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El Vigilante -
FJAGUILERA - (Hetero) [05 May 2003]
Explosiva mujer monta una merceria en un centro comercial con el unico fin de tirarse cada dia al vigilante de seguridad.
Soy Vigilante de Seguridad y hago servicio en un mercado de abastos.
Llevo ya algún tiempo y conozco prácticamente a todos los clientes que
lo frecuenta. A lo largo de la mañana suelo parar a hablar con algunos
de los vendedores para pasar el tiempo porque es un mercado tranquilo
donde hay algunos puestos cerrados.
Lo cierto es que no deja de sorprenderme la forma de insinuarse de
alguna de las mujeres algo más maduritas que comprar por esos lares. Me
miran de arriba abajo e incluso entablan conversación conmigo, sin
duda, en busca de algún favorcito, pero a mis 30 años, aunque hay
algunas que están más que apetecibles, que incluso se hacen
irresistibles, sobre todo una de ellas que tiene unos pechos y un
cuerpo esbelto por la que parece que no hayan pasado los 45 años que
tiene. Siempre viene muy arreglada y con ropa muy ajustada. Además
tiene unos labios muy carnosos y una mirada deboradora pero,
sinceramente, siempre me dio miedo entrar en el juego porque en el
mercado en cuestión todos se conocen y saben de qué va cada cual.
Además, allí no hay sitio escondido para poder tener aventuras con
discreción.
Un día llegó una chica joven, de unos 24 años, interesándose por uno de
los puestos cerrados y tres días más tarde había alquilado el local.
Era una mujer impresionante de 1’70 y con una medidas casi perfectas de
no ser porque usaba una talla 100 de sujetador, lo que la hacía más
exuberante si cabe. Cara angelical y rubia platino de pelo largo, pero,
lo mejor, más caliente que el palo de un churrero.
El primer día, como es lógico, fue la novedad. Montó una mercería en la
última caseta del pasillo y la gente no paraba de visitarla por aquello
de la curiosidad y para desearle suerte. Como no podía ser menos, yo
también estuve algún tiempo charlando con ella sin poder quitar la
mirada de su canalillo.
Siempre iba con pantalones ajustados y cada vez que se agachaba se le
dejaba ver un culo impresionante pero cuando no, esos pantalones
dibujaban la figura de un coño perfecto con dos molletes impresionantes
a cada lado de una raja primorosa.
Empezamos a entablar confianza porque, además de que yo cada vez me
tiraba más tiempo cerca de su caseta, éramos los dos únicos jóvenes del
mercado, así que nuestra amistad dejó paso a las bromas que cada vez
eran con más picardía. Con crítica a una mujer.. que si tiene cara de
asco porque no ha follado, que esta está alegre porque su marido la
tiene contenta y cosas así.
El día D fue cuando, en pleno mes de julio, la muchachita no tuvo otros
trapitos que ponerse que unos pantalones cortos y una camiseta de
tirantas que le dejaba el ombligo al descubierto. Si en otras
ocasiones, el pantalón ajustado le dejaba entrever su coñito molludo,
en esta ocasión ya se le veía parte de ese coño que resultó pelado.
No eran unos pantalones cualquiera, eran unos pantalones que dejaban
fuera gran parte de su culo por ambos lados y, como decía, cuando se
sentaba, en una escalera de esas de tres escalones, se le salía una
preciosa mollita por la parte de la pelvis. Esa mañana me dio algo de
vergüenza mirar tan descarado a sus partes más íntimas, pero fue ella
la que rompió el hielo. Fue directa y me dijo que fantaseaba viéndome
cómo miraba a la madurita y que venía dispuesta a follarme delante de
todos. Yo le dije que, de momento, estaba a punto de conseguir que
perdiera los papeles con la ropita que se había puesto y ella me dejó
claro que lo había hecho para provocarme toda la mañana.
Lo que ocurrió me pareció increíble porque me aseguró que se
masturbaría dentro del local en algún momento de la mañana porque,
además, había venido sin bragas y sin sujetador, que era multiorgásmica
y que eyaculaba mucho líquido, así que tendría que tener mucho cuidado.
Yo, evidentemente, le seguí la corriente pero puse un poco el freno.
Esa mañana pase con menos asiduidad por delante de su establecimiento
para dejarla hacer. Al ser el último del pasillo, tampoco había mucho
tránsito, así que si se quería masturbar, lo mejor era dejarla hacer.
A eso de las 12 del mediodía, me acerqué por allí y le dije : “¿Qué, se
te ha pasado la calentura?”, y ella me dio a oler su mano derecha. Olía
a sexo por todos lados. Se había masturbado y corrido minutos antes y
me dijo “todavía me chorrea”, mirando hacia su pantalón que tenía un
puntito mojado. Lo mejor es que me enseñó el suelo, donde había un
charquito con sus jugos y cuando bajé la vista vi que le chorreaba el
fabuloso líquido por la parte interior de la pierna.
-Te acabas de correr, le dije.
Y ella me contestó: “No lo he podido aguantar más pensando en ti. Ahora
quiero que me termines la faena que yo he empezado. Cerramos la puerta
y punto”.
Así fue. Ella echó la persiana, yo entré dentro y sin mediar palabra se
arrodillo pisando sus propios jugos y comenzó a chuparme la polla con
unas ganas brutales.
Mis gemidos eran impresionantes, por lo que tuve que morderme el dedo
para no gritar. Me estaba volviendo loco hasta que me tiró al suelo
para seguir chupando. Ella se quedó de pie, inclinada y con las piernas
estiradas y abiertas justo encima de mi cabeza.
Me sacó la porra del uniforme y me hizo que se la metiera por el coño
mientras ella seguía chupando. Era una imagen impresionante. Le quité
el pantaloncito que despidió un olor a azufre muy fuerte, le rocé su
pipa con la punta de la porra y comprobé que estaba más que húmeda, por
lo que no dudé un instante. Mientras ella se comía mi polla que iba a
estallar, yo le tenía cada vez más la porra. Nos corrimos al unísono.
Ella se lo tragó todo mientras yo sólo pude lamerle parte de sus
piernas al incorporarme. Le chorreaba su jugo por ambas piernas y fui
lamiendo hasta que llegué a su coño. Ahí, sin dar descanso, comencé a
lamerlo sin descanso. Ella se apoyó con las manos en la pared y yo
estuve comiendo el coño por lo menos diez minutos hasta que me puso
detrás de ella para meterle toda mi polla en su interior. Entró sin
esfuerzo y, cuando estaba dentró, noté como su coño palpitaba y me
apretaba el grande cada vez con más fuerza. Le iba llegar otro orgasmo.
Me mojé las yemas de los dedos y alcancé sus tetas para humedecer sus
pezones ya duros como piedras. Eso era lo que le faltaba porque casi se
cae de rodillas al correrse. Yo seguí empujando ese delicioso colo
hasta que ella se dio la vuelta y me pidió que me volviera a tumbar.
Se sentó y me hizo penetrarla por el culo. Un culo redondito, carnoso y
casi perfecto que dilató al instante. Ahí estábamos. Ella sentada
encima mía, empalada por el culo y mirándome de frente mientras se
acariciaba el clítoris hasta que estuve a punto de correrme. En ese
momento, ella se levantó y puso sus labios en la punta de mi polla para
masajearla con su lengua hasta que me corrí. Como no podía ser menos,
aguantó estoicamente mis envestidas hasta que no me quedó ni una sola
gota.
Me lo dijo después: “Sólo quería tener un comercio aquí para poder
follar todos los días contigo”... Me tiene reventado.

Espero respuestas...

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