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Lecciòn de relatividad con una amiga de mi mamà -
Ismael - (Hetero) [19 May 2003]
Va de vacaciones a Francia con su madre, ésta le presenta a su amiga Tatiana, la que le adentrará en los placeres del sexo....
En navidad de 1995 me fui de vacaciones con mi mamà a Francia. Tengo pelo corto, rubio, y ya media 1.80 de estatura. Tenìa los labios rojos por el frio. Un dia lleguè a casa de jugar y estaba mi mamà con una amiga que yo no veia hacia 7 años. Se llamaba Tatiana, era una francesa pelirroja de ojos verdes, mirada felina, boca pequeña, labios abultados y sonrisa maliciosa, que al verla sentì un traumatismo eròtico.
-Vaya, el pequeño se halla de vacaciones. Dijo en tono burlòn.
-Cuèntame, ¿como te ha ido en Francia?
-¿A usted que le importa? respondì con los labios apretados de rabia. No me gustaba que me llamara pequeño.
-Basta ya, niño. Perdòna Tatiana, comprende que solo tiene 17 años.
-Discùlpate, niño. Dijo mi madre. Yo me fui corriendo a mi cuarto.
Despuès que Tatiana se fue mi madre me dijo que de castigo tendria que ir a la casa de Tatiana a disculparme y hacer lo que ella dijera. Una especie de castigo.
Al dia siguiente me presentè en casa de Tatiana. La muchacha que abriò la puerta me dijo que la señora no habia terminado de cambiarse. Me llevò a una sala pequeña. La chimenea estaba encendida y hacia calor. Volvì la cabeza al oir entrar a Tatiana. Ella llevaba un vestido de seda negro escotado.
-Oh, asi que hoy no sale de casa ¿verdad? dije mirando su vestido con alivio.
-No, he decidido ponerte una penitencia muchacho. Fuiste muy grosero conmigo y tu mamà està muy enfadada. He pensado que, hace mucho tiempo que nos conocemos, la promera vez que te vi tenias solo 7 años... un chuiquillo. Y ahora eres todo un hombrecito. ¿sabes cuantos años tengo yo?
Yo, sorprendido y alagado al llamarme hombrecito, contestè con timidez:
-Creo que es màs joven que mi mamà, pero no sirvo para adivinar la edad de las mujeres.
-Tengo 29 años. Dijo ella. No... no protestes, no trates de ser cortès, no va contigo. Cuando tenia tu edad, 29 años era para mi el colmo de la vejez. De manera que he decidido que tu castigo consista en aprender una lecciòn de relatividad.
Los abultados labios de Tatiana eran jugosos y frescos, y ella los humedeciò pensativa, con la punta de su lengua. Se acercò a mi, que estaba sentado al borde del sofà de seda rosa. La mujer levantò su brazo blanco y grueso y me puso la mano en la cabeza y jugò un rato con mi cabello. Yo estaba quieto, aspirando el perfume de aquella mujer. Su vestido era muy escotado y pude ver el nacimiento de sus pechos. La mano de ella dejo mi pelo y empezò a acariciarme el cuello como si acariciara a un gato. Sentì que el pene se me ponia rìgido, muy voloentamente. Ella me lanzò un ràpida mirada, y arqueò las cejas al notarlo. Sin acercarse, empezò a pellizcarme suavemente el lòbulo de la oreja.
-Vamos a ver, ¿Que es la relatividad?¿lo sabes? ¿No...?Lo suponia. La lecciòn empieza con el descubrimiento de que tu cuello y mi mano no tienen edad. Son solo piel que roza otra piel. Pero para saber el verdadero significado de la relatividad debemos ir mas lejos.
Me rozò con la yema de los dedos el suave hoyo de la base del cuello, luego deslizò su mano dentro de mi camisa y empezò a acariciarme el pecho con un dedo. Yo gemi, y a ella le gustò. Sentì endurecerse el pezòn.
-Ah, ya empiezas a entender relatividad.
Retirò la mano de mi pecho y descendiò y me rozaba ràpidamente el pene. Con la otra mano me quitò la camisa y descubriò mi torax. Ella se acercò, me pasò las manos por los hombros, y dijo:
-pero, que bien formado estàs ya.
Estaba aturdido, ella empezò a acariciarme las axilas, tocando el sedoso vello que empezaba a crecer. El pene lo sentìa turgente y me dolia. Ella me desabrocho el conturòn del pantalòn. Pareciò esperar un momento, mirando a la luz de las llamas el bulto que se formaba bajo la tela del pantaloncillo. Su tamaño la exitò. Se orrodillò en la alfombra y mirò.
-Ahora ha llegado el momento del castigo. Tienes que ponerte de pie.
Lentamente me levantè y se cayeron los pantalones al suelo. Ella me contemplò, viendo la abertura del pantaloncillo que se veia claramente el grueso saliente del pene.
-Quitate el pantaloncillo. Susurrò.
Yo obedecì.
-Echate en el sofà.
Se bajo el vestido y sus pechos saltaron fuera del encage que los apretaba. Luego, tomò uno en cada mano, inclinàndose sobre mi para que los viera. Los pezones tenian el color marròn claro propio de las pelirrojas autenticas. Me rozò los labios con sus pezones. Gozaba al sentirlos, tratè de lamerlos con mi lengua, pero ella se quitò. Muy suavemente, recorriò mi cuerpo con su boca, deteniendose a lamerme el pezòn con la punta de la lengua. Luego se detuvo sobre el pene, observando como se tensaba hacia su boca, pero son tocarlo. Arrodillada en ek sofà, se bajò poco a poco el vestido hasta que su cuerpo opulento y perfumando quedò desnudo; yo no podia verla sin levantar la cabeza. Apretè los dientes y cerre los puños, y ella riò con tono bajo y satisfecho.
-Si, si, estàs progresando.
La lengua de Tatiana fue lentamente de mis muslos a mis testìculos. Soplò en el vello pùbico y yo gemì con fuerza. Como una llama viva su lengua recorriò mi pene desde la base y se detuvo en la punta.
-No, dijo, todavias no sabes controlarte lo suficiente.
Con un pequeño movimiento se colocò sobre mi cuerpo, con una rodilla a cada lado de mis muslos. Lentamente, con calma, separò el rojo vello del pubis, abriò los labios de su vulva con los dedos de una mano y, con la otra, tomò con suavidad mi pene que esta horizontal sobre mi vientre. Estaba tan duro que tuvo que cogerlo con fuerza mientras, poco a poco, fue bajando el cuerpo sobre su inflamada punta. Cuando lo hubo introducido por entero, se inclinò y susurrò a mis labios:
- Ahora, ahora...
Yo no aguantè màs, la tomè por la cintura y sin sacarle el pene de su apretada vagina, la levantè y le di la vuelta, poniendome encima de ella. Con una fuerte sacudida, eyaculè mientras le mordìa los labios y le estrujaba los pechos con mis msnos. Cuando recuperò el aliento me dijo:
-No te atrevas a volver a hacer eso. Solo tu estas satisfecho, asì que la lecciòn no termina...
Yo no se la habia sacado, y ella se dio cuenta que mi pene volvia a dilatarse y estaba creciendo màs que antes. Yo lo agitè con golpes irregulares hasta que ella alcanzò un violento orgasmo. Yo seguìa metièndosela, interrumpiendo una sola vez para limpiar el esperma de su pubis, con el vestido negro. La segunda vez, yo habia aprendido mucho y actuè sin prisa, sin importar las quejas de ella, de que le hacìa daño, que parara, de que era demasiado grande. El segundo orgasmo fue mas intenso que el primero. Ya cansados, me dijo:
Me voy a dar un baño. Yo no la dejè, la cogi de la mano y e la puse en mi pene. El miembro caliente y pegajoso, empezaba a dilatarse otra vez...
-Que brutal eres.
Y despuès de ese dia siguiò dandome las lecciones de relatividad hasta que volvì a mi casa en Enero.

"ENVIAR RELATOS EROTICOS".

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