Lo que voy a narrar a continuación es una experiencia absolutamente real que me ocurrió hace año y medio. Yo era un chico bastante tímido, de 21 años. Nunca había tenido demasiado exito con las chicas, aunque dicen que soy bastante atractivo, (moreno, ojos azules rasgados, labios algo gruesos, alto y delgado). pero mi timidez me hacía fracasar a menudo. Eso no kería decir que no me interesara el sexo, por supuesto, de hecho era algo que pasaba con mucha frecuencia por mi cabeza. Quizás demasiado a menudo. En aquella época salía con una chica, cuyo nombre cambiaré por Vampi, pues ese era el nick con el que la conocí en un chat. El mío era Cock. Una noche habíamos salido de fiesta, era sábado y ya habíamos bebido bastante, aunque aún pensábamos con claridad. Haía las cuatro de la madrugada, cuando empezaron a cerrar los bares de copas, decidimos que ya estaba bien por esa noche, así que la acompañé a su casa.
Como ya he dicho, eran las 4 de la madrugada, así que, en cuanto nos alejamos de los bares de copas apenas nos encontrabanos gente por la calle.
Vampi dijo que tenía los pies cansados por los tacones, así que nos sentamos en un banco para descansar. Seguía sin pasar casi nadie, la noche era calurosa y Vampi estaba mas bonita que nunca. La besé. Nuestros labios se encontraron, nuestras lenguas juguetearon... Ella se sentó a horcajadas en mi regazo y empezamos a besarnos más apasionadamente, a acariciarnos, mis manos se introdujeron bajo su camiseta, descubriendo que, como me había parecido, no llevaba sujetador. Empecé a tocar sus pechos, a rodearlos con mis manos, los acariciaba, deseeaba verlos, pero estábamos en la calle y podrian vernos.
De repente, Vampi puso una mano en mi bragueta y empezó a acariciarme, apretando cada vez más sobre mis vaqueros. Yo estaba muy excitado y podía ver que también ella lo estaba. Le propuse ir a mi casa, esa noche no había nadie. Ella se negó. -Prefiero seguir aquí- dijo.
En ese momento cogió la cremallera con dos dedos y la bajó lentamente. Mi polla salió, erecta, dura, dispuesta. Vampi comenzó a acariciarla, a masajearla mientras con otra mano acariciaba mis huevos. Era fantástico.
Yo no podía más, de repente me olvidé de todo, no me importaba que estuvieramos en la calle ni que pudieran vernos. Levanté su minifalda, aparté sus braguitas y le acaricié el chocho. Mis dedos se deslizaban entre sus labios, de atrás a delante, acariciando el clítoris con cada momimiento, introduciendose en su rajita...
Alguien pasó, me quedé parado, no sabía se nos había visto, pero siguió andando. Vampi me pidió que continuara y así lo hice. Empezó a gemir, -¡ah, aahh!- cada vez más fuerte, -aaaahh, aaaaahhh!- cada vez más deprisa -¡aaaaaaaaaaaaahhh!-. De repente me quitó la mano de su almeja, se levantó ligeramente y se volvió a sentar para que mi polla la penetrara. En ese momento no pude evitar un grito de excitación -¡AAAAHHH!- Me sentía como en un sueño, mi mayor fantasía se estaba cumpliendo.
´No sé cuanto tiempo seguimos así, pero fue largo. En ese rato pasaron algunas personas, sin duda recien salidas de los bares que estaban cerrando, pero nadie se dió cuenta de lo que hacíamos, o al menos así lo creo.
Después de esa noche siguieron otras experiencias en ascensores, parques, habitaciones de casas donde había más gente. Nunca me han descubierto y espero que mi suerte continue. Vampi y yo cortamos hacet tiempo, pero nunca olvidaré como me libró para siempre de mi timidez.
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