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Mi ayudante se convirtio en patron -
Maxigay - (Gay) [06 May 2008]
Como en la obra mi ayudante supo convertirse en mi patrón y ahi empezó todo...
Me gustaría antes de pasar a contarles algo más de mi vida pasada, que mis relatos están contenidos de argentinismos, dejarlos de lado dejaría sin efecto lo que quiero transmitir. Para evitar que se aburran y pasen de párrafo a párrafo perdiendo algo en el camino, al final de este documento le hice un pequeño diccionario criollo. Espero les sea de utilidad.

Mi ayudante se convirtió en mi jefe.

Era el año de 1986, estaba contratado por una empresa vial y designado como topógrafo para una nueva obra en que se construiría una nueva ruta entre dos pueblos. La base de operaciones sería el pueblo llamado Elisa al norte de la provincia de Santa Fe, Argentina.

Viajemos junto al encargado de la obra para organizar la empresa, contratar empleados de la zona, buscar donde armar el campamento para las maquinarias, alojamientos y comedor para el personal como así también la oficina.

Mientras de esto se encargaba el administrativo y el encargado, yo iniciaba el estudio previo de la zona, reconociendo el trazado etc.

Al llegar veo que la zona es netamente ganadera y como culminación se tiene la costumbre de vestir ropas gauchas, no lo podía creer...

Para mi trabajo seleccioné a un muchacho del pueblo que se hacía llamar Chalala, ¿por qué?, solo Dios lo sabe, pero todo por ahí tiene ese tipo de sobrenombre. Cuerpo normal, algo morrudo, acostumbrado al trabajo de campo, su pelo tirando a castaño claro, cara redonda, blanco, con barba del tipo mal afeitada, otro ayudante fue el Negro, un espécimen sensacional, alto de casi 1,80, morrudo, morocho de pelo y piel, con unas manos capaces de quebrar cualquier cosa. Cada uno hacía crear una fantasía distinta.

Pasaban los días en que empecé a realizar las mediciones previas al relevamiento, me movía en mi camioneta junto a mis dos ayudantes, uno encargado de moverse con la cinta métrica y algunas estacas de madera, el otro junto a mí quien tomaba nota de las mediciones que tomaba. Habíamos creado un grupo de trabajo ameno y mutuo respeto, más de ellos hacia mí quien era un capataz hacia ellos.

A medida en que la confianza entre nosotros iba creciendo, se tocaban temas de todo tipo, así fue que empezamos a contarnos las anécdotas de nuestras colimbas(mili), así fue que vengo a enterarme que como todo conscripto lejos de su casa y necesitado de dinero, Chalala se cogía a algunos putos cobrando por su servicio. Eso encendió una luz de alarma en mí por lo que fui dando vueltas sobre el tema y un día en que estábamos solos haciendo un trabajo lo encaré. Si bien no recuerdo las palabras de ese entonces le insinué si no quería prestar el mismo servicio en mí; si recuerdo que me miró y haciendo una rara sonrisa me dice -me la venía venir, sabés te mandás tragado solo con la forma de mirar, se nota que si un tipo te gusta te lo comés con la mirada- y aceptó. No lo podía creer, sin mayores preparativos me salió redondo.

Fueron aclarados algunos puntos sobre mis gustos, el sobre los suyos tratando de encontrar el equilibrio. Estábamos estacionados en un camino rural, no había casas alrededor, no había ningún tipo de tránsito en la zona, así que Chalala me dice -Ando alzado, tenés ganas que te la meta?-, me quede atónito y le dije –sí-, así que sentado en el asiento de la camioneta junto a mí, abrió la bragueta, le peló y la dejó al aire, yo me agaché hacia él, me la metí en la boca y empecé a chupársela mientras él controlaba por el parabrisas y con el espejo retrovisor si se acercaba alguien. Tenía una buena verga, nada espectacular, pero gruesa y muy dura. Pasaron los minutos y cada ves se ponía más duro hasta que me dice -venite de mi lado-, por lo que abre su puerta y se baja, yo me paso hacia él, me bajo los pantalones y el calzoncillo y me apoyo en el asiento dándole mi culo. Estaba parado detrás mío con su verga bien en asta, recuerdo que se pone los guantes de trabajo, y me toca los cachetes de mi cola, esa acción con los guantes me mató, me abre los cachetes con sus manos y empieza a jugar con sus dedos enguantados, yo bufaba, luego de unos minutos en que él veía como yo me retorcía comienza a meterla despacio. Cuando encontró lo que buscaba la metió de un solo golpe lo que me hizo retorcer del dolor, a lo que ni le importó por que lo único que hizo fue quedarse un segundo quieto metiéndola del todo hasta las bolas. Así fue como me ensartó para empezar a bombear despacio, pasaron algunos minutos en que se agacha apoyándose en mis espaldas y apurando su bombeo acaba con todo gimiendo y apretándome con sus brazos que me había abrazado.

Así empezó nuestra relación, en cuanta ocasión tenía de estar a solas y en descampado empezaba a tocarme y a tocarse, señal de que necesitaba de mi boca y lengua, por lo que mientras el vigilaba yo lo chupaba con todas mis ganas hasta que acababa en mi boca, otras veces lo hacía en mi cara mientras le chupaba sus bolas y el se masajeaba para verse acabar.

El intento con el otro ayudante lo hice, solo que no aceptó, al poco tiempo ingresó en la policía, lo que me da pié a contarles otra parte de mi vida.

Pero continuemos con Chalala. Luego de ser mi ayudante le conseguí que fuera designado a maquinista de una champiom pata de cabra, equipo que cumple la función de compactar suelos, eso le representaba mejor sueldo. Así que me correspondía controlar su trabajo como a otros peones, ayudantes y maquinistas. Casi siempre su trabajo era solitario, tenía una zona a compactar en que se encontraba solo él y su máquina, así que cuando llegaba al área de su trabajo, el paraba su equipo, me bajaba de mi vehículo y me acercaba a él, ya desde lejos veía como estaba vestido, una gruesa campera de corderoy marrón, una gorra de cuero con orejetas, gruesos guantes de trabajo de cuero que yo le había regalado, pantalón de trabajo y una gruesas botas de cuero marrón altas hasta sus rodillas por fuera del pantalón, que había recuperado y arreglado con el zapatero y yo pagado su reparación. Al verlo me ponía loco. El sabía que hacerme, se ponía de costado adelantando sus pies los que quedaban apoyados en los guardabarros de la cabina a la altura de mi cabeza, yo me acercaba, y sin decir nada más empezaba a lamer sus botas llenas de tierra. No decía una sola palabra, solo me observaba y de acuerdo a su humor me ordenaba poder pajearme de parado mientras lamía sus botas, gozaba desde su altura viendo como me excitaba y convulsionaba en mis acabadas. Cuando no me dejaba hacerlo abría sus piernas y mientras las lamía empezaba a mearlas, así con sus líquidos hacía una limpieza a fondo.

Otras veces al ver mi vehículo llegar se bajaba de su máquina y me esperaba, al parar se acercaba, mientras hablábamos con una de las manos enguantadas empezaba a acariciar mi cabeza, mi nuca, mi cara, mientras que con la otra mano metía sus dedos en mi boca haciéndolos chupar de a uno, dos, uno, siguiendo un juego de intercambio, al verme entrar en un transe me decía -ahora pajeate-, y yo metía mis manos en mi bragueta y empezaba a masturbarme hasta no dar más y explotar sacando toda mi calentura fuera de mi cuerpo, al verme gemir y acabar, dejaba de tocarme diciéndome -que flor de puto sos-, pegaba media vuelta y subía a su equipo, lo ponía en marcha y volvía a su trabajo, yo tratando de limpiar mi acabada sobre mis piernas.

De nuestras charlas las que siempre terminaban hablando de sexo, le comentaba que me volvía loco ver a un hombre vestido de gaucho, él se reía. Y la zona daba para ver todos los días paisanos a caballo y vestidos de gauchos, en especial llamaba mi atención un hombre mayor, tío y padrino de Chalala, siempre vestido de gaucho con sombrero, una chaqueta gruesa, bombachas, chaparreras, botas de cuero o goma y espuelas según el día, Chalala me contó que su tío trabajaba en un campo cercano cuidando ganado. Su estampa arriba de su caballo me impactaba, las pajas que provocó ese buen hombre...

Un día presenta a su tío, yo sentado en mi camioneta, Chalala del lado del acompañante, el tío montado en su caballo frente a mí, yo comiéndolo con mi mirada, al despedirse mi ayudante dice -sí ya sé andás caliente con él también, que puto que sos hermano...-, yo solo sacudí mi cabeza y sonreí...

Al tiempo Chalala me informa que estábamos invitados a comer un asado en la casa del tío, y yo debía llevar todo lo necesario, por lo que al termina la jornada laboral, me dí un baño y fui a hacer las compras, asado y unos tintos. A eso de las 19 paso a buscar a Chalala por su casa, su tío vive en un pueblito de pocas casas que está entre las dos puntas de la obra.

Al llegar veo que su casa es un ranchito típico, paredes de adobe, techo a dos aguas, el galpón donde duerme su caballo y nada más. Nos bajamos de la camioneta y caminamos hacia el rancho, al sentir la llegada el tío se asoma, y ahí lo veo, vestido tal cual como cuando está montado, sombrero, camisa de trabajo, pañuelo al cuello, bombacha, chaparreras y botas de goma con las espuelas colocadas, el ruido de su caminar con las espuelas me hace temblar... no se como no me tiré de cabeza a sus pies. El muy guacho de Chalala se reía, sabía cuales eran mis sentimientos.

Entramos y siento el olor a cuero y sudor de caballo, todo el emprendado (montura) de su pingo está en la cocina, hay una habitación más en la casa, y como detalle nadie más. Ahí me entero que el tío es solterón, 45 años, alto, delgado, macizo, ni una gota de grasa, tez tostada, sus brazos venosos, manos grandes por el trabajo de campo, un hombre, un gaucho total...

Chalala hizo el asado, mientras como tales hombres tomaban sus buenas copas de tinto bien frío mientras picábamos queso y mortadela, cenamos, hablamos, casi siempre ellos dos, yo no tenía cabida en la conversación de trabajo y caballos, solo escuchaba, miraba, deseaba, moría en silencio.

Terminamos de cenar, vino la mateada, el tío pasaba los mates y yo me derretía al tocar sus dedos cuando me servía y me daba el mate.

Todo su cuerpo despedía un olor especial, su ropa, el cuero que calzaba, todo despedía el olor especial de quien monta y tiene contacto con una bestia sudorosa, locura total.

Se termina la ronda de mates, eran ya las 12 de la noche, yo me preparo para el regreso a nuestro pueblo, pero Chalala dice -bueno tío ya es la hora, andate a tu pieza mientras yo me tomo otra vuelta-, -che Darío, acompañalo a mi padrino...-, no entendía ni medio, los miré sin reaccionar, el tío se levanta y me dice, -vení-, y se va para la otra pieza, -dale boludo andá- me dice Chalala... yo no reaccionaba, -ya que pagaste el asado y el vino, mi padrino te quiere voltear... yo le conté que sos trolo, que te cojo, que hacés todo lo que quiero, además el no coge tan seguido...-, -además no es lo que vos querés?-

Sorprendido me levanto y lo sigo, no sabía que hacer, pasamos a la otra pieza, cierra la puerta de madera, la habitación está iluminada por una lámpara a querosene, se quita el sombrero, se recuesta sobre la cama que está sin hacer y toda revuelta, me dice -ponete en bola gurí- así lo hice sin reaccionar aún, termino de quedarme en bola, me dice -tirate al lado mío-, así lo hago, y empieza a tocarme con sus manos cayosas, el roce de esas manos asperas me hacen temblar, me atrae hacia él, podía olerlo. Baja las manos por mi espalda hasta llegar a mi culo, lo toca y dice -buena potranca pá domar-, yo siento el olor a caballo de su ropa, el olor a mate y tabaco en su boca, me transporto, quedo inutilizado, me despierto cuando me dice -mi ahijado me dijo que la sabés chupar bien, dale nomás-, así que me abrí camino entre sus chaparreras y su bragueta, el roce del cuero en mis manos y cuerpo me hace volver loco, llego a encontrarla, la voy sacando, y lo que tengo en mis manos es una manguera de incendio, y aún no está ni parada...

Empiezo a ponérmela en la boca, se la voy chupando desde la cabeza hacia abajo, la manguera va creciendo, la voy poniendo de a poco, más, un poco más hasta tratar de tragármela toda, me dan arcadas cuando me toca el fondo de mi garganta, trato de sacarla pero el padrino me agarra de la cabeza y me la empuja.... así sigo no se por cuento tiempo, ni noción del tiempo tengo, cuando escucho que me dice -dale gurí date vuelta-, lo hago, se pone encima mío, siento en mi cuerpo el peso del padrino, el roce de las chaparreras en mis piernas, las botas de goma y al trabarme con sus piernas las espuelas se clavan en mis tobillos, me quejo, pero no me deja mover, -abrite la cola-, como puedo paso mis manos entre los dos y trato de abrir mis cachetes, siento que busca con sus dedos, cuando encuentra lo que busca empieza a meter su manguera, es fuego, es un taladro, es una inmensa verga dura.

Después de un rato me coloca de costado, me abraza y traba mis piernas con las suyas, siento la goma apretando, su cuerpo moviéndose lento, tranquilo, pausado, me desespera, a veces parece que se queda dormido, pero reacciona y sigue.

Al rato empieza a sentirse más agitado, siento que tiembla, pasa sus brazos por debajo de los míos y junta sus manos sobre mi nuca, inmovilizado total, cierra más sus brazos y me trae hacia él, y acaba litros de leche en mi culo, termina y se queda dándome golpes de pija.

Me suelta, me empuja, se levanta, se acomoda y sale a la cocina, yo me visto y salgo detrás suyo, el sale del rancho y se hecha un meo en la oscuridad. Chalala no está, miro la hora, 430 de la mañana, me cogió durante casi cuatro horas, ni yo podía creerlo, Chalala estaba durmiendo en la camioneta.

Nos despedimos, le doy las gracias al padrino, me dio la mano y sus palabras -cojés muy bien gurí-, con esa despedida tomamos viaje de regreso. Mientras viajábamos Chalala hace su comentario, -loco, la próxima venite vos solito- y se larga a reir -hermano se cogieron todo, mi padrino hacía bastante que no la ponía, pero a vos te cojo seguido-, -te gustó?-; -Chalala, no se como pagarte esta noche-, -si boludo, dame cincuenta pesos y quedamos a mano-, cuando bajó en su casa le pagué la cena y el postre.

El padrino siempre me veía en la obra casi todos los días, me saludaba agachando su cabeza, y cuando revoleaba su rebenque era que esa noche me esperaba para cenar, yo llevaba el asado, los vinos y el postre. Ah! Chalala siguió viniendo cada ves y algunas veces miraba mientras se tomaba un vinito bien frío y decía -padrino, padrino, no me gastés ese culito, dejale un poco a tu ahijado-, el padrino respondia -con este culito tenemos los dos pá rato haijau-... se reían juntos mientras me tenía abrochado... sus polvos eran fantásticos.

Los días que más me gustaban eran aquellos en que había llovido, todos mis empleados calzando botas de goma, yo también, me tenía al palo todo el día. Mis botas y las de Chalala siempre estaban guardadas detrás del asiento de mi camioneta, y cuando pasaba a buscar por su casa a mi ayudante, yo me encargaba de ponérselas y sacárselas al regreso del día y lavarlas para dejarlas impecables. Mientras se las colocaba, se agachaba por encima de mi espalda y metía su mano por mi cintura tocando mis cachetes...

Una vez que yo tomaba mi posición de conductor, el se sentaba apoyado sobre la puerta de su lado y me tocaba con sus botas haciendo que me ponga al palo mientras conducía.

Conocía mis reacciones y se reía gozándome, al bajar del vehículo se despedía -pajeate después que lavás mis botas forrito-

Las botas que aún uso son las suyas, es la mejor manera de tenerlo presente con el paso de los años y dentro de ellas traje un polvo suyo.

Los fines de semana en nuestra casa solo quedaba uno a la ves, por lo que cuando en la rotación me tocaba el turno la tenía a plena disposición, y la misma quedaba en una de las puntas del pueblo.

Un sábado durante el trabajo me dice, -Dario esta noche te hago una visita-. Bueno, bueno, un fin de semana con festejo, le di el ok y quedamos que vendría a media noche, a esa hora el pueblo era un cementerio.

Recuerdo que me quedé dormido esperándolo, y me despierta alguien que me toca, la pieza estaba a oscuras, pero reconocí su voz. –Dale levantate- me dice, así lo hice medio dormido aún. Las ventanas estaban cerradas, al encender la luz de la pieza que es lo que veo... a Chalala totalmente vestido de gaucho, sombrero negro, camisa blanca, pañuelo rojo al cuello, faja, cinto de carpincho, facón a la cintura, bombacha negra y unas brillosas e increíbles botas negras... no lo podía creer... mi sueño hecho realidad, un gaucho, machazo, solo para mí, mi cara debe haber mostrado mi sorpresa y emoción, a lo que dice –te gusta?- sin palabras...

Pero no todo estaba ahí, me dice –te traje una sorpresa- se asoma a la puerta de la pieza y dice –vení- y que veo, un adonis vestido de gaucho entraba en la pieza, boina roja, camisa y bombacha blanca bordada con clavelinas en las mangas y piernas, pañuelo al cuello, faja, cinto, facón y botas negras brillantes e increíbles. Me dice –te presento a mi hermano, le decimos Carretilla, porque hay que empujarlo para que labure- nos reímos los tres...

Chalala mantuvo el control de la conversación para que Carretilla entrara en confianza y se sintiera tranquilo, tiene 17 años casi 18, casi 1,80, y a pesar que no le gusta el laburo, tiene un lomo que asesina con verlo.

Estamos en mi habitación y le dice al hermano –fijate lo que hago, después lo haces vos-, me dice –venga mi capataz, dele a la lengua y me le saca lustre a las botas como solo ud sabe...- así lo hice, me agache frente a él y empecé mi trabajo suave y delicado lamiendo esas botas maravillosas... de reojo trataba de verlo a Carretilla, tratar de ver sus expresiones.

Pude verlo que ponía atención, Chalala le dice –Y... que te contaba, es así o no?-, Carretilla solo dijo –ajá...-, -querés probar le dice Chalala-, -ajá...- dale mi capataz limpiale la botas a mi hermano... así lo hice, cambié de posición y empecé a lamer las botas de mi gauchito....

No se cuanto tiempo estuve pasando de botas en botas, pero ni me importó el tiempo, yo vivía en trance.

Llegó el momento del cambio, Chalala dice –dale capataz, ahora limpiame el caño-, me acerqué a él, abrí su bragueta, se la peló y empiezo a chuparlo todo muy despacio, se tiró hacia atrás y se recostó en la cama, yo tomé sus caderas con mis manos hechándome más arriba de su cuerpo mientras fregaba mi verga contra sus botas, se da cuenta y me dice -dale puto, sacate el calzoncillo así las sentís mejor-, así lo hice y pude frotar mis bolas y verga contra ellas, estaba que explotaba.

-Dale chupásela a mi hermano-, cambié de posición e hice lo mismo, abrí su bragueta, metí mis dedos y no podía sacar semejante matraca a medio parar que había... dioses del olimpo, 17 años y cargaba semejante aparato...

El gauchito se revolcaba con mis chupadas mientras Chalala miraba y se ponía más al palo.

-Carretilla acostate en la cama-, -vos ponete en cuatro patas mientras se la chupás, yo me encargo de tu culito-, así lo hicimos y mientras yo chupaba ese marlo ardiente, Chalala me empezó a coger despacio, con una calentura gloriosa, pasaron algunos minutos y dice –Carretilla dejame acostar y vos dale por el orto-, cambian de posición, yo mantengo la mía, cuando el gauchito me agarra, me escupe mi culo, se prepara y mete el tronco el que me hace retorcer del dolor, al verme retorcer y gemir para, para luego empujar con todo hasta el tronco, recuerdo que fue tanto el dolor que deje de chupar la verga de Chalala y caí hacia él, a lo que me empuja hacia atrás con sus manos en mis hombros, Carretilla me abraza y me levanta poniéndome en cuatro patas de nuevo y sin sacarla ni un milímetro, estaba hecho pelotas, totalmente dolorido y controlado desde adelante y atrás. El bombeo de mi gauchito era destructivo.

Al rato Carretilla dice –Chalala dejame solo-, así lo hace, quedo solo con mi gauchito violador, me empuja hacia la cama boca abajo, se tira encima, busca con sus manos mi culo, lo encuentra, y empieza a buscar meterla refregándomela, busca, intenta hasta que lo logra dejándome sin habla por segunda ves. Bombea largo y tendido, juega metiéndola y sacándola, toda, la cabeza, a medio palo, no se por cuento tiempo ni me importó, solo gozaba tenerlo encima mío. El sentir el roce de su ropa, el cinto, las botas en mis piernas, era un delirio... No se cuanto tiempo pasó pero de golpe paró, sentí que me acabó, ni in gemido, la sacó, se paró, al verlo al lado de la cama lo veo que también tenía puesta la boina... ¡Mi gaucho!. Lo llama a Chalala, -che ya me lo cogí, venís vos?-, así fue vino su hermano, estaba al mango, me dio vuelta boca abajo, me dice -vos sabés que como gaucho que soy me gusta jinetear y domar yeguas -abrite los cachetes- así lo hice, se arrodilló encima mío, me tocaba con sus manos, me escupió el culo, se acostó sobre mis espaldas, podía sentir su camisa, su pañuelo, su cinto rozar mi cintura, sus botas tocar mis piernas y pies y sentir como trababa mis piernas aprisionándome con las suyas, buscó el agujero negro hasta encontrarlo empezando a bombear con tiempo, tranquilidad, y calentura total.

No sé cuanto tiempo fue, pero acabó con todas sus ganas llenándome el culo de leche junto a la que había dejado Carretilla.

Al terminar le dice que hermano, -ya me lo culié, y vos estás bien?-, aparece Carretilla nuevamente a la pieza, -che ando cargado-, -Y Boludo que querés hacer?-, -me lo quiero coger de nuevo, dale tenémelo-, Chalala se apoya en la pared, me toma en sus brazos quedando yo frente a frente, me pasa un brazo por debajo de mi brazo y espalda, el otro por el cuello aprisionándome y dejándome inmóvil, Carretilla se acuesta detrás mío, siento que se acomoda, que acomoda su matraca, tantea con la verga dura buscando mi culo, lo encuentra, busca y le mete, oh dioses del olimpo... que dolor, que sufrimiento de sabor increíble, y ahí me encuentro yo aprisionado por los brazos de un hermano mientras el otro me viola, y violado por dos gauchos y sintiendo el roce de sus pilchas en todo mi cuerpo... ahora puedo morir feliz, ya nada me importa.

Chalala me dice, -ni se te ocurra acabar que me ensucias la bombacha y te cago a palos-, mientras Carretilla me bombea, el agarra la sábana y se la pone entre mi pija y él... al rato su hermano suspira, volvió a echarse su segundo polvo, la saca, se para y se va al baño, Chalala con el movimiento está con su verga al palo de nuevo, me dice -dale loca, chupámela-, bajo hasta su bragueta y comienzo a pasarle la lengua, apenas dos o tres lamidas que me agarra la cabeza y se larga su polvo, ni tiempo a gozarla tuve... Se la limpio lo mejor posible, se para, va al baño a hecharse un meo, se arregla las pilchas y se van juntos como vinieron.

Así fue esa maravillosa e interminable noche, ya amanecía por lo que ambos se despidieron dejándome lleno de leche y feliz, cuando se fueron primero me di flor de paja acabando como yegua, después me fui al baño y me hice una enema para sacarme la leche que tenía, al otro día le pagué a Chalala el doble servicio.

Está demás decir que Chalala y Carretilla eran los dos mejores vestidos del pueblo, su servidor corría con todos los gastos.

Carretilla fue llamado para el servicio militar, así que a los pocos días se fue del pueblo, Chalala hace pareja con una mina del pueblo, por lo que su atención fue decreciendo, pero fue muy gaucho, dejó su reemplazo, a otro gaucho, un tal Papaito...


Maxigay

Rosario - Santa Fe – Rca. Argentina

Dardapu@hotmail.com

Pequeño diccionario criollo.

Amigos para que no haya quien se aburra y se quede con la pica (dudas) aquí van algunos términos de nuestro lunfardo.

Japi, pija, pete, verga, marlo, aparato.
Cara, jeta, boca.
Meada, orinar.
Invitao, invitado
Paspao, paspado
Mate, mate, se ceba con yerba mate
Bombilla, bombilla, se usa para tomar mate
Bombacha, pantalón del paisano argentino.
Mangazo, pedir.
Reojeaba, mirar de reojo
Cagada, cometer un error.
Pitadas, fumar
Lambeteo, lamer
Sobar, chupar, chuponeo
La pucha, expresión de asombro.
Gallo, gallito, escupida
Polvo, acabar, acabada.
Leche, semen
Chango, chaguito, joven, jovencito.
Chupón, bezo
Enculao, enculado, enojado
Cagué, acción de perder dominio sobre mi mismo.
Que lo parió, asombro.
Cachetes, nalgas.
Mango, palo, parada, verga dura.
Abrochado, tener la verga en el culo.
Verija, pelvis
Pera, perita, elemento para hacer enemas.
Pelarla, sacarla dela bragueta.
Cancha, habilidad
En pedo, borrachos.
Pilchas, ropa del paisano o de su caballo

"ENVIAR RELATOS EROTICOS".

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