Eran ya dos años que había concluído mi carrera de arquitectura, elegida
con innumerables espectativas que al poco tiempo se esfumaron, por fín
sentía en carne propia esa evidente pobreza que agobiaba mi pais, uno mas de
entre los mas insignificantes, pasaban las horas y los días interminables,
yo un graduado de clase media y por añadiura con el peso de ser un homosexual
contumaz, irredimible, desocupado y casi sin amigos, me sentía en ese limbo
existencial que no se si lo pudiera ubicar en la angustia o en un autismo
emocional que ni siquiera me predisponía a una autoeliminación; mi amigo
entrañable, el que tantas veces dió sentido a mi precaria existencia se
había ido, era un oficial militar casado con dos niños, era enviado por
cinco años como agregado militar al extranjero, cuando supe de su viaje era
un día lluvioso y frío , allí conocí hasta que punto lo amaba, y hasta que
punto yo me desmoronaba , el, era el hombre que en los esporádicos
encuentros llenaba mi vida y la daba algún sentido, era todo lo que un
hombre podia entregar a otro, su figura alta, algo gruesa, velludo, de barba
espesa y bien rasurada, gustaba de la música clásica, prefería el papel
activo, y estaba conciente de sus atributos masculinos que yo adoraba, con
el no claudicaba en nada, que no hacíamos?, era una imbricación de amor y
erotismo que solo los hombres, al margen de una oreintación, sexual podemos
entender. Recuerdo ese Domingo cuando solo, yo lo visité en su casa, me
invitó a tomar una ducha , y como podía resitir si sabía el extasis que ello
suponía, las cosas que hacia, las cosas que decía, la pasión que desbordaba,
y..luego el momento en que sorpresivamente fuimos sorprendidos por su hijo
de 17 años, pero ese doloroso e incómodo momento demostró lo especial que yo
había sido, compungido , casi avergonzado declaró a su hijo que yo era la
cosa mas amada, pero ni aún eso no iba a lesionar su hogar si el era noble y
discreto.
Ahora estoy en la penumbra de mi cuarto, y pasan por mi mente, sus besos, su
sexo generoso invadiendo mis entrañas, su rostro con barba de dos días
restregando mi cuello, sus orgasmos y su cálido nectar en mi cuerpo, ese
abrazo tranquilo y la tibieza de su cuerpo ...
Me levanto lentamente y me acerco al espejo de mi cuarto, y me paraliza un
resplandor y al fondo veo su imagen que me sonríe haciendo ese ademan
obsceno que tanto me gustaba, luego nada, todo es igual . Al día siguiente
conocí que Fernando había muerto de un infarto, era el precio de la
desbordante felicidad que el me dió cada segundo y cada minuto de su vida.
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