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Mi servicio en el servicio militar -
Maxigay - (Gay) [12 Apr 2008]
Mis primeras experiencias de servidumbre.
Mi primer Servicio en el Servicio Militar.

Creo que desde muy pequeño me di cuenta que me gustaban los hombres, claro que no sabía ni tenía ideas que eso era ser homosexual ni conocía el término.

En esos años me excitaba y masturbaba con revistas cómic del Llanero Solitario y Roy Rogers me volvían loco.

Al haber perdido mi padre muy chico, y un día despertarme eyaculado, y contarle a mi madre con toda mi inocencia el hecho, me regala un libro dedicado a orientar a los jóvenes sobre la vida sexual explicando de manera sencilla con ejemplos que es lo que se debía hacer y no, como por ejemplo contar como un niño es violado por un adulto y veía como se erectaba el mismo y acababa para luego continuar con el juego con ese mayor por mucho tiempo más. Está decir que esa historia era releída cien veces y las cien veces al mismo tiempo me masturbaba y gozaba la historia, no hay dudas, ya se perfilaba mi destino.

Los años pasaron, observando y admirando a cuanto joven u hombre se ponía frente a mis ojos calzando botas, vistiendo cuero, policías, etc., pero nunca tuve contacto sexual. Las primeras experiencias eran los conocidos concursos de pajas en la escuela y juegos varios con algún vecinito, juegos de cartas por ejemplo en que yo siempre era el perdedor y como castigo chupaba sus verguitas y me cogían.

Sin dar detalles, o localización trataré de relatar mi primera experiencia en el sexo y prestar mis servicios a un hombre, ¿esclavitud?, podría decirse que sí, pero tampoco ni idea sobre esa situación.

En el año 1976 me toca cumplir con el servicio militar, el que al haber solicitado prórroga para finalizar mis estudios no había posibilidad de quedar exceptuado. Del llamado salgo destinado a una base de infantería de marina en el sur de mi país, demás está decir el golpe para toda la familia al haber recibido por la noticia, pero pasados los años puedo decir que fueron los mejores 14 meses de mi vida y ahora agradezco haber sido destinado a ese lugar.

Arribado, soy designado a cumplir mis tareas en el “detall” de la base, para quien no conoce esta denominación, el detall es la oficina central y administrativa de un destino, todo trámite pasa por él. Dicho puesto me toca por suerte por ser el único “colimba” con estudios universitarios. “Colimba” se le llamaba en mi país a los conscriptos, este mote deriva de COrre-LIMpia-BArre.

Para esta historia me identificaré como el “Abuelo”. Sobrenombre que me habían puesto el resto de mis camaradas por ser el mayor en edad de todos, teniendo yo 24 el resto entra 21 y 22 años.

Demás está decir que ver tantos hombres en uniforme y yo metido en uno las 24 horas y todos los días vivía cada día como loco, hoy mi fetiche.

Pasaron los días, un par de semanas en el destino, se venía el invierno y con él las nevadas, iba conociendo a mis compañeros. En la hora del baño de reojo también los iba conociendo, chicas, medianas, apetecibles pero todas prohibidas e intocables, un trolo atenta contra el “honor militar”. Los fines de semana los suboficiales y oficiales se tomaban su franco quedándose con la familia, así que la base solo quedaba con el personal de guardia y los colimbas sin nada que hacer, aburridos, durmiendo y recuperando el sueño de la semana de guardias, durante la semana el franco era a las 1600 y ya casi era de noche, oscuridad cómplice en el tiempo.

Un domingo a la mañana yo tirado en mi cama en la cuadra, viene un compañero y me dice –“Che... Abuelo, dice el zumbo (sub-oficial) Gutiérrez que vallas al pañol (depósito de uniformes) que quiere hablar con vos...”, está decir que una orden se cumple, así que el colimba va hacia el pañol.

Al llegar ahí, encuentro que el suboficial Gutiérrez no está, si está el colimba Ordoñez mi dragoneante, sentado en el escritorio con los pies arriba del mismo, junto a él Páez, López y González, que con el tiempo se van haciendo conocer como fieles seguidores de mi dragoneante. Al llegar Ordoñez me dice, “che abuelo el que te llamó no es el zumbo sino yo, quiero hablar con vos y dejar las cosas en claro, vos sos puto (¿¿??) y me imagino que te gustan que te cojan...” Me tomó frío y de sorpresa, de mi parte jamás hubo insinuación alguna a ninguno de ellos ni otro compañero, le digo “estás loco o que...” se reía junto a sus tres compinches, “-dale loquito, si de ver la forma en que nos mirás a todos te mandás tragado solo..., cuando nos estamos bañando no hay pija que no mires y te las comes con la mirada...-” “-así que para dejar bien claro que yo te voy a coger y estos locos también cuando yo les de permiso... a partir de ahora vas a ser mi asistente, todos los días me vas a hacer la cama, vas a llevar mi ropa al lavadero, la vas a retirar, me vas a tener ordenada la “taquilla” (su ropero), vas a ir a la cantina cuando yo te mande y lo que se me cante..., ha! además me gusta tener los borceguíes (botas) impecables, así que no te falte pomada, y si no tenés la comprás en la cantina... y los puchos que fumo son los Jockey...-”, más claro hechale agua.

Sinceramente no sabia que decir, la sorpresa fue como un mazazo en la cabeza, los otros tres estaban en total silencio escuchando al dragoneante y me miraban con sonrisas en su cara. No hice ningún movimiento pero si dije, -“hermano sos loco o que... si nos agarran vamos todos en cana, y después de cumplir el arresto te dan la baja por puto...-”

Mi dragoneante me dice, “-a vos de baja por puto, a mí por coger a un puto, esa es la diferencia...-” y se reían los cuatro... “-pero acá no se discute nada entendés?-”, se para y se viene hacia mí parándose frente a frente, el guacho era un urso, morocho, que la verdad me calentaba como una pava en el fuego.

“-Dale comilón, chupámela me dice...-” atiné a darme vuelta y salir del galpón, los otros me cerraron la salida, me agarraron y me dieron vuelta hacia mi dragoneante, así que lo único que quedaba era agacharme, cuando lo hice sacó su matraca y madre mía... una botella de coca, que tamaño... papita pal loro me dije... así que ahí nomás a tomar mate de leche con bombilla de cuero...

Después empezó la festichola, chupar a uno, el otro me cogía, se iban cambiando, turnando, por la calentura y la leche acumulada por el tiempo sin ponerla al rato empezaron a acabar; los cuatro lo hicieron en mi culo de a uno. Páez agarra una toalla de un estante y me dice “-vení trola-”, y me hace seguirlo hasta la pileta, “-dale lavámela-“, así lo hago con total devoción, terminando al fin de hacerlo con los cuatro. Está demás decir que quedé totalmente ofendido por el abuso recibido, con el culo a la miseria, lleno de leche fresca, pero en definitiva el colimba más alegre de la tierra.

Así comenzó mi pobre calvario de tener que ser su asistente, servirlo, además de sus compinches cuando él lo autorizaba, ocupándome en mi tiempo libre de su ropa, su cama, sus borceguies como así también de sus seguidores. Con los días, los demás colimbas de la cuadra ya sabían que pasaba, pero nadie decía nada ni le hacía frente a ninguno, -claro-, después me vengo a enterar que mi dragoneante vendía mis servicios a sus compañeros, una chupada tanto, un polvo tanto, acabar en la boca, completo, otro precio, si el colimba no tenía dinero para pagar, le conseguían el menú de oficiales, algún vino, cigarrillos, y otras cosas. Los que eran machos de verdad no querían hacer nada conmigo y me llamaban “-puto de mierda-”..., ahí entraban en función los secretarios del dragoneante, para “aconsejar” a los rebeldes que no me “jodieran”, y daba resultado...

Yo... terriblemente triste por mi pobre destino... los secuaces eran sus intermediarios y se aseguraban de mi cumplimiento.

Mi dragoneante nunca se enteró que González su mano derecha me re-cogía a sus espaldas, y yo lo hacia con ganas y devoción, un Neuquino morocho, peón rural, de manos fuertes, tez oscura, musculoso y nada despreciable lo que cargaba, su forma de coger era por demás extraordinaria, y el tiempo y ritmo que aplicaba eran para quedar de cama. La lentitud con que lo hacia y el trozo metido en mi me mataba...

Durante una licencia mi dragoneante delega su cargo a González, en el pañol se toma su tiempo, su polvo no bajaba de una hora de meta y saca en las posiciones que me hacía tomar y en total silencio... cuando me ponía en cuatro patas y encender un pucho, era la señal que ya estaba por terminar, mientras cogía me hacia pajear y acabar, le gustaba verme hacerlo con su verga dentro mío, el sabía que cuando yo acababa me enfriaba y lo de él me molestaba y se me hacía interminable y me molestaba, yo de reojo podía ver como el miraba como entraba y salía de mi culo, al tirar el pucho se venía lo mejor, me tomaba los cachetes del culo, los abría y empezaba a cogerme con la cabeza en la puerta de mi culito, eso me volvía loco me desesperaba, acababa en ella, luego metía toda la leche a empujones, la sacaba me hacia dar vuelta y lamérsela para limpiarla toda, se arreglaba los pantalones y me echaba del galpón. Ahí pude darme cuenta por que los otros lo llamaban “el perro González”... pero era mi perro González, en secreto -él- tenía mi total devoción y amor.

Los fines de semana el pañol era el lugar de encuentro y servicios, durante la semana en el baño de la cuadra mientras el imaginaria hacia su guardia, claro que su colaboración tenía su costo, ir a algún puesto de guardia a consolar al pobre centinela, nada tan maravilloso como llegar al puesto, ser recibido por el centinela, chupársela bajo el capote, luego ver que deja su fusil a un lado, se desprende el enorme capote, parados me envuelve con el, me hace bajar mis pantalones y calzoncillos y así envuelto entre sus brazos empezar a sentir que algo duro entra en mi culo, que empieza a bombear, sentir en mi nuca el resoplido caliente que sale de su boca, jadeando y gimiendo cuando acaba, todo en la garita mientras afuera nevaba. La caldera era también un lugar de encuentro, se habían preparado un cubículo ex profeso y era el lugar menos concurrido por el personal de la base, en especial de noche, solo quedaba el colimba de guardia. En síntesis donde se me ordenara ir yo iba.

Lo mío por lo general era terminar mi día con una ida al baño y paja para sacarme la calentura... a veces el imaginaria me pedía que me pajeara frente a él, otras si mi dragoneante estaba dormido, lo hacía chupándole la verga y acabar en mi boca o en la cara.

Así fue pasando mi triste colimba en una base de infantería de marina en el sur de mi país, los mejores meses de mi vida, con el orto roto y lleno de leche.

Con los años ir dándome cuenta que eso no fue más que mi primera esclavitud y prostitución en manos de mi dragoneante y proxeneta.

Parte 2.

El tiempo pasaba en la base, lo que para otros colimbas era un castigo y martirio para mí era el disfrutar cada día vestido con un uniforme y calzar mis borceguíes, ver hombres de todas las edades haciéndolo y lo más importante mis días ocupados por el trabajo en el detall y por las tardes y noches cumplir con algún trabajo ordenado por mi proxeneta.

El trabajo diario en la oficina era compartido con mi encargado y jefe de detall. El jefe un teniente de corbeta infante, no estaba nada mal, pero nunca me llamaron la atención los oficiales, el único fue un teniente de fragata médico, ese sí me impacto y fue el causante de pajas varias.

Mi encargado era un cabo primero infante de marina furriel, de la provincia de Tucumán, trigueño, de 1,80 de estatura mas o menos, cuerpo bien formado, hacía fierro en su tiempo libre, corría en la cancha de football si no había nieve, en síntesis me gustaba, en secreto lo admiraba. Para sentir que algo hacía por él, yo estaba siempre atento a sus pedidos, sirviéndole café o mate cocido según pidiera, ir a la cantina a comprarle cigarrillos o lo que necesitara. Como era “trocista” (del interior viviendo en la base) y yo “su” colimba, tenía como tarea limpiar su camarote (pieza), arreglarle la cama que nunca hacía, llevar y retirar la ropa del lavadero, etc.

Mi devoción por él era total, al igual que mi pertenencia, lo adoraba, me trataba con respeto y autoridad, me hacía sentir su subordinado. Un día me hace llamar por otro compañero para que vaya a su camarote, recibido el llamado, ahí fue el colimba a su encuentro. Casi seguro tendría que ir a la cantina a comprar algo que le faltaba.

Cuando llego, golpeo la puerta, no responde así que la abro, miro y compruebo que no está, cierro y espero parado fuera de su cuarto. En unos minutos lo veo venir del baño envuelto en un toallón, abre la puerta pasa y me dice “entrá”. Así lo hago, “cerrá la puerta”, lo hago, me quedo parado casi tocando la puerta con mi espalda, le digo “me mandó a llamar cabo primero?”, -“si me dice...”- se da vuelta se saca el toallón y que veo... ¡está al mango!, su verga dura y parada... no lo podía creer... era un sueño, una fantasía, pero yo estaba despierto...
Creo imaginar la cara que habré puesto, por que sonríe y me dice -“Y?”- que te parece?,
Te gusta?”... que podía contestar... “SI cabo”... “-bueno dale... querés chuparla?”-

Me acerqué, me arrodillé, me la puse en la boca y se la empecé a chupar con devoción, pasándole la lengua despacio por cada pedacito de carne. Se sentía su respiración entrecortada, al poco tiempo me agarra la cabeza entre sus manos y me acaba con todo en la boca, haciéndome tragar su leche, caliente, amarga, salada, la leche de mi cabo primero infante de marina furriel...

Acabó y me dice, -bueno abuelo, podés irte...- ¿cómo así nomás me dije?, y si... me paré, saboreando la leche en mi boca, y salí de su camarote.

Cada tanto en tanto me llamaba, me hacía darle una buena chupada, se acababa en mi boca y me largaba duro, nunca me cogió, y eso me destruía ya que era mi sueño, solo recibí como premio una apoyada de su verga dura y una buena fregada en mi culo.

No dejaba de extrañarme la actitud que tenía, al llegar a su camarote me ordenaba tirarme al piso y hacer flexiones de brazo como castigo en que ponía la punta de uno de sus borceguíes para que mi cara lo tocara... el olor a cuero lustrado me transportaba. Hace falta decir que me liquidaba?...

Así fue como descargaba las tensiones de mi encargado de detall.

El tiempo pasó, vino la baja del servicio, la despedida de todos mis compañeros, al único que extraño y recuerdo con cariño es el perro González, que habrá sido de su vida?... tengo una foto con él, está decir que con ella cada tanto me pajeo y trato de soñar despierto.


Maxigay

Rosario-Santa Fe-Rca. Argentina

"ENVIAR RELATOS EROTICOS".

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