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Soy Más Viciosa... -
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| Albert - (Hetero) [19 May 2003]
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Nuestro amuigo nos narra sus diferentes experiencias bisexuales desde sus inicios hasta su descubrimiento mas fuerte....
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My primera experiencia sexual fue en el instituto... yo oía a mis amigos dándoselas de machos y diciendo que se habían hecho no sé cuantas pajas. Yo, no es que fuera totalmente estúpido, pero nunca me había masturbado, ni sabia como se hacia, aunque sabia que era algo prohibido y que daba gusto. Yo cuando estaba solo en casa miraba revistas donde había mujeres en traje de baño y hasta en biquini. Ver las fotos me excitaba mucho, sobre todo si las mujeres tenían grandes pechos; mirando las fotos tocaba mi culo, mis pezones, mi picha y.. no pasaba nada. Yo me quedaba frustrado y, a toda costa, quería aprender el secreto de las pajas.
Una tarde que estaba en casa de un compañero de clase, Miguel Angel, él me enseñó un libro de arte de su padre. Tenia muchas fotos de esculturas y cuadros con mujeres desnudas. Con mucha naturalidad Miguel Angel dijo:
Yo me la casco mucho mirando estas fotos.
¿Que quieres decir “te la cascas”
¡Que tonto eres, Alberto! Que me la meneo, que me hago pajas.
Yo pense que aquella era mi oportunidad, pregunte:
¿Cómo se hace uno una paja?
¡No jodas! No me digas que no te la has cascado nunca.
Nunca, porque no se como ¡joder!
No te cabreés Alberto mira yo te enseño.
Sin ningún embarazo ni miramiento, me soltó el botón del pantalón, abrió la bragueta y saco mi picha.
Mira Alberto, la coges así como en un puño y le das de arriba a bajo. Ves, ya se te va poniendo gordita. Ahora aprietas más y le das más rápido.
Mientras Miguel Angel me ministraba, se me había puesto dura y aunque me daba gusto, estaba un poco embarazado, me sentía raro y hasta un poco incomodo.
Miguel Angel ¿no te da asco tocar la picha de otro?
¡Que va! Además, tú eres mi amigo, yo te hago un favor y luego tu me la cascarás a mí también.
Oye, pero ¿eso no es de mariquitas?
Que va tonto, mientras te la meneo tu mira las fotos de las tías.
Mis frustraciones se iban a terminar, no tardé mucho. Yo note como una descarga eléctrica que me empezaba en los pies y me sacudía todo el cuerpo. Al mismo tiempo, mi picha soltaba un liquido en espasmos que no había soltado nunca. Miguel Angel puso la otra mano encima de mi pito para contener la leche.
¡Ayyyy!
¿Que te ha gustado?
Joder, claro ¡qué gusto Miguel Angel, que gusto! ¡Que bueno es! Gracias por enseñarme Miguel Angel,gracias .!Que bueno! ¡Que relajado que me ha dejado!
Tienes que tener cuidado de no salpicar con tu leche.
Ya, pero yo no sabia que saliera la leche así.
Anda, ahora que sabes como hacer una paja, házmela a mí.
Oye pero eso no es de maricas.
Coño Alberto ¡qué pesado eres! Ya te he dicho que no. Además haz como yo hago cuando tenia tu pito en mi mano me imaginaba que era la teta de una tía.
Bajo su guía yo cogí su pito y se lo meneé. Miguel Angel me enseño cuanta presión poner, como ir más rápido o más despacio. Me contó que el se la había meneado a Carlos y a Roberto y que algunas veces se reunían los tres, Roberto traía unas revistas francesas con tías en pelotas y se la meneaban entre ellos varias veces. Yo estaba, entre asombrado, excitado, nervioso. Me daba vergüenza tocar la polla de otro, pero al mismo tiempo tenia curiosidad, daba morbo, tenia un nudo en le estomago... ¡Eran muchos descubrimientos juntos! Rápidamente la polla de Miguel Ángel se puso dura, el ponia los ojos en blanco y me jaleaba.
Dale, dale. Aprieta mas, no tengas miedo. Ahora, ahora, deprisa cabrón, deprisa.
Cuando se iba a correr, el mismo puso su mano para coger toda su leche. Después de su orgasmo, ya relajado dijo:
Para ser tu primera paja no lo has hecho mal. Mira como premio por lo bien que lo has hecho te la voy a chupar.
Pero ¡Tú eres marica Miguel Angel!
No seas imbécil, Alberto. A mí me gustan las tías, lo único que hacemos es darnos gusto entre amigos hasta que seamos mayores y tengamos mujeres.
Note su boca caliente chupando mi pito, con la humedad y el calorcito era aun mejor que la mano. Naturalmente que la mamada me encantó. Así, con un amigo, descubrí las maravillas del sexo.
Durante tres años Miguel Angel, Roberto, Carlos y yo nos reuníamos a menudo y nos masturbábamos mutuamente. A Carlos y a Miguel Angel no les importaba chupársela a los demás. Roberto y yo nunca nos animamos a chupársela a nadie. A mí me daba mucho gusto que me la chuparan, sobre todo Miguel Angel que, como dirían de un torero, se recreaba en le suerte. Chupaba, lamía, jugueteaba con la lengua. Lo curioso es que, aparte de mis dudas del primer día, nunca pensamos que lo que hacíamos tenia nada que ver con homosexualidad. Al contrario, en medio de nuestras masturbaciones mutuas hablábamos de lo buenas que estaban las tías de las revistas francesas, las tetas grandes, coños peludos, y que bueno seria follar a una tía.
Acabamos el bachillerato y cada cual fue por su lado. Empecé a salir con chicas, me encantaban las mujeres, las tetas grandes me volvían loco, tuve mis escarceos, eché algunos palitos, tuve un par de novias con las que folle, fui de putas, vamos que hice una vida normal para un joven de mi edad. El año que acababa la carrera conocí a Luisa. Me encantó, era una de esas morenas de pelo negro como ala de cuervo con tez clara y ojos verdes. Tenia unos pechos impresionantes; buen trasero, firme, redondo y unas piernas largas, largas que parecían que nunca iban a acabar. Muy alegre, simpática con ganas de cachondeo. Sexualmente nos iba bien, Luisa era fogosa y no solo me daba gusto, claramente, ella gozaba también. Nos lo pasábamos muy bien juntos así que decidimos casarnos en cuanto acabara la carrera.
Todo fue muy bien, los primeros años de casados follábamos como conejos, en cualquier sitio y a cualquier hora; pero, como suele pasar, al cabo de unos años de casados nuestra vida sexual se hizo algo rutinaria con uno o dos actos semanales sin mucho alboroto. Pero la rutina cambio hace tres meses.
Un grupo del club de tenis decidió organizar una fiesta de carnaval en el club. Como buena fiesta de carnaval había que ir disfrazados. Luisa decidió ir de puta Parisina de los años cincuenta y yo decidí ir de pirata de novela de R. L. Stevenson. La noche del viernes nos disfrazamos. Caray con Luisa como se había puesto, ¡qué buenisima estaba! La cabellera azabache la había puesto toda hacia un lado cayendo hasta bien pasados los hombros. La cara muy maquillada con ojos, párpados y pestañas cubiertos de pinturas. Los labios de un rojo granate intenso. Una blusa de seda blanca, casi transparente, con la mayoría de los botones sin abrochar, dejaba al aire la mejor parte de sus magnificas tetazas que rebosaban de un pequeño sujetador rojo que a duras penas cubría los pezones. Una falda negra, muy ajustada, corta, abierta por un lado hasta casi la cintura. La apertura dejaba ver unas minúsculas bragas de encaje negro. Unas medias negra de amplia malla sujetas en los muslos por ligas granates y unos zapatos negros de tacón altísimo completaban su atuendo.
¡Coño Luisa! Te has pasado.
¿Que quieres decir?
Joder que quiero decir, llevas las tetas prácticamente al aire se te ven las bragas y preguntas que quiero decir. Estoy seguro que si una puta de París saliera así a la calle la detenían los gendarmes.
Anda ya, no seas moro Alberto, es carnaval. ¿Que pasa porque enseñe un poco de carne? Además, si encontramos un sitio tranquilo en el club igual, si te apetece, le echas un polvo a esta puta.
Mientras decía esto se levanto la falda y contoneo su culazo y se lo acariciaba mientras ponía cara de vicio. De solo pensar en follármela así vestida y en un sitio publico tuve una erección.
¡Que jodia eres como me chantajeas! Mira como me has puesto ya tengo la picha lista. Anda, vámonos que si no ¡te follo aquí mismo!
Ni que decir tiene que en club a mas de uno se le caía la baba mirando a Luisa. Además la muy golfa bamboleaba sus caderas, movía los hombros y se comportaba como la puta más viciosa del mundo. Bailando en la pista las tetas se movían de un lado para otro y en un baile conmigo, mientras movía todo el cuerpo como una loca, hasta se le salió una del sujetador. Ella sin ninguno reparo la metió dentro otra vez y siguió agitando la mercancía como si tal cosa. La falda entre la apertura a un lado subiendo hasta casi la cintura y como separaba ella las piernas descubría mas que tapaba. No me extrañaba que otros tipos la miraran y codiciaran, a mí me estaba excitando aun más que cuando éramos novios. Varios amigos y conocidos del club se acercaron y pidieron que bailara con ellos. Luisa hacia su papel de puta muy bien. Se pegaba a todos ellos se restregaba y refrotaba contra ellos y estoy seguro que muchos de ellos volvían con una buena erección. Estabamos en el bar, descansando después de unas cuantas piezas de baile, cuando se acerco Drácula y dijo:
Caray Luisa, estas... Guapísima. Alberto, eres la envidia de todo los hombres del club.
Como “Drácula” llevaba una careta, no sabia quien hablaba.
¿Quien eres?
Ah, perdonar.
Con un gesto versallesco, se quito la careta.
Soy Luis.
Luis era un tipo al que conocíamos del club. Parece ser rico por su casa, nadie le conoce oficio ni beneficio, siempre esta por el club, viste ropa cara con gran elegancia, tiene un coche deportivo y fuma y bebe de lo mejor. Juega al tenis con quien quiera que busque pareja. Yo he jugado singles, dobles y dobles mixtos con él y contra él. Juega al bridge, al ajedrez, al mus y parece pasar su vida en el club. Es alto, casi uno noventa, delgado pero musculoso, bien parecido y siempre muy refinado y educado en su trato, hasta quizás un poco exagerado en su refinada elegancia. Debe de estar cerca de los cuarenta años, pero muy bien llevados. Un par de veces hemos ido a su lujosa casa para acabar una partida de bridge cuando el club tenia que cerrar y la partida estaba interesante. Somos amigos, sin que haya gran intimidad.
Luisa le agradeció el cumplido y Luis me pidió permiso para bailar con Luisa. Mientras ellos se dirigían a la pista de baile un par de matrimonios conocidos empezaron a charlar conmigo. Muy amables me invitaron a una copa, yo de vez en cuando miraba a la pista de baile y me estaba empezando a poner nervioso. Luisa estaba pegada como una lapa a Luis y su ondulante cuerpo se frotaba contra él. Luis sin ningún recato la estaba sobando, apretando y pellizcando el culo con una mano mientras la otra acariciaba un pecho. Un par de veces le vi con la mano dentro de la apertura de la falda. Luisa no solo lo toleraba sino que me pareció que una sus manos estaba en la ingle de Drácula, mientras la otra acariciaba el trasero de Drácula.
Aquello me pareció demasiado, Luisa había sido fogosa conmigo cuando éramos novios, pero nunca se había comportado así en publico. Yo como pude me despedí de los matrimonios y me dirigí a la pista para separarlos. Cuando llegaba a la pista vi que Luis y Luisa se iban por una puertecita al fondo. Como pude, sorteando parejas, como salmón contra corriente, pidiendo perdón y empujando aquí y allá, usando mis codos lentamente, me abrí paso hacia a la puerta. La puerta daba a un largo pasillo, medio a oscuras y no había ni rastro de los dos. Múltiples puertas se abrían a ambos lados; Empecé a abrirlas buscándoles. Unas puertas estaban entreabiertas, otras cerradas y otras cerradas con llave. La mayoría de las puertas daban a pequeños cuartos que contenían redes de tenis, balones de fútbol, mangueras para regar y todo tipo de utensilios que hacen falta en un club de deportes.
Después de mirar en seis o siete cuartos, cuando ya llegaba al final del pasillo oí unos grititos y jadeos de una voz que conocía. Era Luisa. Me dirigí hacia la voz, salía de un cuartito con la puerta entreabierta. Dentro estaba Luisa ¡pero como estaba!
Estaba de espaldas a la puerta doblada por la cintura, con las manos apoyadas sobre un montón de sillas plegables de madera. Las larguisimas y exquisitas piernas bien separadas. La mínima falda levantada descansando en su espalda. Las bragas en el suelo junto a sus pies, el culo al aire, la picha de Luis entrando y saliendo de su coño y ella riendo, llorando, ronroneando. Luis, tenia los pantalones caídos y ambas manos estrujando las tetorras de Luisa que, fuera del sostén, colgaban enormes, como ubres vacunas.
Toma zorra, toma verga. Goza de esta picha, cabrona. ¡Que tetas tan buenas tienes!. Te las voy arrancar.
Sí, Luis, sí. Méteme tu verga ¡Dios que gorda es! Dame bien dado; me encanta, cabrón que pichaza tienes, ¡Que maravilla! Me estas matando pero sigue, sigue cabrón. ¡Que gustazo jodio, que gustazo! Es la picha más grande que me han metido nunca. No es una picha, es un pichón. Así, así métela hasta el fondo, rómpeme cabrón. Después de que nos corramos te la quiero mamar. Quiero tener esa joya de tranca en mi boca. Te la voy a chupar como nunca te la han chupado. Le tengo que dar las gracias a tu picha gloriosa. Dame, dame, rómpeme cabrito, párteme en dos con esa tranca gloriosa. No aprietes tanto en las tetas pero metete el pollón hasta dentro. ¡Que gusto, cabrón! ¡Que gusto que me das!
Yo nunca había visto a Luisa tan puta, tan viciosa; movía sus caderas con ritmo y empujaba para meterse la tranca de Luis hasta lo mas profundo. No solamente movía sus caderas, con sus manos había agarrado las nalgas de Luis y con ellas contribuía a su follar. Luis maceraba su coño con gran energía y lo debía estar dejando como jalea a juzgar por la violencia de sus embestidas. Lo normal es que yo hubiera entrado en aquel cuarto chillando como un loco y los hubiera molido a palos a los dos. Pero no, lo curioso del caso es que yo no estaba cabreado ni enfadado. Al contrario, el ver a Luisa como una guarra, una viciosa, follada a lo bestia, suplicando que le dieran mas polla me tenia muy excitado, yo notaba que mi picha estaba tiesa con una tremenda erección; Me quede en el umbral paralizado, en un momento Luis miro hacia la puerta; me vio, nuestras miradas se cruzaron, me pareció que su boca esbozaba una sonrisa, pero él giro la cabeza e, ignorándome, siguió hincándosela hasta la empuñadura a la puta de mi mujer.
Yo, di la vuelta y tiritando, temblando, en total confusión, volví a la fiesta de disfraces. Salí a la terraza y con piernas y brazos temblando como hojas de sauce al viento me tuve que apoyar en la barandilla. Esta excitadísimo, había visto a mi mujer “in fraganti” poniéndome los cuernos. Bueno mas que poniéndome los cuernos, follando como una cerda. ¿Era la primera vez que me ponía los cuernos? ¿Porque no había interrumpido su jodienda? ¿Porque no había matado a los dos? ¿Que era lo que me había excitado tanto? ¿Porque no había dicho, ni hecho nada? Envuelto en la confusión de mis pensamientos, debían haber pasado veinte o treinta minutos cuando, una voz suave e insinuante en mi oído con los labios rozando mi oreja, me saco de mis pensamientos.
¿Quieres follarte a la puta parisina?
Antes de que pudiera contestar, su lengua sabia jugueteaba en mi oreja y su mano de putorra sobaba mi ingle. En vez de darle de hostias, me volví, estruje sus tetazas que tanto me embelesaban, bese su boca (que me imagino acababa de mamar el pene de Luis) con rabia y dije:
Te voy a follar bien follado, so puta.
Luisa, me cogió de la mano y, con toda la frialdad del mundo, me condujo al mismo cuartito donde pocos minutos antes había estado follando con Luis. Entramos en el cuarto; sin perder tiempo se subió la falda, bajó las bragas, se abrió de piernas y con un empujón de caderas, en gesto lubrico y obsceno, ofreció su sexo y más que pedir, ordeno:
Chúpame el coño, Alberto, chúpame la pipa, follame con tu lengua.
Yo, empecé a chupárselo y note un liquido lechoso, salado rezumando de su coño. Yo sabia que era la leche de Luis, yo sabia que Luisa en su mente me estaba humillando haciéndome beber la leche de su amante, pero yo, sin decir nada, lamía y lamía y bebía la leche de otro tío del coño de la puta de mi mujer, Luisa puso sus manos en mi nuca y, con violencia, hundió mi cara en su sexo. Mientras chupaba su coño, puse un dedo en su ano. Estaba seco, no salía leche. Menos mal, por lo menos Luis no me la había empalado por el culo.
Coño Luisa, que mojada que estas.
Es que me tenias muy caliente con la idea de que me ibas a follar en un sitio publico.
¡Que guarra! Además de puta, mentirosa ¡Así son las mujeres! De alguna forma estaba excitado, como loco, no sé si era furia, deseo, ira o venganza, pero como una bestia tire a Luisa al suelo, me abalancé sobre ella, puse sus piernas sobre mis hombros y, sin importarme sus quejas a cerca de lo duro que estaba el suelo, la folle con toda mi alma, con toda la intención de romperle el coño, mas que follar trataba de horadarla con mi picha. Cogí las inmensas tetas y las estrujaba como loco. Como una bestia seguí follando y follando hasta que con un grito alcancé un tremendo orgasmo.
Luisa dijo algo a cerca de que salvaje había estado. Pero ni ella ni yo mencionamos nada a cerca de Luis y como la puta de Luisa había follado con él. Nos vestimos, tomamos otra copa y volvimos a casa.
Pasaron tres semanas, yo me encontraba nervioso e irritable pero no sabia a que achacarlo. Luisa y yo volvimos un poco a nuestras rutinas y ninguno de los dos sacó el tema de su infidelidad. El Jueves por la tarde llamaron a Luisa de Lérida, donde viven sus padres, avisando que la madre estaba enferma. Luisa cogió el tren esa misma noche y yo me quedé en Madrid. El Viernes por la tarde, como no tenia nada que hacer me fui al club. Después de jugar unas partidas de mus, fui a la cafetería y decidí tomar un plato combinado como cena. Cuando estaba acabando note una mano en mi hombro y un:
Hola Alberto, ¿Cómo estas?
Era Luis, se sentó a mi lado y empezó a hacer conversación superficial. Yo no sabia muy bien como comportarme. Era la primera vez, que yo sepa, que hablaba con un tipo que se había jodido a mi mujer. Luis se comportaba con toda naturalidad del mundo, como si nada hubiera pasado.
¿Cómo esta Luisa?
Yo le miré, pero no había ninguna ironía ni en la voz ni en le gesto. Contesté que estaba bien pero que había ido a ver a su madre enferma. Luis, muy amable me sugirió que si no tenia nada que hacer podíamos ir a su casa, fumarnos un buen habano, tomar un coñac y charlar un rato. Como tampoco tenia ningún otro plan, acepté.
Luis además de ser rico tenia buen gusto. Me ofreció unos Davidoffs magníficos, dulce aroma y perfecto grado de humedad. El coñac: 1886, mi favorito, pero que debido a su precio no bebo muy a menudo. Charlamos de cosas intrascendentes y cuando habíamos acabado la segunda y generosa copa de coñac Luis preguntó si me gustaría ver una película porno. Dije que bien, nos sentamos cómodamente en un gran sofá y admire su pantalla gigante.
La película tenia una tía rubia con unas tetas enormes. Yo hice algún comentario a cerca de lo mucho que me gustaban las tetas grandes y Luis dijo que a él también le volvían loco. La rubia tetuda se iba a la casa de un tío moreno fuertote. En la casa el tío, sin andarse por las ramas, le sacaba las tetorras y mamaba de ellas como un loco. Luis comento lo buenas y enormes que eran las tetas y como se estaba excitando. Él cachas de la película desnudó a la rubia y.. ¡Vaya un rabo que tenia la puta de la rubia! ¡Era un transexual con una picha más grande que la mía! Al cachas no pareció importarle; la/le tumbo en el suelo y sin ningún miramiento la empalo en el culo.
Luis excitado dijo:
Alberto, no aguanto mas me la tengo que menear.
Se abrió los pantalones, saco su verga y empezó a tocar zambomba. Me miro y dijo:
No te de apuro, si quieres sácatela y hazte una paja.
La verdad es que el transexual aquel, con las tetas grandes, frotándose la pija mientras tomaba por el culo me tenia fascinado. Me la saqué y empece a masturbarme. Al poco rato Luis, como el que no hace nada, sin decir palabra, puso su mano sobre la mía y lentamente llevo mi mano a su polla, invitándome a meneársela. ¡Coño! No me extraña que la puta de Luisa se lo pasara tan bien. Era una polla enorme, algo mas gruesa que la mía y por lo menos cinco centímetros mas larga. Yo como un tonto, sin decir nada, miraba aquella picha fascinado y la meneaba. ¡Que instrumento! Era una verga como para ponerla en un museo, yo la meneaba con admiración y envidia. Luis dijo:
Anda Alberto, no seas tímido, date un gustazo ¡Mama de mi polla.
Yo debería haber protestado, debería haberle dado de hostias, pegarle en los huevos o algo por el estilo. Sin embargo, como un muñeco sin voluntad propia, me arrodille delante de Luis y por primera vez en mi vida mame una polla ¡Pero que polla! Era inmensa, gorda, larga, dura. ¡Que vergón! Casi no me cabia en la boca, tenia miedo de dañar aquel capullo enorme con mis dientes, Tenia que abrir la boca al máximo, pero ¡que cosa! Yo estaba admirando aquella verga imperial como un tonto.
¡Chupa jodio! Chupa, chupa como una puta.
Mientras decía esto Luis me agarraba de las orejas y me metía su vergón hasta la garganta. Estuve a punto de devolver. Pero logre controlarme y seguí mamando de aquel enorme vergón. ¡Que maravilla de instrumento! Al cabo de unos minutos Luis apartando mi boca de su golosina, se levantó y dijo:
No te muevas, sigue así.
Se puso detrás de mí y me bajo los pantalones. Me oí a mí mismo con una vocecilla ridícula preguntar.
¿Que vas a hacer Luis?
¿Que voy a hacer? Te voy a hacer un hombre. Te voy a romper el culo como la puta que eres.
Yo en vez de levantarme y partirle la cara, lo único que hice fue decir con la misma implorante vocecilla:
No Luis, por favor, eso no, que nunca me han dado por el culo
Mejor así, me encantan los culos vírgenes y ¡Tienes suerte! te lo va a romper un experto.
Yo me preguntaba que me pasaba, mi mente decía que me tenia que levantar e irme de allí, pero mi cuerpo, disociado de mi mente seguía a cuatro patas, con el culo al aire mientras Luis me ponía algún liquido aceitoso en el culo. Noté como aquel hermoso, rojo y enorme capullo se apoyaba en mi ano. Acto seguido sentí un dolor enorme, como si me hubiera puesto un hierro candente en el culo.
No, Luis, no, que duele mucho.
Chille como un gorrino en el matadero, pero a pesar de los gritos, no me movía, seguía allí, ofreciendo mi culo en sacrificio.
Calla, capullo calla y aprende, que te va gustar.
Empezó a lentamente meter y sacar su enorme pija. Yo notaba como una tremenda presión que invadía mis entrañas y pensaba que el culo se me iba a rasgar y que el vientre me iba a estallar. Implorando, con la misma vocecilla extraña que me había salido, sollozando dije:
No Luis, por favor, sácala, saca ese tronco enorme de mí culo, saca tu enorme verga, me vas a romper con esa picha monstruosa que tienes; sácala, que no soy maricón.
Luis me pegó varios azotes bien fuertes en el culo y dijo:
Calla so guarra, calla y no me llores ¡Qué te pego de hostias! Claro que no eres maricón, lo que tu eres es ¡un puto!
Siguió bombeando sin apiadarse de mí. Poco a poco el dolor fue reemplazado por una sensación de relajamiento. Luis se inclino sobre mi espalda, cogió mi polla con una mano y empezó a masturbarme mientras seguía empalándome.
Así Alberto, así traga polla como un hombre, traga mi pollón como la cerda viciosa que eres. Te gustó ver como follaba a la guarra de tu mujer ¿verdad? Cuando vi que mirabas y callabas me di cuenta que eras una puta. En aquel momento decidí que te tenia que dar por culo. Goza marica, goza mientras envaino toda mi lanza en tu culo, maricón. ¡Te la voy a sacar por la boca! Lo único que siento es no tener aquí a la puta de Luisa porque me encantaría romperos el culo a los dos juntos. ¡Pareja de guarras! ¡Que tetas y que piernas que tiene Luisa! Y como chupa, ¡no veas la chupada tan bestial que me dio! Es de las tías más viciosas que conozco y tu no la satisfaces, tienes que darle mas y mejor imbécil. Seguro que ni te la has enculado una puta vez. Con el culo tan rico que tiene ella y se lo dejas virgen. Si la engancho otra vez le voy a destrozar el culo magnifico que tiene, se lo voy a dejar como estoy dejando el tuyo, hecho unos zorros. ¡No te mereces una tía tan buenorra, tan maciza y tan viciosa, maricón!
Mientras así decía, Luis seguía masturbando mi polla, que estaba empalmada como nunca. Pero el meneármela no le distraía, Luis seguía empalándome como una bestia. De verdad tenia miedo que me rompiera el culo en dos con aquel enorme instrumento. Yo me sentía humillado y degradado, emputecido y abusado pero ... aguantaba y gozaba. Por fin con un grito enorme me corrí y mientras Luis ordeñaba mi picha de toda su leche grité:
Luis, hijo puta, me puedes encular cuanto quieras con tu pollón de gloria. ¡Que gustazo me has dado cabrón!
Luis, con un grito, se corrió en mis entrañas y me dio un par de azotes. Yo, derrengado, caí al suelo. Empece a sollozar, no sé sí de vergüenza, impotencia, humillación o de gozo y felicidad. Me había comportado como una quinceañera inexperta. Había sido seducido y “violado” pero como la quinceañera, en el fondo lo había deseado y desde luego lo había gozado. Al cabo de un rato subí mis pantalones y sin decir una palabra, me fui de la casa de Luis.
Pase el Sábado en casa, poniéndome pomadas y lociones en el culo y sumido en un mar de confusiones y remordimientos. El Domingo llamó Luisa diciendo que su madre estaba fuera de peligro y volvería el Lunes. El Lunes, después de cenar, hicimos el amor. Al acabar, yo me abrace a Luisa y medio llorando le conté que Luis me había sodomizado. Luisa al principio no se lo podía creer, cuando se dio cuenta que le confesaba la verdad, chilló y gritó, me insulto, preguntaba como podía hacer eso, amenazó con dejarme, hasta me dio un par de bofetadas. La muy puta en ningún momento dijo que ella había follado con Luis. Llena de virtud me maldecía por mi mariconería. Afortunadamente, los dos estabamos muy cansados y nos dormimos sin acabar de tirarnos los trastos a la cabeza. El Sábado siguiente, se le había pasado el enfado y empezamos a hacer el amor, yo noté que Luisa me tocaba el culo a menudo. Una vez que tuve mi orgasmo, ella se levantó de la cama y dijo:
Espera un poco:
Volvió al dormitorio con zapatos de tacón alto, completamente desnuda y sus enormes tetas bailoteando con cada paso. Bueno, en realidad no venía desnuda. Llevaba puesto un arnés de donde colgaba una picha de goma negra, enorme. Con voz de mando dijo:
Ahora yo soy el tío y tú eres mi putita. ¡Pon el culo putita!
Yo, otra vez pasivo, me puse a gatas al borde de la cama. Luisa me embadurno el culo con vaselina y sin ninguna contemplación me metió aquel falo enorme. Sentí algo de dolor al principio, pero enseguida me dio gusto.
Ay Luisa me estas matando. Cógeme la picha y dame gusto con tu mano.
Luisa empezó a masturbarme.
Sí así, Luisa, dame gusto por los dos lados.
Que guarra eres Alberto, eres aun mas guarra que yo, gozas como una cerda con este cipote en tu culo. A partir de ahora yo seré tu macho y tu vas a ser mi puta.
Desde ese día Luisa me sodomizaba al menos una vez por semana y había días que no me dejaba que yo le metiera mi pene. Decía que yo era una puta y las putas no tenían picha. Nada mas me dejaba que mamara de sus pechos y de su sexo. Le gustaba que con mi lengua diera golpecitos en su clítoris. También me obligaba a hacerle el beso negro y meter mi lengua bien dentro de su culo. Si no hacia lo que ella mandaba, o no lo hacia a su gusto, me daba azotes bien fuertes en el culo. Yo, sumiso, aguantaba. Cuando ella ya había tenido suficientes orgasmos, la jodia, como premio a mi sumisión, me empalaba a mí con su enorme falo. Claramente ella se convertía en la dominante y yo en el sometido, no ya como puta, sino como esclava.
Así seguimos durante varias semanas. Yo no tuve ninguna actividad homosexual, no me hacia falta. Luisa me seguía atrayendo mucho, sus pechos eran una gran fuente de placer para mí. Besarle y chuparle su sexo me encantaba y ella alcanzaba brutales orgasmos mientras yo chupaba su clítoris. Me hubiera encantado poder sodomizarla, se lo pedí muchas veces, pero ella se negaba en redondo. Así estaban las cosas hasta que una noche mientras ella me estaba sodomizando, Luisa dijo:
Alberto, quiero que llames a Paco y le digas que venga a casa a follarme.
Luisa ¿estas loca? Yo no voy a hacer eso.
Luisa sin perder el ritmo con el que me empalaba, me dio dos azotes bien fuertes en el culo y dijo:
No me discutas putita, tu vas a hacer lo que yo te diga. Tu te fuiste de marica por ahí para pasártelo bien mientras Luis te rompía el culo; pues ahora yo tengo ganas de que se me folle alguien. Además, si te portas bien te dejare que mires mientras Paco me folla.
Paco era un compañero mío de facultad. Aunque él trabajaba en otra compañía habíamos seguido siendo amigos después de acabar la carrera. Él estaba casado con una mujer muy atractiva, Maribel, y los matrimonios nos llevábamos muy bien. Nos reuníamos por lo menos una vez al mes y a menudo, hacíamos excursiones cortas los fines de semana. Me parecía que lo que pedía (o mandaba) Luisa era demasiado; una nueva humillación pero... Cuando hablé con Paco, al principio él pensaba que yo estaba borracho, pero por fin le convencí de que hablaba en serio. Quedamos en que vendría a casa el Jueves por la tarde, nada mas salir del trabajo.
El Jueves, volví a casa un poco antes de lo acostumbrado. Me encontré a Luisa vestida de puta parisina (casi aun más provocativa que la primera vez). El cuarto de estar estaba medio a oscuras, había montones de velas aun sin encender y una música dulzona salía del estéreo. Luisa me dio instrucciones muy claras.
Abres la puerta a Paco, le llevas al cuarto de estar, le preguntas que quieres de beber, le traes lo que te pida y te retiras. Pase lo que pase no vuelvas a entrar en la habitación a menos que yo te llame, dejaremos la puerta entreabierta, apaga la luz del pasillo, puedes mirar todo lo que quieras y si te quieres hacer pajas mientras follamos te doy permiso.
Así lo hice. Abrí la puerta a Paco, le lleve a cuarto de estar, le pregunte que quería de beber y le traje la ginebra con tónica que pidió. Cuando estaba sirviendo la bebida, Luisa empezó a encender la s velas y dijo:
Hola Paco, gracias por venir.
Paco se quedó con la boca abierta. Supongo que hasta que no vio a Luisa vestida de puta no se creyó lo que yo le había dicho. Luisa me hizo un gesto con la mano indicándome que me fuera. Salí de la habitación y me aposente en el pasillo a oscuras. Paco empezó a decir algo a cerca de lo guapa que estaba Luisa y de la suerte que tenia él. Luisa no se ando por las ramas.
Si, si, eso esta muy bien pero ahora vamos a follar.
Sin perder tiempo, soltó el cinturón de Paco, le bajo los pantalones se puso de rodillas y empezó a mamar su órgano. Cuando lo vio duro, se tumbo en sofá, levanto las piernas bien separadas y sin mucha poesía dijo:
Ven aquí Paco, híncamela hasta el corvejón.
Paco no se hizo de rogar y se la metió sin ninguna vacilación. Claramente, Luisa iba a llevar el control. Ella era la que cambiaba posturas, decía cuando parar, le daba instrucciones y Paco hacia lo que le mandaban. Se lo pico en todas la sposturas, ella debajo, ella encima, de medio lado, a cuatro patas. ¡Que jodia viciosa la Luisa! Si Paco parecía desfallecer y la picha se le ponía alicaída, Luisa la chupaba como un aspirador hasta que, otra vez, se levantaba toda orgullosa. Cuando llevaban casi una hora jodiendo y Paco ya se había corrido dos veces Luisa se puso de pie, se inclino sobre el sofá y ofreciendo una maravillosa visión de su trasero le dijo a Paco:
Ponte de pie, Paco, follame desde atrás, estando de pie.
Cuando Paco se la estaba follando la muy cerda grito:
Que picha más buena tiene Paco y que bien la usa; ¿me oyes so cabrito consentido? Ven aquí, ven cornudo mío, ven y mira como tu amigo se folla a la puta de tu mujer. Paco tu no le hagas caso a la guarra de Alberto. Tú sigue follandome, que lo haces muy bien, dame gusto con tu verga, húndemela, más, más, aun más, así mamón así. Mira Alberto, mira como me bailan las tetas con sus empellones
Viéndola tan desmelenada, actuando de furcia viciosa me puso a cien. Me empece a masturbar y casi sin tocármela me corrí en un momento.
¡Ay cornudo! Gozas viendo como se follan a la puta de tu mujer ¿eh marica?
Si, Luisa gozo mucho.
El pobre Paco tuvo un ultimo orgasmo y se cayo al suelo exhausto y musitó.
Luisa, estas buenisima, pero de verdad que no puedo más. Gracias, me lo he pasado mejor que nunca, pero de verdad que no puedo más.
Mira marica, tu amigo tiene toda la picha sucia con mis zumos, límpiasela con tu lengua.
Yo no me hice de rogar y le chupe la picha a Paco. No era tan grande como la tranca de Luis, pero era de buen tamaño. Paco puso cara de asombro al principio; pero sin decir nada dejo que se la chupara un buen rato. Cuando yo iba a dejar de chupar la picha Luisa me dio dos buenos azotes y dijo:
Sigue, so guarra, sigue que esa picha le ha dado mucho gusto a viciosa de tu mujer. Se agradecido ¡Chupase la hasta que se corra en tu boca!
No Luisa, eso no, no me hagas hacer eso..
Luisa me dio dos patadas en culo y dijo:
Calla putita, calla y haz lo que mandan.
Yo calle y chupe, Paco me miraba con ojos de asombro, pero al poco tiempo le cogió el gusto y sujetándome la cabeza con sus manos, me follaba la boca. Se corrió con un buen grito y, a pesar de los palos que había echado con Luisa, aun tenia algo de leche.
Cuando Paco se vistió y estaba a punto de marcharse dándonos las gracias a los dos, Luisa le dijo;
Oye Paco, la próxima vez tráete a Maribel. A mi no me importaría hacer tortillas con ella, siempre me ha gustado su culazo. Si quieres, Alberto se la follará con mucho gusto y la guarra de mi marido te hará todo lo que tu quieras, Ya has visto lo bien que te la ha chupado y si a ti te gusta, a él le encanta que le sodomicen ¡Toma por culo como una reina! Le puedes dar por saco mientras Maribel y yo miramos. ¡Joder que morbo! Ya veras, te dará gusto el marica. En realidad Alberto es aun más guarra que yo.
Paco puso cara de vicio y dijo que haría todo lo posible por convencer a Maribel. Después de besar a Luisa y estrujar sus tetorras una ultima vez se marcho. Luisa me miro y dijo:
¿Sabes que? Te has portado bien, has traído a tu amigo, has hecho todo lo que yo he pedido y me lo he pasado muy bien. Te voy a dejar que me chupes el coño con la leche de tu amigo dentro, como chupaste en el club la leche de Luis y si, con tu lengua, consigues que me corra, te dejo que rompas el culo, que me encules, que me lo desvirgues tal y como llevas años deseando.
Así que tú sabias que te vi en el club follando con Luis.
Pues claro que si guarrona. Luis me dijo que nos habías visto jodiendo y que no dijiste nada. Pero además de ser cabrón consentido, no esperaba que me salieras marica.
¿Es Luis el primero con quien me pones los cuernos?
¡Calla maricón! No hagas preguntas tontas. ¿Que te ha parecido la verga de Paco? No es tan grande como la de Luis pero no esta mal. Ya veras cuando traiga a Maribel haré que Paco te ensarte ese culo de puta que tienes delante de las dos y después yo te lo follaré yo delante de ellos.
Yo no perdí el tiempo con conversaciones; chupe y chupe su coño y clítoris hasta que Luisa tuvo dos nuevos orgasmos. Después de eso la di la vuelta la puse a cuatro patas y, como a una perra ensarte su culo con mi enhiesta lanza. Gocé de su culo como nunca había gozado con ella. ¡Que gloria! Aquel culo grandote que coronaba las luengas piernas, virgen hasta entonces, pero rebosando vicio. Yo hincaba mi miembro como si en ello me fuera la vida. ¡Que gusto! Luisa tenia el culo estrecho y la muy puta apretaba los cachetes dándome aun más gusto. Al principio se quejo un poquito, pero Luisa no parecía sufrir con su primera sodomizacion. Al contrario, la muy cerda se movía, me jaleaba y, pidiendo más y más movía su poderoso trasero para ensartarse en mi enhiesta picha hasta los huevos. Mientras yo la rompía el culo, ella se pajeaba el clítoris con una mano y aún pedía que le diera mas fuerte. ¡Que vicio tiene la jodia! Después de cambiarla de postura dos o tres veces, hincando mi picha como un poseso en su delicioso trasero, inclinado sobre ellas, con sus magnificos pechazos en mis manos, con un aullido, me corrí como nunca, derramé toda mi leche en sus entrañas y exhausto, pero increíblemente satisfecho, caí al suelo, mientras decía:
¡Gracias, Luisa, gracias! Me encanta tu culo. Es un culo maravilloso, puedes hacer conmigo lo que quieras, haré lo que tu me digas, seré tu esclavo a cambio de que me dejes follar tu culo. ¡Es una maravilla de culo!
No esta mal esto del culo, no me extraña que te guste tanto so marica. Oye me has dado mucho gusto. Tengo que probarlo con el dildo en el coño. Mira lo vamos a hacer durante unos días, me vas a encular cada día, y cuando se me acostumbre el trasero, llamaras a Luis para que me rompa el culo a mí con esa tranca gigantesca que tiene. Pensándolo bien, me apetece ver como te rompe el culo a ti también; te empiezo a entender, so guarra, empiezo a entender que te de gusto el ver como me folla otro. Tiene su vicio el ver como follan y dominan a otro. No eres tonto, no. No solo eres un cornudo Alberto, eres una guarra listilla.
La verdad es que pensando en la tremenda picha de Luis rompiéndome el culo otra vez, se me hacia la boca (y el culo) agua de limón. ¡Que bien! Luisa me sodomizaba a mí, dejaba que yo la sodomizara a ella y ahora íbamos a tener orgías conjuntas. Ibamos a compartir los tíos y su culo era mío. El futuro pintaba bien, nos íbamos a llevar mejor que nunca. Le estaba tan agradecido por haberme dejado ver como se la follaba Paco y que después me sacrificara su culo glorioso, que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella. Si a ella le daba morbo ver como Luis me empalaba y me rompía el culo con su pollón, yo le iba a dar a Luisa lo que ella quería y aun más. Iba a traer a dos tíos a la vez, a Luis y algún amigo suyo. Así Luisa vería como yo podía manejar simultáneamente a dos tíos: uno con la boca y a otro con el culo. Así aprenderá mi mujer, la puta de Luisa, lo guarrona y viciosa que soy yo. Me ha costado mas de treinta y cinco años aprenderlo, pero ahora sé lo que me pasa. No es que sea marica ni leches. No, lo que me pasa a mí es que, soy tímido si, pero tengo mucho vicio y soy mas puta...
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