, delgado y según dicen de rostro muy bien parecido.

La historia comienza con una amistad que fragüé en dicha residencia. Juan era un chaval dos años más joven que yo que venía de mi pueblo. La verdad es que antes de convivir juntos no habíamos tenido una gran relación. Nos conocíamos de vista. Nada de particular. El caso es que resultó ser un tipo genial. Es el típico chico con un don de esos que lo hacen atrayente a todos y todas. Nuestra amistad empezó a florecer de tal manera que nos convertimos casi inseparables: juergas, borracheras, cine... Nada de particular que dos grandes amigos no hagan juntos. El caso es que a mí, empezó un momento en que su cuerpo me empezaba a decir un no sé qué, que ni yo me atrevía a entenderlo. La verdad es que él es un joven que está como el pan. Su altura 1,78 con un cuerpo de puro acero atlético, con una cara de ángel y una melenita que me hacía perder el sueño. Lo mejor, no obstante, era su culo que parecía que lo habían cincelado los mismísimos ángeles. Un culo de escándalo, os lo aseguro. No sé lo que me pasaba, pero yo buscaba en todo momento cualquier ocasión de ir a su habitación en los momentos que sabía que se debía cambiar para ir a entrenar, o en tiempo de calor, cuando estudiaba, pues sabía de su costumbre de hacerlo con sólo un pantalón corto. Era un dios griego. Para mí una gozada a la vista. Lo que más me gustaba era simular peleas donde poder sobarlo sin ser descubierto.


Llegó un momento en el que se estaba convirtiendo en una obsesión. Lo peor es que sabía que los rollos de tíos no le iban. Pero la ocasión llegó por fin, sin esperarlo y de improvisto. Un fin de semana, como de costumbre, salimos de fiesta. Nada de especial: beber, bailar e intentar cazar un hembra de las que te dejan con la miel en los labios y la polla tiesa sin desenfundar. Así que esa noche, después de nuestros ambos fracasos, nos dimos a beber más de la cuenta. ¡Bendito el alcohol! La borrachera era apreciable. De vuelta a la residencia, sintiendo en especial la calentura que había quedado sin sofocar, salió la conversación del sexo. Laméntelas de lo desgraciados que éramos y lo caliente que estábamos. El caso es que el mencionó que tenía unas revistas pornos en su habitación. (Nunca habíamos hablado de estos temas). Me dijo: "si quieres vienes y así te haces tú también una buena paja". Sus palabras me estremecieron. Pensar que por fin vería el objeto de mi deseo de tanto tiempo anhelado me entrecortaba la respiración y el respingo de la pija se hizo notar enseguida. Llegados a su habitación, cerró y sacó las revistas. Me dio una y él se quedo con otra. Pero él, ni corto ni perezoso, se bajó los pantalones y calzoncillos hasta los tobillos. ¡Dios que pasada! Mi maromo en bolas a diez centímetros de mí. Allí apareció su verga, no muy grande, pero bella. Era la misma cara de la tentación. Unas hojeadas a la revista acompañadas de unas rítmicas auto-caricias hicieron que aquella bella durmiente entrara en acción. Apareció su rosado glande, que me hizo entreabrir la boca de admiración y hambre contenida y sus huevos se pusieron como dos piedras. El se seguía masajeando cuando me mira y ante mi cara de admiración y vicio, sorprendido por mi nula acción, me pregunta: "¿Qué te pasa? ¿No te gusta la revista?" A lo que contesté: "Sí, calro, pero me gusta más lo que tienes ahí" "No jodas tío, -me responde-, que me vas a salir maricón". "No tío, -le contesté-, pero de lo virtual a lo real hay diferencia.. Además, a decir verdad, te confieso que tengo mis dudas sobre mi orientación sexual. Necesito probarme. ¿Me dejas que te la casque? Es un favor, así podré salir de mis dudas". Él me miró con un poco de extrañeza, y sin que dijera nada, pero asintiendo con su mirada, le fue quitando su mano agarrando mi tesoro. Por fin tenía su deseada polla en mis manos. Empecé un lento movimiento de sube y baja con un suave sobo de huevos. Era la gozada sentir la fuerza de mi macho entre mis manos. Él dejó hacer y con gesto de placer se fue tumbando en la cama. Le quité las botas y le saqué del todo sus ajustados jean y slip. Me arrodillé y me quedé en medio de aquellas dos columnas de Hércules. Él se tiró hacia arriba un poco de su camiseta dejando al aire su escalonado abdomen. Mi mano seguía trabajando aquel mástil en un ir y venir de arriba abajo sintiendo su fortaleza. Mientras con la otra mano la ocupaba en jugar con sus bolas prietas. Pero en nada de tiempo me quitó la mano, se pajeó con fuerza un poco y se corrió. Creí en ese momento que mi aventura había terminado en otro aborto.

"Que has hecho tío, -le dije-, esto no era lo dicho". A lo que me contestó como un poco ido entre el sueño, la mierda que llevaba y la reciente satisfacción, que necesitaba desahogarse y no podía aguantar más. "Necesito chupártela, quiero probarme, -le respondí con cara y voz penitente-". Sin pedir más permisos se la cogí de nuevo y empecé a movérsela muy lentamente, mientras protestaba porque aún no se había repuesto. Aproveché este momento para quitarle la camiseta y dejármelo desnudo ante mi vista. Todo para mí. Su cara delataba un borrachera colosal que lo hacía vulnerable y preciso. Lo acaricié un poco, notando como tensaba cada músculo por donde pasaba mi mano. Qué cuerpazo. Un torso de ensueño. No había ni un atisbo de grasa, todo duro y prieto, marcando cada músculo de masculinidad. Pelos los justos, más bien tirando para lampiño. Parecía que se estaba quedando dormido. Pero ahí estaba yo para darle un feliz despertar. Le cogí la verga, acerqué mi cara, percibí su olor y le empecé a acariciar el glande con mi lengua. Mi boca se convirtió en una O carnosa para mi héroe. En la primera mama que le hice despertó con un gemido: "cabrón, que haces, - y con la voz entrecortada siguió- no lo hagas tío". Yo me seguí esmerando y el gemía sin decir nada. No lo debía estar haciendo mal, aunque era novato en la materia. Al poco le digo: "¿Es que no te gusta?". "Siii... pero... siii... a todos gusta que se la chupen, tú verás". Mi trabajo, mis chupetones, mis fricciones labiales en su pija y mis caricias lo iban excitando y despertando. Mi boca se estaba volviendo un golosa tragando su tranca y saboreando hasta el más mínimo de sus rincones.Entornaba los ojos de regusto. Así gocé de él todo lo que quise. Bajé a gozar de sus huevos que metía y sacaba de mi boca. Un chupetón en un huevo hizo que se despertara del todo y protestara por el dolor. Creo que lo estaba poniendo a cien. Se le veía super cachondo. Y he aquí la sorpresa. Se incorpora de la cama, me levanta la cabeza de su sexo y me dice: "déjame tu polla que yo nunca he tenido la pija de otro en mis manos". Era increíble. Rápido obedecí, me bajé el pantalón y el slip dejando al aire mi polla empinada. Se sorpredió un tanto al verla por el tamaño. Sin decir nada me la agarró con fuerza y empezó a meneármela con fuerza. Lo hacia bien. Pero yo quería más que una simple paja. Así que me atreví a pedirle que me la chupara. Él se negaba, decía que le daba asco y que a la fin para mí sería lo mismo. "Tío, mira todo lo que te he estado haciendo yo, no seas cabrón, le repliqué". No se le veía del todo convencido pero el argumento y quizás unido a la falta de juicio del momento y la excitación hicieron que fuera bajando su boca hacia mi tranca. Se la metió en la boca y me dio u sorbo de campeonato. Ante mi gemido alzó la cabeza y me advirtió que le avisara cuando me fuera a correr. Siguió su tarea con un sube y baja increíble. Chupar una polla es un deleite hasta para el más hétero. Me empezaban a entrar escalofríos por todas partes. Me sentía en una nube de placer. Yo entreabría los ojos par ver su cara de dulce trabajo y gozar de la visión de su culo. Lástima que esta posición me impedía llegar con mis manos para gozar de él. Estaba cachondo en un grado tal que me hacía desear llegar al culmen. Quería que me penetrara. "Para tío, -le dije-". Él se retiró un poco pensando que me vendría en cualquier momento, pero añadí: "Para, que quiero que me la metas". Él sin decir nada se sentó en la cama apoyando su espalda contra la pared y yo me dirigí a sentarme en su mástil. Cuando me disponía a hacerlo me preguntaba que se estaba seguro, que esto ya era muy fuerte. Yo le dije: "Calla, déjame a mí y tú goza".


Mi culo virgen ardía de ganas. Me quise ensartar su fuerza masculina, pero aquello resultaba imposible. Lo intentaba pero era imposible. La falta de experiencia era palpable. Él sólo dejaba hacer, pero después de unos cuantos intentos frustrados me dijo: "Quítate, tío, que no va". Recosté mi espalda en su duro pecho y acercándome a su oído acariciando su cara con la mía le digo: "Tío, pon algo de tu parte. Lubrícate, méteme primero los dedos y luego será más fácil". Sin decir nada me quitó de encima se quitó de encima y se fue al baño. Me quedé tumbado boca arriba mirando lo que hacía sin saber muy bien que era lo que pasaba. De repente sale del baño con la pija embadurnada de jabón, me mira con ojos de fuego y me dice: "Colócate que te voy a follar" Estas palabras todavía me resuenan y me estremecen las entrañas. Sin pensarlo me puse a cuatro patas, abriendo mi virgíneo trasero todo lo que pude. Así estuve un tiempo sin que allí notara nada, creo que estaba observando lo perra que era en ese momento. Creo que eso lo tuvo que excitar. Me deje caer quedando tumbado boca abajo con las piernas abiertas. En este momento siento en la puerta de mi ano algo que me empieza a presionar, y en un instante me siento violado. Me acababa de hacer un hombre. De un certero golpe me había ensartado la mitad. Esto me hizo girarme y mirarlo con una expresión creo de pequeño dolor placentero. Su cara era de un gran tipo. Me miraba con preocupación por si había dañado en demasía. Viendo que mi rostro dibujaba la figura del placer, se atrevió a decir: "Ya la tienes dentro". A lo que yo respondí: "Pues, dale ahora".

Empezó un bombeo delicioso, nada de dolor, todo lo contrario. Era una sensación maravillosa. Yo miraba hacia atrás para ver a mi macho actuar. Su cuerpo todo tensado. Su movimiento era increíble Tenía encima un gran semental. Estiré mis manos para atrás para acompañar sus movimientos sujetándole su culo. Estaba como un piedra carnosa, pura fibra de cinco estrellas. Su bombeo no tenía interrupción. Aquello me estaba llevando a la nirvana. Notaba que llegaba a su climax y lentamente fue rematando la faena con solemnes bocanadas de fuerza y fuego que desembocaban en mi vientre. Con la lentitud del placer que se quiere prolongar hasta lo eterno. Al final calló sobre mí. Noté rápido la orfandad de mi culo. Quedó tumbado a mi lado con una cara de placer increíble. No pude más y me lancé hacia su cara de ángel acariciando su cara con una semi-barba de dos días y su melenita macarrilla de pelo liso. Lo besé en la mejilla y me atrevía llegar a su boca. Aquí el me paró y no consintió que siguiera. "No, eso sí que no te lo permito, dijo". El había disfrutado como un enano pero a la fin no era para nada gay. Me hizo levantarme e irme. Yo hasta le pedí perdón, a lo que contestó que tampoco me pasase, pero: "vete, esto ha sido un error". Creo que explotada la calentura y los efectos del alcohol lo hicieron volver en el mismo que era. Me fui y me pajeé con el sentimiento de mi ano desvirgado y mis recuerdos. Estos nadie me los quitará jamás. Que me quiten lo bailado. Al día siguiente nos encontramos en un curso opcional que teníamos en común. En el trato nada se hizo notar. Al final del mismo como era ya la hora de regresar, lo hicimos juntos hablando de tonterías pero sin mirarnos mucho. Había algo en el ambiente que cambiaba todo. Llegados a la residencia entré con él en su habitación y hablé yo: "Qué, anoche nos pasamos ¿no?". El dijo que sí, que todo había sido culpa del alcohol y que mejor era olvidarlo como si nada hubiese pasado. Yo acepté esperando que la ocasión fuera propicia para comprobar lo que allí decía. Esta no llegó, pues poco tiempo después empezó a salir con una chica y creo que con ella descarga sus energías. Seguimos siendo todavía muy amigos, pero quien sabe si en otra ocasión propicia la aventura no se repite, ¿no? La paciencia es la virtud de los fuertes.

Si algo me queréis comentarme algo, lo que sea, hacedlo aquí: pablonegron@yahoo.es Espero que hayáis disfrutado

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