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UN DIA de ELECCIONES -
Ito - (Hetero) [17 Sep 2003]
Sale con una amiga a un pueblo vecino en el dia de las elecciones a ejercer su derecho democrático... se lleva a su amiga por que esta lo pone muy caliente, empiezan en la iglesia y se van a un lugar mas trankilo en el campo...


Hace un tiempo, durante unas elecciones nacionales en mi país,
Uruguay, me vi obligado a trasladarme a votar a una pequeña ciudad
distante 200Km de mi casa. Me pareció una idea genial invitar al
viaje a Roxy la única mujer que he conocido que me hace perder la
cordura. Su sola presencia motiva mis más desenfrenadas fantasías.
Durante el viaje de ida y por la urgencia de llegar, no pasamos mas
allá de roces e insinuaciones. Su mano se escurría entre mis piernas
hasta rozarme, a lo que respondía con cierta torpeza, ya que iba
conduciendo, poniendo mi mano entre las suyas o metiéndola por su
escote para acariciar sus pezones. Yo le decía lo caliente que me
ponía al tocar sus caderas, o tan solo con recordar lo dulce de su
vulva. Mientras, ella me contaba como mi compañía le hacía perder las
inhibiciones. Todo esto desencadenó un desfile de ideas por mi mente
de todo lo que podría ocurrir, imagino que lo mismo le ocurría a mi
compañera de excursión, pero ninguno de los dos lo confesó. Tanto uno
como el otro nos fuimos poniendo muy excitados, y así llegamos a
destino.
Después de cumplir mis obligaciones la invité a conocer la iglesia de
San Pedro, con la excusa de que su exterior era del siglo pasado y su
interior muy moderno. Una vez allí y después de un corto deambular,
para comprobar que no había nadie, nos sentamos en el primer banco
junto al altar, a un costado de la pila bautismal. Rápidamente abrí
el cierre de mi pantalón y saqué mi miembro totalmente erguido. Ella
lo tomó en forma inmediata entre exclamaciones que denunciaban mi
locura, y la falta de respeto que estaba cometiendo. Al mismo tiempo
desnudé su pecho y pasé mi lengua por sus pezones duros de
excitación. Cuando nos hallamos prontos para comenzar una sesión de
sexo oral, un ruido nos recordó el riesgo que corríamos, y que
podríamos tener que terminar dando explicaciones de todo aquello al
cura, y concluimos que era mejor irnos. La ciudad vivía un día de
fiesta, y todo se hallaba colmado. Sabiendo que sería imposible
conseguir alojamiento, y apurados por la excitación, sin perder tiempo, salimos algunos kilómetros de la ciudad y luego
desvié el auto por un camino rural, hasta encontrar un paraje
solitario. Me detuve junto a un monte (pequeño bosque) de eucaliptos y después de
algunos preparativos entramos en él. Sobre una manta comencé a
desnudarla y a desnudarme. Cuando quedamos completamente sin ropa,
maravillado por la visión de aquel cuerpo tan bien proporcionado, me
paré de manera que mi pene quedase a la altura correcta para entrar
en su boca. Así parado, sintiendo su boca caliente y el juego de su
lengua, creí estar en las puertas del paraíso Luego de disfrutar
aquello, para retribuir el placer que me hacía sentir, bajé
lentamente, pasando mi lengua por su cuerpo, contorneando sus
pezones, por su vientre, hasta que mi cabeza quedó entre sus
piernas. Con una excitación que casi era locura, comencé a lamer los
labios de aquel dulce tajo, hasta encontrar su clítoris que mordí
suavemente, desencadenado un mar de contracciones de placer. Como el
tiempo nos sobraba, seguimos el juego hasta que su pasión la hizo
pdirme,?¡metela...metela!?. La soledad del paraje nos permitía
deshacernos de todas las inhibiciones, y el pedido se transformó en
órdenes que gritaba a toda voz ?¡metémela...metémela!...¡no aguanto
más!?. Para cumplir sus deseos puse sus piernas sobre mis hombros y
comencé a penetrarla con toda la profundidad que me era posible. Una
furia loca se apoderó de mi y con toda mi fuerza le daba una estocada
tras otra, hasta que con quejidos entrecortados me anunció su
orgasmo. Cuando llegó, sentí el estremecimiento de su cuerpo y las
contracciones en su vagina. Al mismo tiempo la urgencia de mi esperma
hizo darme cuenta de que acabaría. Inmediatamente la saqué y derramé
todo mi semen sobre su vientre. Para sorpresa mía, después de
aquella primera eyaculación, noté que tendría una segunda. Sin más
llegó la segunda, mas abundante que la primera. Descargué otra vez la
leche sobre su cuerpo, ahora sobre sus piernas, en tal cantidad que veía como pequeñas corrientes blancas se deslizaban por su piel. La excitación juntada a lo largo del día hacían que me comportase como un adolescente en sus primeras manipulaciones.
Mientras tanto ella gemía y suspiraba, y se estremecía prolongando su
orgasmo.
Después de aquello quedamos desnudos tendidos en la manta,
descansando y hablando de lo intenso que había sido, mirando y
admirando nuestras desnudeces, sin sentir vergüenza alguna.
Pasó algo de tiempo y comencé a notar en el horizonte unas nubes
negras y algunos relámpagos que avanzaban hacia nosotros. Era una
tormenta que venía poner un toque distinto al momento que estábamos
viviendo, ya había comenzado a bajar el sol y la luz de los
relámpagos permitía que viéramos nuestros cuerpos desnudos moviéndose
con entera libertad por aquel camino sin necesidad de escondernos,
solos en aquella amplitud.
Retomamos nuestros juegos, justo en el centro de la calle, ella en
cuclillas, yo de pié. Con su boca y con su lengua arrancaba suspiros
y vibraciones de todo mi cuerpo, que me hacían comprender lo que
algún poeta escribió, que ?no es preciso morir para entrar en el
cielo?. De pronto se irguió y me pidió...?¡trátame como a una puta de
la calle!?. Así comenzamos un nuevo juego, en el que yo no sabía muy
bien que era lo que ella esperaba. Tan solo se me ocurrió hacer que
mi conducta fuera mas recia. Tomándola de los pelos la obligué a que
volviese a mamarme la verga. Luego, siempre con su cabellera en mi
mano, la levanté y la empujé hacia el auto, la hice ponerse de
espaldas hacia mi, le obligué a abrir las piernas y comencé a
deslizar mi miembro por sus nalgas. Ella respondió rápidamente
separándose los glúteos, quedan su ano enfrentado con mi pija. Empujé
con fuerza y comencé a penetrar aquel culo hermoso. Pero ella comenzó
a recriminarme...?¡me lastimás!?, le respondí...?¿no!
querías que te tratara como a una puta??en ese momento y de un golpe
completé la penetración. Sentí como su cuerpo se estremecía, sin
saber si era por el dolor o de placer. Ella grito ?¡dame más hijo de
puta!...?MAS HIJO DE PUTA!!...¡¡HIJO DE PUTAAA!!...?. De pronto
estallo en gemidos entrecortados. Inmediatamente comprendí que había
llegado al orgasmo y sin más eyaculé, llenándole el culo de leche. Al
retirar mi miembro, vi como de su ano dilatado manaba semen y corría
por sus piernas.
Para recuperarnos, ya entrada la noche, nos recostamos en el auto,
tan desnudos como al principio. Casi en éxtasis admirábamos la
tormenta eléctrica que para ese momento estaba sobre nosotros. Cada
destello me permitía ver un instante aquel espectacular cuerpo,
provocándome a imaginar que uno de las mas bellos bronces griegos
había cobrado vida.
En medio de aquel momento de calma, me hizo un nuevo pedido...?sabes
que tengo una fantasía...me gustaría hacerlo sobre la tapa del
motor...? Sin más dilación me dispuse a complacerla, y la acosté
sobre la tapa. Le abrí las piernas y comencé a besar suavemente su
vulva, separando delicadamente sus labios con la punta de la lengua,
hasta encontrar el clítoris. A él me dediqué con esmero hasta sentir
que sus fluidos corrían, indicándome que estaba pronta para otra
penetración. Me subí a la tapa, con cierto miedo de que se hundiese.
La penetre y rápidamente note su orgasmo, sin que yo hubiese
eyaculado. Me bajé y me paré en el medio de la calle mirándola aun
recostada sobre el auto y comencé a masturbarme. Ella, sin cambiar de
posición, me miraba como lo hacía, y comenzó a jugar con sus dedos
hasta que el juego se convirtió en masturbación y en un nuevo
orgasmo. Viendo aquello mi excitación aumentó y rápidamente estaba
pronto para eyacular. Ella al notarlo me pidió ?¡AGUANTAAA!!
y se bajó presurosa, metiendo mi verga en su boca, recibiendo la
leche, que tomó poniendo una carita de diablito y diciendo...?que
poquito te quedaba...?
Ya agotados y ante la amenaza de lluvia decidimos volver a nuestras
casas, como quien regresa del frente de batalla, pero con el tesoro
de haber vivido una experiencia irrepetible.

"ENVIAR RELATOS EROTICOS".

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