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La puta de mi hermana -
Perico - (Filial) [09 Dec 2003]
Siempre había deseado follar con mi hermana, y desde que lo conseguí por primera vez he seguido haciéndolo cuando he querido.
LA PUTA DE MI HERMANA
Sin darnos cuenta, o quizás sí, el caso es que los dos acabamos bastante borrachos. Habíamos bebido dos botellas de champán, algunas copas de licor, fumamos media docena de cigarros de marihuana y ahora no sabíamos muy bien dónde estaban nuestras cabezas ni conseguíamos mantener el equilibrio, pero nos mostrábamos alegres y felices.
La película pornográfica que habíamos previsto ver se había quedado parada, ni mi hermana ni yo acertamos a recordar que era necesario activar el vídeo. Lo que ella quería era que la ayudara a llegar hasta su habitación y alcanzar su cama, visto que le parecía imposible hacerlo por sí misma. “Ayúdame a acostarme”, me había dicho entre risas y medio trompicones, y yo, con no menos dificultades, la había trasladado con mi brazo por su cintura, sintiendo el calor húmedo de su cuerpo bajo la ligera bata de seda que llevaba.
La había descargado más que depositarla en su cama, y como no acertó a soltarse me arrastró con ella. Retomamos la situación, retiré el cobertor de su cama y la sábana e intenté acostarla, sintiendo que me entraban un calor y una ansiedad de claro deseo sexual en mi cuerpo que justo acertaba a reprimir. Le quité la bata y la acomodé como pude, se había quedado sólo con una braga minúscula que no lograba ocultar el vello de su sexo, rubio como había imaginado yo siempre, la tapé no sin antes admirar sus tetas hermosas en las que destacaban unos maravillosos pezones.
Pensé que lo aconsejable (que no lo mejor) era que me retirara, pero me pasó un brazo por la nuca y me acercó hacia ella: “No te vayas, quédate conmigo y ayúdame, estoy muy mareada”, me dijo. “¡Oye Gloria, y yo me estoy quedando helado!”, le respondí. Ella levantó la ropa de la cama y me pidió que me quedara: “Acuéstate aquí, no me dejes”.
Pensé que aquello se estaba poniendo serio y que aquella historia podía acabar con una orgía de sexo entre dos hermanos, pero entre que lo estaba deseando, que siempre había soñado con chupar sus tetas y su coño y descargar el semen de mi verga sobre ella, y en que de verdad estaba tieso de frío, me metí en la cama a su lado.
Mi hermana estaba decididamente borracha, más que yo, se abrazó a mí, pasó el muslo de su pierna izquierda sobre mi costado, sentí sus senos en mi pecho y la seda de sus bragas en mi pene, y el calor de su cuerpo, y me susurró mientras se estremecía: “¡Huy, ayúdame, yo también siento frío!”. La abracé pegada a mí, ella parecía medio dormida o dispuesta a dormir, yo no acertaba a saberlo muy bien, pero pensé que en cualquier caso estaba haciendo lo que llevaba toda la vida deseando, gozar de su cuerpo de diosa que tanto me excitaba, sentir sus tetas en mi pecho, su cuerpo pegado al mío, y que, a lo peor, una excitación como aquella para hacerme una buena paja no me la quitaba nadie.
Acaricié su espalda como para darle calor, aunque lo hacía por disfrutar de su cuerpo, metí mi mano por detrás en sus bragas, la bajé a sus nalgas y las acaricié también, ella no parecía notar nada extraño o la muy puta zorra lo disimulaba. Recorrí con mis dedos el hueco de su culo de arriba abajo hasta alcanzar por detrás el nacimiento de su vagina y medio urgué con las yemas de los dedos entre los labios de su chocho que sentía húmedo y caliente, y mi hermana, o no se enteraba o lo deseaba y se hacía la dormida.
Me daba lo mismo, decidí que mientras ella reaccionaba yo iba a gozar de su cuerpo, si en un momento se enojaba y me montaba la bronca por lo menos iba a satisfacer mis deseos animales. ¡Dios, so puta más que puta, qué buena estaba y qué caliente me ponía, mi pene estaba duro como porra de goma, chocaba con su braga e iba acumulando mi leche en el prepucio preparándose para reventar!. Le bajé poco a poco y suavemente las bragas, y pasé mano a su entrepierna, a su vagina y su clítoris, y empecé a acariciarla y a masturbarla para que se excitara con vistas a darme el gran lote con ella.
Seguía silenciosa y adormecida, sin decir nada ni responder a mis caricias pero como no se oponía ni me rechazaba, yo seguía jugando con mis dedos en su vagina, cada vez más caliente y más húmeda con lo que me convencí de que se estaba poniendo caliente y disfrutaba. La miré, pero seguía con los ojos cerrados, busqué su boca con la mía, pasé mis labios por los suyos y los mojé con mi lengua buscando su interior y mezclando nuestras salivas.
¡Cojones, yo estaba caliente como un ciervo en celo y ella no decía palabra!. Llegué a sus pezones con mi lengua, los chupé disfrutando y mordí ligeramente, sentí claramente que se estremecía y gemía, y lo ví decididamente claro: La puta de mi hermana estaba disimulando, como si estuviera dormida y se dejaba hacer.
Bien, pensé, si estás dormida yo no, y voy a aprovecharme. Me incorporé un poco en la cama, subí mi cintura a la altura de su boca, me agarré la verga y acerqué la punta hacia su boca, pasándola entre sus labios y presionando suavemente para meterla en su boca, sentía la humedad de su saliva en el prepucio y el contacto con su lengua, decidí que me iba a correr en su boca, te vas a despertar por mis cojones, so cerda, pensé para mí, pero se me ocurrió algo mejor.
Poco a poco la puse boca abajo en la cama, ella se dejaba hacer, terminé de sacarle las bragas y separé sus piernas, me pusé entre ellas y le metí la mano por detrás, levantando su culo y acercando hacia mí su vagina. Me quedé extasiado, babeando como estaba, ante el glorioso espectáculo de su raja cubierta por un vello húmedo, sentía mis dedos mojados por sus jugos, y acerque mi polla que mostraba una tremenda erección, lista para follar.
Urgué con la verga entre sus labios vaginales y me abrí camino. ¡Dios, no podía!, tenía que levantar un poco más su trasero, la tomé de ambas nalgas con las dos manos, jalé un poco y presioné con mi polla que se hundió en su interior como cuchillo en mantequilla. Gocé del momento, cómo había deseado tantos años, ¡puta que placer! dentro de su vagina caliente y húmeda que me enardeció aún más, con mi verga temblando de gusto.
Empecé a bombear, mi verga entraba y salía con facilidad engrasada con su jugo, me sentía correr, notaba agolparse la leche en la punta de mi polla, pero me detenía a cada rato, para calmarme. De nuevo, empezaba a follarla despacio, penetrando hasta que chocaba con el fondo de su chocho, ¡dios qué buena estás, so puta!, le dije pero mi hermana ni se inmutó, como si no se enterara de nada aunque era obvio que estaba gozando como una cerda.
De prontó noté que se ponía tensa, que envaraba su cuerpo, me oprimía la verga con su vagina apretando las caderas de forma que mi vaivén era más dificultoso, aunque igual de fácil y húmedo, y de golpe estalló ¡aah, aah!, se corría la puta cerda, se estremecía en un orgasmo brutal, pegaba su culo contra mi verga y mis cojones para sentirme bien dentro. ¡Mmmm, aaaah, gemía y disfrutaba, lloriqueaba de gusto la guarra, se vaciaba de placer disfrutando de mi polla que seguía gruesa y dura clavada en su interior, hasta que acabó, se detuvo y se derrumbó en la cama y sin decirme palabra.
Había gozado como una marrana, jadeaba y se ahogaba recuperando la respiración, se le había pasado la borrachera de golpe y sólo hacía que disfrutar del placer del polvo que acababa de echar. Ahora es la mía, decidí, mi verga se había quedado fuera, casi goteando a punto también de correrme, me subí hasta su cara y se la metí en la boca, ahora sí que se resistía aunque no abría los ojos para no mirarme.
¡Puta guarra después de lo que has gozado!, me dije, agarré su melena por detrás y la empujé adelante y atrás, ¡hostia me iba a reventar!, se me venía toda la leche que tenía agolpada en los huevos, me iba a correr sin ya poder evitarlo, ya no aguantaba más y exploté en su boca, en una corrida abundante que recorría mi verga como plomo fundido, ¡redios qué gusto!, sintió el semen en su lengua y su garganta, se ahogaba la cerda e hizo intento de separarse, pero tiré de su pelo y apreté su cara contra mí, me corría a chorro, ¡hostia cómo me corría!.
Mi hermana se veía obligada a tragar mi leche para no ahogarse, y el deglutir de su garganta me excitaba más y yo seguía chorreando, ahora menos y sintiendo que la excitación y la erección de mi pene disminuían y se acababan. Me había quedado vacío, sentía un agujero en mi bajo vientre y un ligero dolor en mis huevos del esfuerzo por arrojar todo el semen, y jadeé y respiré hondo para recuperarme.
Me tumbé a su lado, respirando profundamente y acariciandome la verga y los cojones, sentía una rara satisfacción, ¡hostia que polvo!, había gozado como un loco. Miraba a mi hermana y veía su cara, con las gruesas gotas de mi leche chorreando entre sus labios y sus mejillas que ella intentaba retirar con la lengua, y me sentí feliz, me había follado a la puta de mi hermana que era lo que más había soñado y deseado en la vida.
Cojí sus bragas, me acomodé en la cama junto a ella, frente a frente, y comencé a limpiar mi semen de su boca, ahora sí había abierto los ojos y me miraba con una cara que no sé si era interrogante, o avergonzada o quería expresar simplemente que bueno, que lo habíamos hecho y que habíamos disfrutado como cerdos. La abracé, acaricié su culo y su vagina con fuerza, como haciendo ver que eran de mi propiedad, la besé, hundí mi lengua en su boca y cambié mi saliva por la suya, la mire fijamente y le dije: “¡Qué puta cerda eres, puta marrana, me has hecho disfrutar como un loco y tú, haciéndote la dormida, has conseguido lo que querías, follar y correrte como una guarra!”.
Nos dormimos abrazados, despertamos y volvimos a follar a lo bestia, al principio intentó negarse pero la disuadí de que lo hiciera, ¡te voy a follar siempre que quiera, so puta! le dije. La penetré esta vez hasta por el culo, la obligué a que me hiciera una buena mamada, la verdad es que quería hacerlo tanto como yo, y desde entonces hemos follado siempre que me ha apetecido, sólo he tenido que ir a su casa, llamar, entrar, obligarla a ponerse de rodillas, meter mi verga en su boca y correrme allí mismo.

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