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NOCHE DE SEXO CON MI HERMANA -
Perico Rodriguez Perez - (Filial) [09 Dec 2003]
Aquel hostal no era lujoso, pero para mí el mejor del mundo, solo quedaba una habitación libre y con una cama no muy grande. Lo más adecuado para conseguir hacer el amor con mi hermana.
NOCHE DE SEXO CON MI HERMANA
Había sido una suerte que ni soñada. Era ya noche cerrada y quedaban no menos de 400 kilómetros para llegar a Buenos Aires, acordé con mi hermana que lo aconsejable era pasar la noche en algún alojamiento pero todavía seguimos un buen trecho hasta encontrar un parador.
El hostal no era lujoso, pero para mí el mejor del mundo porque sólo había una habitación disponible. Le comenté a María Luisa y se encogió de hombros, “ya nos arreglaremos”, dijo, me preguntó si yo tenía inconveniente, y respondí que por mi parte estaba encantado, no sé si entendió lo que yo quería decir pero no hizo comentario.
Tomamos la habitación, un cuarto modesto, sin calefacción pero con un baño aceptable, y para mi alegría una cama chica en la que, según yo veía, por fuerza deberíamos estar pegados. Aún mejor, las dos sillas existentes no daban posibilidad de dormir en ellas y el suelo, de cemento pintado, no parecía muy acogedor ni como último recurso.
“Parece que vamos a ser marido y mujer”, aventuré mientras empezaba a sentir un ansioso cosquilleo en mi verga. Se quitó el abrigo y pude ver lo bella que era mi hermana, a sus 56 años y soltera estaba en pleno apogeo como hembra, rubia de ojos verdes, hermosas y provocadoras tetas, unas caderas poderosas y un culo soberbio, y siempre con zapatos de tacón alto que la hacían más esbelta.
Le propuse bajar a intentar cenar algo y le pareció bien, entró al baño, la oí orinar, se desprendió de la chaqueta de lana y de la blusa, buscó en el neceser y comenzó a cepillarse los dientes, la puerta estaba abierta y pude disfrutar de sus hombros y espalda, lo que advirtió mirando por el espejo sin decir nada, y yo decidí ser osado y entré como si fuera lo más normal del mundo para mear. “Tengo alterado el aparato”, comenté para ver como reaccionaba.
Fui a salir pero nos encontramos muy cerca, tanto que pude sentir el olor de su cuerpo, me embriagué, pasé mi brazo derecho por su espalda y acerqué su pecho al mío: “Ojalá fueras mi esposa, te comería entera”, le dije mientras llevaba mis labios a su cuello, mordía suavemente y sentía como se estremecía. Me envalentoné y le busqué la boca, besé sus labios voluptuosamente, la apreté más contra mí, llevé mi mano a sus tetas, ella no reaccionó al principio pero enseguida me apartó: “¿Estás loco?”, comentó sorprendida pero jovial quizás pensando que era una broma por mi parte.
Renunciamos a cenar, pero compré a precio de lujo una botella de whisky que parecía queroseno y dos vasos, y subí con la verga como un poste de telégrafo, pensando que me iba a comer el culo y las tetas de mi hermana. Abrió y a poco me corro allí mismo al verla en camisón que transparentaba su sujetador y sus bragas, me senté en la cama, serví dos vasos generosos de aquel alcohol canalla y le ofrecí uno: “No, no me apetece”, rechazó, pero le comenté que le ayudaría a entrar en calor en aquel cuarto que parecía nevera y, como era aconsejable, aceptó y bebió un trago.
Me desnudé y me puse el pijama sólo, estaba más que decidido a follar con mi hermana aunque fuera a la brava. Fue al baño a lavarse, oí el agua del bidé y con todo el descaro del mundo entré, me planté en el lavabo a limpiarme la verga y volví a comentar que la tenía absolutamente desbocada, ella me miró en silencio, yo creo que adivinaba lo que le venía, se secó la vagina sin decir nada y volvió a la habitación.
Regresé al cuarto y llené de nuevo los vasos, dijo que no quería y la animé a brindar: “Nuestra primera noche juntos ...y solos”, le comenté. “No sé qué piensas”, dejó caer, abrió la cama y se metió dentro. Apagué la luz de la mesilla y en la penumbra me acosté, chocábamos por fuerza, sentí su cuerpo, “¡qué frío!”, protestó y yo me pegué a su espalda con la excusa de darle calor pero el bulto de mi polla me delataba, intentó separarse un poco pero no había modo, disimuló y se quedó parada.
“Si miras hacia aquí será mejor”, propuse, se giró y quedó ante mí, pasé mi brazo izquierda entre la almohada y su cuello y la atraje un poco hacia mí para acomodarnos, no parecía muy convencida pero no se resistió. Su aliento me emborrachaba, con mi brazo derecho puse su muslo izquierdo sobre mí, acerqué mi sexo al suyo y la besé en la boca con toda mi lengua y saliva, metí mi mano bajo su camisón y busqué su culo ansiado. “¿Qué haces, te has vuelto loco”, protestó entre jadeos casi ahogada por mi beso. Me importaba todo una mierda, la tenía conmigo y para mí, había decidido gozar con ella, y se lo dije: “Me gustas María Luisa, llevo mi vida queriendo follar contigo, me tienes ciego y voy a disfrutar de ti; si gritas organizas un escándalo y a mí me da lo mismo, o sea que tú misma”. Y volví a besarla mientras acariciaba su espalda, bajaba a su culo y empujaba con mi verga.
Se quedó callada, respiraba entrecortada, cogí su mano y la puse en mi pene moviendo adelante y atrás para que me excitara, ”quiero comerte entera” le dije, busqué la raja de su vagina y empecé a acariciar despacio pero haciendo presión, y mi hermana echaba su culo hacia atrás pero no podía escapar. Noté que se excitaba, respiraba de forma entrecortada, me puse sobre ella, separé sus piernas, acomodé mi verga en el vello de su sexo buscando su raja, y empecé a babear en su boca: “Me gustas, quiero amarte, so puta, voy a gozar y quiero que tú también disfrutes”.
De loca a loco, debió resignarse y se rindió, le ordené que me abrazara y lo hizo, “esto está listo”, pensé, movía mi pene entre los labios de su raja, noté que empezaba a sudar, se ponía caliente, yo la besaba con mucha saliva, metía mi lengua en su boca y ella comenzó a responder, aparté los tirantes de su camisón y saqué sus tetas por encima del sujetador, “¡espera!” gimió y se lo quitó, me lancé sobre sus pezones, los chupe y babeé, se ponían más duros cada vez, los mordí y mi hermana parecía perder el sentido.
“Déjame chuparte”, le dije, me bajé y busqué con mi lengua entre sus muslos y su mata de pelo, sentía en mi boca la humedad de su vagina y le busqué la raja, me creía morir de placer al ver como ella se estiraba y se estremecía de gusto, “¡mmm, me gustas puta, guarra más que guarra!”, la insultaba. Mi hermana se acariciaba los pezones, abría sus muslos y empujaba mi cabeza hacia su sexo, estaba gozando la puta de ella.
Me aparté con sus protestas, ”¡sigue, sigue!”, me suplicaba, pero me subí hasta su boca, tome mi verga que estaba trempante, gorda y hermosa, me miró sobresaltada pero la amenacé: “¡Chúpa so puta, chúpame la polla, quiero que me la chupes!”, se la metí entre los labios, ella intentaba rechazarla y se negaba, pero la amenacé apretando los dientes: “¡Chúpa o te mato aquí mismo, puta cerda, trágate y chúpame la verga!”, se debió asustar porque timidamente al principio pero cada vez con más decisión, me pasaba su lengua arriba y abajo, me mordía el prepucio y echaba saliva como yo le ordenaba, y pensé que me iba a reventar.
Quería que ella también gozara, por lo que me volteé, busque su vagina, empecé a chuparla y ví que se excitaba como una perra en celo, tanto que dejaba de chupar mi polla para jadear y tuve que empujar su cabeza y amenazarla de nuevo: “Que no pares de chupar, so cerda!”, y ella volvía a afanarse, yo recorría entera su vagina, hundía mi boca y mi nariz, y la notaba al borde del orgasmo. “Te voy a dar por el culo, so guarra”, le dije, la puse como una perra y yo como un perro me puse a lamer por detrás su vagina y su culo, tenía mi polla a punto de reventar y decidí que la iba a sodomizar.
Ante mí tenía la rosa de su culo, cogí saliva con los dedos, se la apliqué para lubricarla, le clavé mi verga en su vagina hasta el fondo, me empapé en sus flujos y enfilé mi verga hacia aquel agujero tan deseado, el culo de mi hermana querida. Empujé, metí todo mi prepucio a la primera y entre las quejas y sollozos de mi hermana seguí forzando hasta conseguir meter más de la mitad, ella se quejaba dolorida pero yo estaba en la gloria: “mastúrbate so cerda”, le animaba.
Seguí bombeando hasta que ya no pude más, veía que me iba a correr, mi hermana se acariciaba el clítoris con frenesí, rugía como una loba y ya ni se preocupaba del dolor de su ano, estaba gozando con placenteros gemidos y le dije que me iba a correr. Metí mi verga en su vagina que chorreaba jugos y ella encogió su cuerpo al borde del orgasmo, “¡dentro, dentro!, córrete dentro”, pedía y me solté, me reventé en una corrida que desbordaba su raja, hostia qué gusto, ella se estiraba y encogía con los estertores de su corrida, saqué mi polla que goteaba y la llevé a su boca, apretaba los dientes y la rechazaba pero le agarré del cuello y apreté, “¡abre la boca y chupa que te mato, hija puta!”, le amenacé, aceptó mi verga y chupó y rechupó mis últimas gotas de leche con los ojos en blanco por su orgasmo bestial, hasta que acabamos tumbados y boqueando sin respiración.
La abracé y estuve besando sus labios durante media hora, le decía que la amaba, que siempre me había gustado y que hasta entonces había estado reprimiendo mis deseos, cuando de nuevo me sentí con ganas. Le pedí que me acariciara la polla, que pronto volvió a ponerse bien tente, volvimos a hacer el amor un par de veces y nos dormimos. Por la mañana mi hermana se levantó e iba a lavarse y vestirse, pero la llamé y le pedí que me hiciera una mamada, quería volver a correrme en su boca antes de separarnos.
En el camino apenas hablamos, cuando llegamos a Buenos Aires la llevé a casa, mi esposa salió a recibirnos y saludó cariñosa y ajena a todo a mi hermana, siempre se habían llevado bien. El lunes, llevé a mi hermana a su nuevo trabajo, cuidadora de un matrimonio anciano en una hermosa casa de la parte alta de la ciudad, y al despedirnos le adelanté que pronto volvería a buscarla para hacer el amor con ella, y a los días, cuando le conté a mi mujer lo sucedido y la orgía vivida con mi hermana durante el viaje no se lo podía creer, pero no se veía muy enojada porque a la noche en la cama no paraba de pedirme detalles que parece le excitaban porque se entregó como nunca y me hizo prometer que la traería un día a casa y la follaría para que ella lo viera ... e hiciéramos el amor los tres juntos.

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