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Susana -
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| Susana - (Hetero) [19 May 2003]
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Susana se encuentra sola añorando a su compañero que la abandonó... de repente mintras toma un baño, alguien la sorprende y...
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Susana llegó a su pequeño departamento como todas las noches: cansada de llevar la misma y solitaria vida de siempre, de ir y venir de su casa al trabajo, sin interés por el presente o el futuro, sin pasión por la vida.
¿Cuántas veces lo había maldecido ya? ¿Mil? ¿Un millón? no lo sabía. Él la había traicionado y humillado, se había burlado de sus sentimientos y sus ilusiones, dejándola tan dolida y confundida que en ocasiones sentía pena por sí misma, pero también debía admitir, muy a pesar suyo; que todavía lo amaba.
¿Por qué tuviste que ser tan cruel conmigo?.-se preguntó, como tantas otras veces, dejando escapar un suspiro de
resignación.
Se acercó al aparato de sonido que tenía en su minúscula sala y lo encendió. La voz de Neil Diamond interpretaba Love on the Rocks y la melodía se esparció por la estancia. Se quitó los zapatos y las medias negras que llevaba, para seguir con la falda corta y medio abierta a un costado que Él le regalara con ocasión de su cumpleaños número 27, un mes antes del Holocausto, un mes antes de que disparara sin piedad sobre ella nada más que cuatro palabras, pero con la fuerza suficiente como para derrumbar por completo su existencia:
.-Ya no te quiero.-le había dicho Él con voz compungida.
No era más que un imbécil. ¿pero por qué lo extrañaba tanto, si no era más que un imbécil?
Se encontraba de pie junto a su aparato de sonido, y cientos de imágenes desfilaron delante de sus ojos, como cuchillos que a su paso le cortaban el alma. Recordó el día en que se conocieron en esa encantadora fiesta (a la cual al principio ella no había querido asistir) y bailaron y hablaron durante horas. O la visita al Parque de Diversiones en la que Él hizo Karaoke y se ganó un oso de peluche para ella, o cuando de rodillas y con una flor medio marchita, cortada de algún césped al alcance de la mano, le pidió que se casara con Él. La boda no llegó a realizarse nunca, y...
Una lágrima se derramó sobre su mejilla, haciéndola regresar a la realidad.
.-Ya déjate de estupideces, mi querida Susy.-se dijo, secando su rostro con el dorso de la mano.- tus recuerdos no
lo harán volver.
La radio transmitía ahora el único éxito de Alpha Ville, Forever Young, y Susana se dio cuenta de que el sol de aquel verano había dejado huella de su visita a través de su departamento, el cual pedía a gritos ventilación para desahogar un poco el calor que arremetió con fuerza durante el día, así que abrió las ventanas de par en par. El viento de la noche hizo ondear las cortinas como si fueran estandartes de su propia soledad y de la vacuidad de su vida.
Le vendría bien un baño para aliviar su cansado cuerpo y refrescar sus ideas. De modo que sin pensárselo mucho, se despojó del resto de ropa que aun llevaba puesta y se dirigió al cuarto de baño. Al entrar se vio en el espejo. Sus senos firmes acentuaban la brevedad de una cintura que luego dibujaba elegantemente una doble S sobre sus caderas. Pensó que tenía un cuerpo hermoso, y que si ni siquiera eso había sido capaz de retener al hombre de su vida, entonces ella debía ser una verdadera porquería de persona.
Abrió la regadera y las primeras gotas de agua resbalaron sobre su piel. Le agradó sentir esa reconfortante calidez que poco a poco la iba relajando. Su cabello largo se mojó, pegándose a sus hombros y haciendo escurrir agua sobre su pecho.
La Radio comenzó a transmitir a Enigma.
Como si se tratara de algún mágico conjuro, Susana notó que su cadera empezaba a seguir el ritmo de aquella música hipnotizante y casi sin darse cuenta, sus manos recorrieron la curva de su cintura y sintió el peso de sus senos al llegar a ellos, senos que albergaban unos pezones que ya habían iniciado su transformación, y que pronto parecerían a punto de estallar, como botones de rosa al contacto con un sol benigno y protector.
Mierda. Hacía años que no follaba. Tres años desde la última vez en que Él la tuviera entre sus brazos, desnuda y temblado de emoción, como una chiquilla primeriza, entregándose llena alegría a su hombre amado.
Decidió ser condescendiente consigo misma. A fin de cuentas, no le haría daño a nadie si se brindaba un poco de placer solitario, así que se dejó llevar por la música y su mano derecha se acercó hasta esa parte de ella en la cual existía un diminuto portal al cielo.
II
Él entró en el departamento, procurando no hacer algún ruido que delatara su presencia.
La radio seguía emitiendo a Enigma.
El cuerpo de Susana respondió inmediatamente al contacto consigo misma, haciéndole erizar la piel. Su cadera mantenía ahora una cadencia constante entre la música y su mano, que alternaba el ritmo según sus fantasías y anhelos, entre lo que fue y lo que ya no sería nunca más en su vida.
Escuchaba atentamente el sensual desplazamiento de las notas de The Principles of Lust, preguntándose cómo podían haber ensamblado tan perfectamente el canto gregoriano con la cachondez de un New Age tan atrevidamente erótico que no daba tregua a quien lo escuchara, y se imaginó a todo un coro de monjes Europeos, desterrados para siempre por propia voluntad en un Monasterio perdido en las montañas, entonando cánticos eróticos en una suerte de extraño homenaje a la mágica y deliciosa actividad creadora de la vida.
La puerta del cuarto de baño se abrió lentamente, y entre la bruma él pudo ver la esbelta silueta femenina contorsionándose por detrás del cancel que la encerraba en la regadera.
La abrió.
Cuando ella se dio cuenta de su presencia, sus ojos enormes y asombrados se llenaron de lágrimas mientras su mente corría a mil por hora, intentando comprender la imagen que tenía delante de sí.
¿Eres tú?.-preguntó, con la voz quebrada- ¿De verdad eres tú?
Sin esperar respuesta alguna se lanzó a sus brazos. Los pechos mojados se apretaron contra la camisa de Él, empapándola y dándole un magnífico pretexto para decirle que se la quitara. Pero ¿Necesitaba mayor pretexto que el mero hecho de estar juntos? Cierto era que Él la había abandonado y que ella había jurado que jamás le perdonaría, pero sin saber como; todo ello ya no importaba. Él estaba aquí, y la había descubierto pensando en Él, sufriendo por Él y deseando ser amada por Él.
Él estaba perplejo, pues a pesar de que nunca quiso lastimarla, tampoco esperaba tal recibimiento. Sin embargo, se dejó llevar por el momento y la tomó en sus brazos para llevarla a la habitación -ahora fresca y bien ventilada- y la depositó en la cama. El cuerpo húmedo de Susana se deleitó con la suavidad de las sábanas y se sintió endiabladamente feliz, pues tenía delante de sí al hombre que amaba y que había añorado durante tanto tiempo.
Él acarició su pecho y lo besó, describiendo con la lengua sendos círculos alrededor de sus pezones. Ella jadeó y abrió las piernas para mostrarle el camino directo al Sha Ka Ree*, ese mítico lugar donde Sybok llevó a la nave estelar Enterprise en busca del origen de la vida, sólo que aquí la aventura era de verdad: Él la tenía a su alcance y con ella, su propio paraíso al que podía acceder las veces que le viniese en gana y de paso, la llevaría consigo en su viaje al Centro de la Galaxia, sin necesidad de más nave que sus propios cuerpos movidos por la cercanía de sus espíritus.
* Sha Ka Ree.-Palabra que define el concepto de "Edén" en el misticismo Vulcano.
Sentidos. Sensaciones. Formas de amar, de descubrir, de aprender.
Susana sintió que la lengua de Él se internaba en ella, y se arqueó ante la explosión de una descarga eléctrica que la recorrió toda, lanzando un suspiro que habría servido de inspiración a poetas y músicos, de haber estado presentes para escucharlo. Las manos de Él se apoderaron de su trasero, y su dedo índice ensalivado se posó en la rosada abertura del ano femenino, buscando introducirse un poco en él. Al sentirlo, ella instintivamente usó sus manos para abrirse las nalgas y dejarlo pasar. Era curioso: nunca hubiera pensado en lo gratificante que esta modalidad del amor podría resultar.
Hubo un tiempo en el que a las mujeres no se les permitía ningún tipo de goce sexual, pues cualquiera de ellas que manifestase abiertamente su deseo de ser amadas era tachada de prostituta, cuando no exiliada o hasta quemada en la hoguera por practicar la brujería. Todo ello en aras de una sociedad moralista e hipócrita que impedía a sus integrantes alcanzar la realización como personas a la que todos tienen derecho. ¡Pero eso fue hace cuatrocientos años! y ahora estaba aquí, en los albores del siglo XXI, y era libre para hacer cuanto le viniera en gana. Libre para pensar, elegir y experimentar, era una mujer y estaba dispuesta a sacar provecho de ello, por la simple razón de que podía hacerlo... y porque estaba profundamente enamorada.
La radio seguía emitiendo a Enigma.
Él cambió de posición y ahora estaba encima de ella, con el pene muy erguido sobre su rostro. Ella lo puso entre sus manos y se lo llevó a la boca. Se complació con el dulce sabor que advertía en aquél trozo de carne y con la suavidad de la piel que lo envolvía. Sus labios apretaban y succionaban la virilidad de su amado, y acariciaba sus testículos con delicadeza, al tiempo que su lengua rozaba el glande, hinchado y rojo; que coronaba aquél maravilloso músculo del amor.
El momento había llegado: Ella separó cuanto pudo sus bien formadas piernas y Él la penetró. Los músculos vaginales de Susana se contrajeron inmediatamente y empezaron a ordeñar el pene que tenía dentro de sí. En cada nuevo embate, ella deseaba encontrar una oportunidad para cortarlo desde su misma raíz y engullirlo, y de esta forma mantenerlo consigo para siempre, no dejarlo salir nunca y así convertirse Ella y Él en un mismo ser. Remanentes de su recuerdo de El Imperio de los Sentidos.
Él alternaba sus movimientos, que en ocasiones era circular y en otras lateral a fin de gozar al máximo con la textura de los pliegues, con la profusa lubricación que emanaba de ella, con el exquisito aroma de sexo de mujer y los frenéticos movimientos provocados por el placer de estar siendo cogida como Dios manda.
Apenas podía creer que la tuviera entre sus brazos: Una mujer hermosa, delgada pero muy bien formada, con la piel más suave que recordara en su vida. Mientras entraba y salía en ella, la analizaba y comprendía que estaba encima de una mujer terriblemente caliente, abandonada al juego de poder que supone la relación sexual, pero que piensa que este poder no es egoísta, sino el deseo y la esperanza de ofrecer sensualidad y amor, palabra tan manoseada, pero tan llena de significado para los verdaderos amantes que dan su vida por ella, y sintió por Susana el mismo amor que ella le profesaba, así que decidió entregarse completamente, igual que como ella lo hubiera querido tres años antes.
Era hora de cambiar de nuevo: se enderezó e hizo que ella se volteara boca abajo, con el objeto de poder acariciar su espalda. Con la lengua dibujó una línea recta sobre ella, de abajo hacia arriba, y se detuvo un momento en su cuello. Repitió la operación en sentido inverso y acarició sus hombros, aplicando en ellos un efectivo masaje que la relajó y la puso en condición de aceptar cualquier cosa que Él quisiera hacerle. Ella se empinó para dejarle al alcance sus nalgas redondas y ante esta invitación, Él pasó su boca por toda la hermosa y suave superficie para luego penetrarla de una sola vez hasta el fondo. Ella respondió echándose hacia atrás y apretando delicadamente el tubo de carne que en ese momento le parecía que la llenaba hasta su último límite.
Él ensalivó su dedo índice y cuidadosamente lo metió en el ano de Susy, mientras continuaba penetrándola por la vagina. Ella movía su cadera para imprimir un nuevo ángulo de entrada en cada vez, aumentando la excitación de ambos, cuando de pronto, Él se salió. Susana se sintió un poco frustrada, pues habría podido seguir a ese ritmo durante toda la noche, sin embargo, sabía que esto debía ser el preludio de algo nuevo... y no se equivocó.
La hizo tenderse de costado, él la secundó y colocó su pene en la entrada del ano de Susy. Cuando estuvo listo, lo fue empujando lentamente, con mucha suavidad, para permitir al pequeño orificio ir acostumbrándose a abrirse lo suficiente como para dar cabida al tremendo garrote que ahora lo invadía. Susana sintió un pulso de dolor, pero también advertía que poco a poco, este iba cediendo paso a un placer totalmente nuevo, y se emocionó al comprobar que era capaz de dejarlo entrar completamente en su culo.
El enorme pene que se había adueñado de ella en esa forma extraña, entraba y salía ya sin dificultad, provocándole sensaciones nunca antes imaginadas que la hicieron comprender lo que el ser mujer significa.
Su ano sintió cuando el pene de su amado empezó a latir, como anuncio innegable del inminente orgasmo que se avecinaba. Fue increíble, nunca había experimentado nada igual. Era el descubrimiento de un nuevo mundo de posibilidades. Su cuerpo le era desconocido, le brindaba alegrías insospechadas que brotaban de los sitios más recónditos de su ser. En ese instante pensó que todo el sufrimiento de años anteriores había valido la pena. Muy dentro de ella, sintió el primer aviso de su propio éxtasis, que se sincronizaba con el orgasmo de su compañero.
El le soltó el primer chorro, hinchándose el pene al depositar el semen en el interior de Susana.
Ella estaba enloquecida. Empezó a disfrutar del orgasmo más intenso de su vida, convulsionándose con cada nueva oleada de placer que manaba de su vientre, producto del agradable calor del semen que inundaba sus entrañas. Las puntas de sus pies se engarrotaron al recibir las últimas gotas de leche, y su cuerpo aun tuvo fuerzas para sacudirla con un gran espasmo que acabó con todo lo que le quedaba de energía, dejándola agotada, asombrada...y feliz.
Como en un sueño, Él retiró su pene del breve espacio donde lo había incrustado. Lo hizo con cuidado para no derramar ni una gota del espeso líquido de la vida, y ella notó que su ano recién estrenado se cerraba poco a poco para recobrar su forma de siempre, pero incluso ese hecho le provocó placer, pues decidió que después de esa experiencia no iba a volver a prescindir de ella. Después de todo, había que aprovechar todo lo aprovechable en el sexo ¿no?, pero por ahora estaba exhausta y ni siquiera se dió cuenta del momento en que se quedó dormida.
La radio había dejado de emitir a Enigma mucho tiempo atrás.
III
El reloj marcaba las 3:30 a.m., y ella se despertó con una gran sensación de bienestar. Las cortinas de su habitación ondeaban con el viento de la madrugada. Estaba desnuda sobre su cama...y sola.
Se preguntó si todo lo que recordaba habría sido no más que un sueño. Se levantó y se dirigió a la sala. La radio seguía encendida en la misma estación que ella sintonizara al llegar del trabajo. Pero a un lado había algo muy raro que llamó su atención:
Una sola rosa, roja y fresca; se hallaba sobre la ropa que se había quitado antes de meterse a la ducha, y se desconcertó. ¿Qué había ocurrido? ¿Quién fue el hombre que la poseyó de aquella manera? Ella había estado segura de que era Él pero, ¿y si no?.
Ahora, la radio reproducía la voz de Bob Dylan, quien aseguraba que La Respuesta soplaba en el Viento.
De pronto, se dio cuenta de que no le interesaba quien fuera el misterioso hombre que se metió en su casa y en su cama, dentro de ella misma y en su alma.
La había liberado.
Por primera vez en años, Susana se sentía viva.
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