Fotos de Sexo Gratis
Sexo Gratis
Fotos Gratis de Sexo
|
|
El Comisario -
|
| Fátima - (Hetero) [24 Mar 2009]
| |
Casi le debería agradecer a quien me pegó, porque así he conocido a una mujer muy especial. No hay mal que por bien no venga.
|
Esa historia es un poco larga. Al principio parecerá de novela negra, pero aviso que en realidad es un relato erótico. Antes que nada, me presento. Me llamo León Gayarre, soy comisario.
Dieciséis de Septiembre, 2009. Ocho y media de la mañana. Estoy sentado en el despacho de una comisaría de Zaragoza, cuando oigo una llamada. Es del alcaide de la cárcel. Me ha denunciado la fuga de un preso.
Así que inmediatamente vine ahí junto con uno de mis policías, Fátima Guzmán (quien es además mi hija de acogida). Lo primero era saber su comportamiento entre rejas.
-Uf, ese Rodolfo es más malo que un dolor.- comentó uno de los presos (estaba ahí por unos hurtos, a la semana siguiente ya estaría de nuevo en la calle), que era el compañero de celda del fugitivo-Inflaba de hostias a todo el que veía.
Le escuché atento, para hacerme una idea de cómo era de peligroso el fugitivo. No pude evitar un sentimiento de miedo hacia aquel individuo, que más que un ser humano parecía una bestia.
-Nadie se atrevió ni a mirarle. De verdad, nos daba un verdadero pánico; a mí, por ejemplo, me obligó a sujetar a uno para que lo pegue. Si no, iba a cobrar yo también. Había veces que nos pegaba sin razón aparente. Pensábamos en una venganza, pero cuando la íbamos a hacer, escapó.
-Sí que debe ser peligroso.-comentó Fátima-Haznos un favor. Descríbelo.
-Pues claro, bonita.-siguió el preso entrevistado-Es moreno de piel y pelo, tuerto del ojo derecho, ojos marrones, cara redonda, casi dos metros, complexión fuerte, y coleta negra. Es más o menos como la princesita, sobre todo lo del moreno.
Mientras tanto, la joven dibujaba el retrato robot.
-¿Ya está?-le pregunté a Fátima.
-Sí. Espero que se parezca a tu versión.-enseñó el retrato al convicto.
-Sí, es así. Sólo que el parche es como de…de cuando tienes un ojo vago.
-Gracias por su participación. Hasta luego.
Investigamos después la ruta de escape. Parecía hecha tanto desde la cárcel como desde el exterior, lo cual induce a pensar que Puños de Acero tenía un cómplice que le ayudó a escaparse desde fuera. Descubrimos que el túnel emplea en gran parte las alcantarillas.
-Madre de Dios, qué peste.-exclamó mi hija de acogida al adentrarse para la investigación.
-Ya te digo. Nada más volver a casa, a la ducha…-el olor era tan inaguantable que la joven casi sufrió vómitos.
Tras unas posteriores investigaciones, decidimos centrarnos en el barrio marginal donde creemos que vivía. Entrevisté, por el asunto de la fuga de Rodolfo Puños de Acero, a un individuo un tanto extraño. Se negaba a quitar la capucha. Supuse que era por proteger su identidad, así que no le obligué a mostrar su cara. El interrogatorio daba lugar en una cafetería.
-¿Ha visto alguna vez a este hombre?-le pregunté mostrando el retrato robot, aguantando como podía el pestilente hedor que desprendía el sujeto.
-Me suena. Pero creo que no estará aquí más.
-¿No me puede decir a dónde se ha ido?
-Lo siento, eso no lo sé.
-Bueno, gracias de todos modos. Que tenga un buen día.-estaba airoso de que al fin mi nariz dejara de soportar aquella peste.
Al menos hay una pista: el barrio ya no tendría que ver con el preso. Una zona menos en el mapa de posibles paraderos. Me fui de esa cafetería, inconsciente de lo que se iba a desencadenar a partir de ahí.
Noté detrás de mí una presencia, pero antes de poder reaccionar, recibí una paliza tras la que caí inconsciente. Aquel atacante debió ser muy ágil y fuerte. Sólo recuerdo en ese estado voces: una injuria, muy fuerte, procedente de Fátima, otros insultos de boca de los vecinos.
Al despertarme, me miré. Tenía la espalda vendada, por las lesiones del ataque. No creía que eran graves, porque no me limitaron movimientos ni me causaba dolor. Eso sí, su aspecto era bastante aparatoso.
Miré alrededor. Estaba tumbado en una cama de hospital, en la enfermería de mi propia comisaría en concreto, y sentados en el sofá estaban Fátima y una segunda persona, una mujer.
Era guapísima. Rubia de bote (ya que las cejas de color castaño oscuro la delataron), con una melena recogida con un moño; tenía ojos verdes mar y, como ya nombré, es bella. Tenía dos piercings colgados de la oreja derecha. Era bastante baja, más o menos lo mismo que Fátima, y no es especialmente delgada, pero con unas curvas más que sensuales. Debía ser, si no de mi edad (que eran entonces treinta y cinco), algo más joven que yo. Llevaba el traje de enfermera.
-Al fin has despertado. Yo soy Cintia Cudeiro.
Es lógico pensar que esa mujer me atrajo enseguida. Me propuse ligármela aprovechando las visitas a la enfermería: ‘Vaya’, pensé, ‘esta chica está muy buena. A por ella.’
-Bueno, explico los hechos.-interrumpió la joven Fátima-Cuando te pegaron, los vecinos entraron en cólera e intentaron cargarse al asaltante. Ése escapó, pero le hice una marca-recordatorio en la pierna.
No podía evitar mirarla como un bobalicón, me tenía enamorado. Aunque en ciertos momentos sospechaba que ella ya lo sabía, a veces me pillaba viéndola. Al segundo día, decidí confesarle lo mucho que me gustaba. Bueno, mejor dicho, me sacó ella la declaración:
-¿Es que tengo monos en la cara?-me dijo entre risas.
-No, no. Lo que pasa es que yo me fijo mucho en la cara.-sí, ha sido una mentira patética (lo primero que se me ocurrió, ya ve).
-¿Es que te gusto?
-¡No!-me había pillado definitivamente-Quiero decir, que ni me gustas ni me dejas de gustar.
-Anda, tonto, que se te ve a la legua. Si tú también me gustas.-ahí habría vía libre para empezar algo.
-Ah, coño, haber empezado por ahí.-fue instintivo, me vino del alma.
Al final, quedamos en su casa, cuando me den de baja. No iba a hacer la burrada de hacerlo con ella en la misma cama de la enfermería, un poco de decencia. Además, se me habría caído el pelo si nos pillaran en pleno acto y, para rematar, con las vendas como que no estaría yo para dar una alegría al cuerpo. Al menos podía disfrutar de sus besos (cuando estábamos los dos solos, claro).
Seis días después me dieron de baja. Antes, contaba con las visitas de Cintia, algo más que beneficioso para la relación porque así nos conocíamos más a fondo. Por supuesto, no era la única visita; muchos de los policías, bajo el dominio provisional de Fátima, me vieron.
El día después de salir de la enfermería era la gran noche. Dejé a mi hija de acogida encargándose de los casos de la comisaría mientras me preparaba para la cita. Y, cómo no, me llevé conmigo dos o tres preservativos en el bolsillo del pantalón.
Creo que ya va siendo hora de describir mi apariencia. Mi pelo es corto y castaño claro, muy claro (con tendencia al rubio), tengo ojos marrones y soy bastante bajo. Poco más de metro sesenta. Esa estatura es, en mi opinión, mi único defecto físico. Mi cara, para que se haga una idea, fue comparada a veces con la de un joven Harrison Ford, sobre todo el parentesco con la sonrisa. Tengo un cuerpo bien musculado, y también llevo desde hace unos años un tatuaje con forma de puma a la izquierda de la pelvis, similar al de Freddie Ljungberg.
Con el coche, llegué a su casa un viernes a las ocho de la noche. Ahí me recibió Cintia.
Se notaba para qué vine a su hogar. Tenía puesto un jersey rojo (que le tapaba todo excepto los brazos), una falda negra, rematando con unas sugerentes medias semitransparentes y zapatos de tacón. Sexy pero sin parecer ninguna fulana. Su pelo, que lo tenía días anteriores recogido, estaba suelto por completo. Pude notar en ella un agradable olor a colonia. Me fijé en el poco maquillaje que tenía, limitado al carmín y a la sombra de ojos.
-Buenas noches, guapa.-le dije nada más llegar antes de darle un beso-¿Una cena antes, o directos a la camita, eh? Tú decides.
Me llevó a su habitación, casi al fondo del piso. Tras eso me quité la chaqueta, por comodidad.
El dormitorio era de tamaño mediano, de color azul claro. En la esquina derecha desde la puerta estaba el escritorio y las repisas, y en la otra estaba el armario, la mesilla de noche y la cama. Apenas había luz, sólo la de un par de velitas, que darían un tono de luz más que sugerente. Poco después de llegar, la mujer se sentó en la cama tras descalzarse.
-Bueno…supongo que querrás…-tenía ella la cabeza casi baja y su voz delataba timidez, propio de una primera cita-hacerlo…
-¿Es eso lo que quieres?
Asintió con la cabeza. Eso significaba que tenía su consentimiento.
Me senté a su lado, la abracé con cariño y la besé con toda la pasión que le podía dar (que no es poca). Fátima no podía interrumpirnos con visitas, así que fue desde luego mucho mejor que los de la enfermería.
Pude notar todo el sabor de su boca, que provocaría la primera erección. Mientras, le tocaba con la mano izquierda el culo, y con la derecha, la espalda.
El beso no era sino el pistoletazo de salida de una noche lúbrica difícil de olvidar.
Se tumbó sobre esa misma cama, apoyando la cabeza en la almohada, y luego yo me coloqué sobre ella.
Lo primero eran los preliminares. Una parte pesada para mí, pero que vale la pena porque una mujer suele ‘agradecer’ esos mimos.
Empecé mordisqueándole la oreja izquierda, y bajé por su boca, barbilla y cuello. Para eso último le remangué el cuello del jersey.
-Te haré disfrutar como nunca.-se lo dije (aparte de porque era verdad) para quedar como un caballero.
Decidí quitarle la ropa antes que nada. Lo primero que cayó fue el jersey, y después le besé tiernamente la cintura y su vientre, que habían perdido el frío. Le quité el sujetador (de color negro, muy sexy), dejando al descubierto unos senos turgentes y muy bonitos. Lo único, que no podían ser considerados muy grandes, pero al menos eran de tamaño aceptable, un noventa y cinco como mucho. Me entretuve un buen rato mordisqueándole los pezones. Ya para entonces noté que la erección se hacía más apreciable.
Ella se dejaba hacer, no se resistía lo más mínimo. Para mí eso es buena señal, era porque lo hacía bien.
Me centré en la falda y en las medias, y no tardé en quitárselos poco a poco, y tirarlos al suelo junto con el montón de ropa. Entonces estaba prácticamente desnuda, la única prenda que le quedaba eran las braguitas, de color blanco y discretas pero sugerentes. Podía habérmela tirado salvajemente en ese instante, pero decidí seguir con los juegos preliminares. La quería preparar a fondo.
Con la mano derecha, acaricié su sexo, por encima de la ropa interior. Mientras tanto, la seguía tocando con la mano libre en otras partes del cuerpo (especialmente en uno de los senos) y la besaba en el cuello. En cierto momento, decidí quitarle la prenda. Me atreví a introducirle el dedo corazón mientras que con el pulgar de la misma mano le frotaba cada espacio de su vulva. Eso le gustó mucho, a juzgar por sus gemidos y por la cantidad abundante de flujo. En cuanto noté una humedad considerable, le metí otro dedo y aceleré hasta que noté las contracciones, señal de un orgasmo. Mientras, ella, gimiendo de forma muy sonora.
Creía que la dejé agotada y que tendría que dejarla descansar un poco, pero me equivoqué. Tras eso, me hizo tumbarme boca arriba y me desabotonó la camisa, sin dejar de mirarme a la cara (ni de besarme), mostrando poco a poco, y de forma que note el tacto de sus manos en todo momento, un torso musculoso y prácticamente depilado. Esa imagen sin duda le gustó.
-Pero…-estaba bastante sorprendido de su iniciativa-¿Qué me vas a hacer…?
-Es una sorpresa.-su sonrisa casi me dio miedo.
Me recorrió con la lengua, mientras me acariciaba toda piel oculta bajo los pantalones con la mano izquierda, y con la derecha pellizcaba cuidosamente mi tetilla izquierda. Cuando me quise dar cuenta me quitó los pantalones y los calzoncillos. Enseguida noté cómo su ardiente boca se paró en mi miembro viril, sacándome gemidos muy fuertes.
-Así que era eso…-me empezaban a entrar sudores de puro sofoco-Pues nada, toda tuya, guapa…
Debo decir que con el sexo oral, Cintia no lo hace precisamente de forma perfecta, aunque mentiría si dijera que no me gusta su forma de mamar. La forma que tenía de succionar hasta su límite (cosa en la que empleó pocos esfuerzos gracias a mis quince centímetros…no, no es un chiste, es la cruda realidad) me llevaba al borde de la taquicardia. Lo cierto es que se notaba cierta experiencia.
-Uff…-yo, simplemente, me dejé llevar por el morbo de la situación-Qué bien lo haces, coño...se ve que te gusta…
Unos minutos después, noté que estaba a punto de correrme. No quería que eso estropeara todo.
-Cintia…ya te puedes parar.-pero aun así me hizo caso omiso, ella seguía (no sé si lo hizo adrede o es que no me oyó)-Párate. ¡Que te pares!
Demasiado tarde. Llegué al orgasmo, pero con la única pega de que la mujer tuviera que retener en la boca el semen (eso se notaba por la forma de taparse la boca con la mano), además de tener alguna mancha alrededor de los labios.
-¿Ves a qué me refería? Anda, vete al baño.-le dije en tono suave mientras le limpiaba la comisura de la boca-Te espero.
Así hizo (yo, mientras, me limpié los genitales con un clínex guardado en los bolsillos), y tras un buen rato la mujer volvió a la cama. Lo primero que hizo fue sentarse sobre mí y besarme de forma pasional, aprovechando que se limpió bien la boca. Ah, nombro un detallito. Tenía puesta una bata que tardó bien poco en quitarse.
-Fóllame.-cierto que esa expresión era un tanto vulgar en una dama, pero es evidente que tras lo vivido hacerse la fina era lo de menos-Métemela hasta el fondo…
Deseo concedido. Agarré los pantalones, donde estaban los preservativos, cogí uno y me lo puse rápidamente (casi de modo automatizado). Ya listo para la acción, nos colocamos de forma que yo esté encima de ella, mirándole la cara (lo que es el clásico misionero), y con una absoluta y razonable falta de resistencia de su parte la penetré lenta y profundamente.
-Te va a encantar, ya verás.
Para aguantar la excitación, ella se agarró a mis hombros, que ya empezaban a sudar. Yo le cogí de la cintura para sentir el máximo contacto posible. Cada corto rato la besaba en la boca o el cuello.
Se veía a la legua que ambos nos lo estábamos pasando bien. Nuestros gemidos y gritos de placer y, en menor medida, el crujido de la cama, se debían oír hasta el siguiente barrio, y la alta temperatura, contrastando con el terrible frío de fuera (sí, ya en Septiembre hace frío en mi ciudad), nos estaba poseyendo.
-Sí, León…oh…-la ‘pobre’ casi me hizo daño en el momento final, porque me arañó los hombros-No pares…joder, cómo me pones…ah…
Era sin duda un ingente placer, no sé cómo pudo soportar tanta ‘tortura’. Con respecto a mí, sus gritos me excitaron más y poco a poco intensifiqué los empujes.
-Je, je… A que te gusta, ¿eh?- tras un buen rato estaba ya al borde del clímax-A que te gusta que te la meta hasta el fondo, ¿no?
Aquello se tenía que acabar tarde o temprano. No tardé ni cinco minutos en sentir un intenso orgasmo y en soltar una menor cantidad de semen (retenido eficazmente por el látex), a la vez que le daba las embestidas finales, que fueron bastante fuertes. Lo más probable es que ella no haya tenido otro, pero al menos se lo pasó muy bien aun sin orgasmo. Lo importante es disfrutar.
Cansado de semejante polvo, me tumbé a su lado, tapándome con las sábanas abultadas de invierno, me giré de espaldas a ella y me quité el preservativo. Mientras, Cintia apagaba el par de velitas.
-¿León?
-Sí, sí, espera, que aún me queda lo del condón.-lo tiré a la papelera del escritorio (de forma fallida) desde la cama-Ups…bueno, mañana lo recojo.
Me giré boca arriba, y se apoyó sobre mí de forma que la cara esté sobre el torso. No me podía mover apenas del agotamiento (que eran ya dos orgasmos casi seguidos, eso se nota), pero ella cogió mi brazo izquierdo, y con ése rodeó su cuerpo, consiguiendo que la abrace sin esfuerzo alguno. Un beso suyo sería el remate.
-¿Te ha gustado?-le pregunté, haciéndome una idea de su respuesta.
-Claro que sí.-la creí, su sonrisa de oreja a oreja indicaba que sí estaba satisfecha-Estás hecho una fiera…
Sucumbiendo al cansancio post-orgásmico, me dormí, con Cintia entre los brazos (era tal la modorra que no pude ni fumar el cigarro de después). Decidí quedarme con ella toda la noche, yo no suelo irme de la casa inmediatamente después de ser consumado el acto. Es por educación; y además no tenía nada que perder.
Me desperté a la mañana siguiente.
-Buenos días...
Seguía dormida: la noche anterior la dejé hecha polvo. Ya no estaba encima de mí, sino que a mi izquierda, de lado y de espaldas a mí. La llamé un par de veces sin éxito. Ahí se me ocurrió una idea algo arriesgada: meterle mano. Sería arriesgado pero divertido.
Empecé con lo de siempre: mordisqueo en la oreja y cuello mientras le acariciaba. Si no reaccionaba con eso, es que se hacía la dormida. Subí a sus senos, cuyo tacto provocaría una erección. Con la otra mano le toqué cuidadosamente su sexo. Ahí se descubrió el pastel:
-Eh, quieto.-me dijo cogiéndome fuerte de la mano.
El corazón me latía a mil por la sorpresa. Se giró a su derecha, de forma que me vea a la cara, y me dio un espectacular beso. Al menos me ha ‘perdonado’.
-¿Sabes…?-murmuré-Aún me queda un condón. Si quieres, lo usamos.
Aceptó la propuesta, y yo busqué el preservativo, el único disponible. Una vez puesto, me tumbé boca arriba y Cintia se fue sentando sobre mí, introduciéndose mi miembro lentamente. La cogí de la cintura, como un acto reflejo, y pude ver sin problemas cómo iba cabalgando sobre mí.
-Me encanta hacerlo contigo…-me murmuró jadeante, moviendo las caderas sensualmente.
-Pues adelante.-le respondí, alucinando por tener aquellas espectaculares vistas.
El ‘cabalgue’ es una de mis posturas preferidas, y con razón. Podía ver todo el cuerpo desnudo de Cintia moviéndose con mi miembro dentro…sus gemidos me animaron y le acaricié a lo largo de su figura mientras ella hacía algo similar con mi torso. El placer era inmenso para ambos, hasta me pareció que en cierto momento logró un orgasmo. Un buen rato después de ella, me tocaría a mí.
El orgasmo por mi parte me dejó hecho polvo, así que me quedé quieto boca arriba. Cintia se acercó a la mesita de noche de su lado, y cogió el mechero y un cigarro. Lo encendió y empezó a fumar. Un par de caladas después me pasó a mí el cigarro.
-Te quiero, León.
-Y yo.-lo cierto es que con ella podría haber algo más que un ligue.
Esa cita no fue sino la primera de muchas otras noches de completa entrega. Cada vez que nos vemos la pasión se acentúa más de lo que ya era.
Lo que son las cosas. Casi le debería agradecer a quien me pegó, porque así he conocido a una mujer muy especial. No hay mal que por bien no venga.
Bueno, espero que les haya gustado. Crearé más relatos en cuanto tenga tiempo e inspiración.
Que les vaya bien.
|
|
"ENVIAR RELATOS EROTICOS".
TOP AUTORES
Web,s Recomendadas
Mujeres desnudas
Buscador Erótico
Famosas Desnudas
Sexo Gratis
Sexo Anal
Mamadas
Famosas desnudas
Incesto
Pornostars
Chicas Desnudas
Sexo Filial
Sexo Oral
Famosas Desnudas
Sexo Anal
Fotos Gay
Relatos Incesto
Modelos desnudas
Famosas desnudas
Chicos Desnudos
Sexo Oral
Sexo Gratis
Canal Venus - Sexo Gratis
Mujeres Desnudas

Club Relatos Eróticos
Tios Buenos
Chicos Gay
Chicos Follando
|