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Enfermeras Calientes Colegialas Calientes Alumnas-Castigadas

La casa encantada. -
Alberth - (Fantasías) [09 May 2003]
Familia habita una casa antigua supuestamente encantada... la hija es poseida cada noche por un extraño ente con un gran mienbro viril...
Lo primero que he de decirles es que cuando esto que
voy a contarles nos ocurrió, hace ya bastantes años,
los fenómenos paranormales eran casi desconocidos y,
las cosas inexplicables que sucedían a veces eran solo
"cuentos de fantasmas", validos tan solo para asustar
a los niños pequeños.

Hoy en día parece que la gente cree mas en estas
cosas, pero estoy segura de que mi relato seguirá
pareciendo tan fantástico en nuestros días como cuando
sucedió. Pero aun así creo que ya va siendo hora de
que cuente lo que nos ocurrió, a mi y a mi familia, en
la casa encantada de mis abuelos.

Yo tenia por aquella época unos dieciocho años y era
una chica muy delgada, todo huesos, con una cara
bastante vulgar. Por eso nunca había conseguido salir
con ningún chico de forma estable, por mas facilidades
que les diera y por mas cosas que me dejara hacer o
estuviera dispuesta a hacerles.

He de aclarar que por esas fechas ya no era virgen.
Había entregado la apreciada flor de mi pubertad a un
vecino mío, algo mayor que yo, con la esperanza de que
fuera mi primer novio de verdad.

El truhán siempre que salíamos me llevaba a sitios
oscuros y apartados, donde poder meterme mano sin
testigos, y donde yo podía masturbarlo cómodamente con
las dos manos, como a él le gustaba.

Se pasaba las tardes chupando y mordisqueando mis
largos pezones. Pues, debido a que tenia muy poco
pecho, estos destacaban bastante mas de lo normal. La
verdad es que en aquella época eran la única parte de
mi cuerpo que lograba despertar interés en los chicos.
Cuando consiguió vencer mi asco inicial, no había
velada que no acabáramos en algún oscuro rincón del
vecindario, obligándome a mamar su duro bastón hasta
que manchaba mis manos, y a veces mi cara, con su
espesa virilidad.

Al final aprovecho una tarde que no había nadie en su
casa para poseerme, venciendo mi escasa y débil
resistencia con unas hábiles y enervantes caricias por
todo mi cuerpo. Esa primera vez fue de lo mas doloroso
y, si no llego a experimentar un poco de placer al
final, creo que no le habría dejado que me volviera a
poseer en ocasiones sucesivas. Pero no me sirvió de
nada el sacrificio. Pues en cuanto hubo satisfecho sus
sucios deseos, reiteradas veces, ya fuera en su casa o
en la mía, con mi consentimiento o sin el, se olvido
de mi, y rapidamente se busco otra incauta chica a la
que desvirgar.

Aquel año fui junto con mis padres y mi hermanita Rosa
a veranear a la vieja casona de mis abuelos, perdida
en un pequeño valle, lejos del pueblo mas cercano.
Como estos hacia ya tiempo que vivían en un asilo de
ancianos de la ciudad, mis padres querían reparar la
casa, para alquilarla a los turistas.

Como debido a mi escaso atractivo físico y a mi arido
carácter casi no tenia amigos, no me importo demasiado
pasar las largas vacaciones en el campo acompañada de
mi familia. La verdad es que la casa estaba bastante
mas apartada del pueblo de lo que esperaba; y, aunque
no les quise decir nada a mis padres, no veía probable
que algún turista quisiera recorrer varios kilómetros
por un descuidado sendero de tierra en mal estado,
para llegar hasta el viejo caserón. Este, por suerte,
estaba en mejores condiciones que el camino y, con
bastante trabajo, podía quedar en un estado bastante
aceptable.

Dado que había habitaciones de sobra me quede con una
para mi sola, aunque Rosa me insinuó que no le hubiera
importado compartir la suya conmigo. A mi me hacia
mucha gracia que con sus trece años aun tuviera esos
detalles, propios de una niña mucho mas pequeña. Sobre
todo si teníamos en cuenta el cuerpo serrano que Dios
le había dado.

Pues la afortunada mocosa no solo era muy guapa, sino
que a su edad ya tenia la delantera bastante mas
grande y firme que la de mi madre, y que la mia por
supuesto. Con el esbelto tipo que poseía, a poco que
se cuidara, llegaría a ser una gran belleza.

Pero, por mucho cuerpo que tuviera, seguía teniendo
cosas de cria pequeña, como el no poder dormir nunca
sin la compañía de su osito de peluche, que la hacían
parecer mucho mas cría de lo que era en realidad; y
que le restaban un poquito de fuerza a los celos, y la
envidia, que yo sentía de ella.

Pues, aunque yo la quería con locura, no me hacia
gracia ver como la gente, y en particular los hombres,
solo parecían tener ojos para ella, cuando estabamos
juntas las dos. Me daba mucha rabia ver como hasta mis
mejores amigos parecían olvidarse de mi en cuanto mi
bella hermanita rondaba a nuestro alrededor, clavando
sus hambrientas miradas en su apetitoso y pletorico
cuerpo de ninfa.

A los pocos días de estar en la vieja casona Rosa y yo
nos dimos cuenta de lo bien que le estaba sentando a
nuestra madre vivir en el campo; pues, aunque aun no
había cumplido los cuarenta, ahora parecía que tuviera
tan solo treinta, o incluso menos. Se la veía ir todo
el día de aquí para allá, la mar de contenta,
mejorando a ojos vista. Cuando le pregunte por su
secreto me contesto, entre risas y rubores, que el
amor y, sobre todo el sexo, hacen maravillas en una
mujer. La verdad es que mi padre se tenia que estar
portando magníficamente, pues la mejoría era mas que
notable, ya que todo su cuerpo parecía estar cogiendo
el volumen y firmeza que había perdido con la edad.

Fue por esos días cuando una mañana, al despertarme,
me di cuenta de que había estando haciendo cosas muy
feas durante la madrugada. Tenia las bragas hechas un
ovillo al pie de la cama, y el camisón arrugado, y
bastante húmedo a la altura de mi intimidad, como si
lo hubiera mojado con mis fluidos, al acariciarme con
él. No tenia ningún motivo para pensar que había sido
otra persona la que me había manoseado, pues no solo
tengo la costumbre de cerrar mi cuarto siempre con
llave desde el interior; sino que, además, todas las
ventanas de la casa tenían rejas. Como el calido
escozor que sentía en mis partes mas nobles no dejaba
lugar a dudas, deduje que el calor de la noche me
había hecho tener algún sueño erótico, y que debido a
el me había masturbado; cosa bastante rara en mi, pero
que no era la primera vez que hacia, por supuesto.

Durante tres o cuatro días me desperté de la misma
forma, sin bragas, y con el camisón mojado por mis
travesuras nocturnas. El escozor me duraba un par de
horas, mas o menos, y después estaba todo el día con
una alegría, y unas ganas de hacer cosas, que me
hacían recordar siempre lo que me dijo mi madre aquel
día. Ella no solo parecía ya una jovencita, en el
físico y en el carácter, sino que llegue a pensar que
podía estar embarazada, pues los pechos se le veían
mucho mas grandes y firmes; pero no podía ser, pues mi
padre estaba operado desde que nació mi hermana, para
que no tuviéramos ya mas hermanitos.

Y entonces llego la noche decisiva, la noche en la que
me desperté, siendo aun de madrugada, en mitad de un
violento orgasmo. No me había recuperado todavía del
mismo cuando me di cuenta de que no era yo quien me
estaba masturbando, sino que alguien me estaba
poseyendo suavemente con un miembro enorme, que me
llenaba por completo, y que me obligaba a tener las
piernas abiertas de par en par. Lo terrible fue cuando
vi, gracias al resplandor de la luna que entraba por
mi ventana, que no había nadie montado sobre mi. Pues
veía perfectamente todo el cuarto y en él no había
ninguna otra persona que no fuera yo.

Quise gritar, y no pude, pues no me salía la voz; pero
oía, claramente, mis jadeos entrecortados, ya que algo
enorme seguía penetrando, sin descanso, dentro de mi.

Después intente moverme, para escapar de lo que fuera
que me estaba violando, pero tampoco pude, parecía que
mi cuerpo estuviera pegado a la cama.

Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad pude
ver, a través del gran espejo que había en la pared de
enfrente, sobre la cómoda, como mi propio camisón de
raso era el que abusaba de mi, introduciéndose dentro
de mi intimidad. Pues solo se veía un grueso cilindro
de oscuridad, justo en el centro de mi dilatada
intimidad, y el suave balanceo del resto de mi cuerpo,
siguiendo el suave ritmo de las firmes acometidas del
gigantesco miembro invisible. Poco a poco se me fue
quitando el miedo; gracias, sobre todo, al enorme
placer que sentía cada vez que penetraba dentro de mi.
Por eso no me averguenza reconocer que me hizo gozar
varias veces, con fuertes y violentos orgasmos, antes
de que todo terminara.

Después del ultimo orgasmo me quede tan cansada que no
me quedaron ganas ni de gritar, ni siquiera cuando
sentí como un aire helado que se paseaba por toda la
habitación. Así que me gire como pude, y me quede
dormida casi al momento. A la mañana siguiente no
sabia si lo que me había pasado era el producto de
algún sueño erótico mientras me masturbaba, o era
realidad. Decidí, por lo tanto, no decir nada todavía
a mis padres, hasta no estar segura de lo que estaba
pasando, no me fueran a tomar por loca o mentirosa.

Esa mañana habia mercado en el pueblo, por lo que
acompañe a mi madre mientras mi hermanita se quedaba
para ayudar a mi padre. Aunque su aspecto era
radiante, me sorprendio ver el interes que mi madre
despertaba en los hombres, los cuales la devoraban con
la mirada. Ella, orgullosa y coqueta, se paraba en
todos los puestos, bromeando y sonriendo ante sus
continuos requiebros. Como andaba un poco rezagada,
podia escuchar los soeces y hasta groseros comentarios
que provocaba a su paso.

En uno de los tenderetes encontro una fina camisetita
que parecio encantarle. Como no habia donde cambiarse
accedio a la proposicion del amable vendedor de entrar
en la parte trasera de su destartalada furgoneta a
probarsela. Este, ademas de acompañarla, se quedo
junto al cristal lateral, al igual que un puñado de
chicos de mi edad, para no perderse ni un solo detalle
del strip-tease. A mi madre no parecio importarle el
publico, pues salio con ella puesta, a pesar de que se
le marcaban horrores los pezones.

Esa noche cerré todo a cal y canto y me quede sentada
sobre la cama, temblando de miedo, a la espera de lo
que pudiera pasar. Como el camisón de raso se estaba
ya lavando llevaba puesto otro, algo viejo, de un
tejido muy duro y rasposo, cuyo tacto me provocaba
estremecimientos solo de pensar en lo que sentiría si
se volvía a repetir lo de la noche anterior. Debí
quedarme algo traspuesta, pues no me desperté del todo
hasta que sentí ese curioso aire frío que se acercaba
a mi cama. Me tape a toda prisa con la sabana, pero no
me sirvió de nada. Note como si un montón de manos,
muy hábiles, acariciaran mi cuerpo por encima de la
sabana, jugando hasta con mi ombligo, y pellizcando
suavemente mis sensibles pezones. Creí oír como una
voz que, susurrando, me preguntaba si quería volver a
disfrutar; y yo, con una voz muy débil, dije que no.

Las insidiosas caricias se hicieron entonces mas
intensas y enervantes, dedicando una especial atención
a mis agradecidos pezones, ya completamente
endurecidos, y a mi entrepierna, cada vez mas húmeda.
Sin darme cuenta fui separando poco a poco los brazos
y los muslos, para sentirlas con mayor intensidad.

Y cuando la voz me volvió a preguntar si quería mas
placer le respondí, con la voz ronca, que si. Fui yo
misma la que me despoje rápidamente de las bragas, y
la que me abrí completamente de piernas, para que el
camisón me penetrara de nuevo hasta lo mas hondo,
enardeciendo todo mi cuerpo con su áspero roce.

Esta vez tuve que taparme la boca con una mano, para
que mis gritos de gozo no se oyeran por toda la casa.
En varias ocasiones sentí como si unas fuertes manos
acariciaran mis temblorosos senos por encima del
camisón, y rugí de placer, mordiendo la almohada,
cuando me retorcieron los dos pezones a la vez en
mitad de un orgasmo bestial. Fue la noche mas salvaje
que había vivido nunca.

Esa misma mañana me prometí que la repetiría todas las
veces que pudiera. Pase pues el día hecha un verdadero
saco de nervios, deseando que llegara la noche de una
maldita vez, para poder sentir a mi nuevo amante otra
vez dentro de mi.

Esta vez había recortado un gran trozo de seda, de una
pieza de tela que guardaba mi abuela en el desván, y
lo esperaba totalmente desnuda, para que el fantasma,
pues no se me ocurre otro nombre mas apropiado, no me
manchara el camisón; ya que estaba segura de que mi
madre empezaría a sospechar cosas raras si me veía
lavarlos tan de continuo. Este se introdujo dentro de
mi habitación a altas horas de la madrugada, como de
costumbre, y agradeció el detalle a su manera,
acariciando todo mi cuerpo con la fina seda, hasta que
le tuve que rogar, entre suspiros, que entrara dentro
de mi. Ni que decir tiene que fue otra noche loca, en
la que disfrute de lo lindo. Y no solo por el sexo en
si, sino también viendo como se pegaba la pieza de
tela a mi cuerpo, ayudada por una infinidad de
viciosas manos invisibles que moldeaban el contorno de
mi silueta, pusiera la postura que pusiera, mientras
su gran presencia me perforaba a fondo sin descanso.

Cuando me quede dormida, de puro agotamiento, todavía
tenia el enorme miembro fantasma dentro de mi,
penetrándome a conciencia una y otra vez, cada vez mas
violentamente, mientras sus ayudantes se ensañaban con
mis doloridos pitones, estrujándolos sin piedad, hasta
hacerme sentir placer de tanto dolor.

Así transcurrieron un par de semanas, en las que
descubrí, con muchisimo gusto, todo lo bueno que tiene
el sexo. Y la mejor prueba de lo que digo era ver lo
bien que le sentaba a mi madre. Esta, orgullosa del
increible cambio que habia experimentado su cuerpo, se
dedicaba a lucirlo donde fuera. Digo esto por como se
vestia para ir al pueblo o a por leche a casa de unos
vecinos. Solia contarnos que se habia encontrado a los
hijos de estos en el rio, o en pueblo. Esto no era
raro, pero si me extrañaba que los nombrara y tratara
como unos mocosos cuando los dos eran mayores que yo.

Hasta que una mañana que tardaba demasiado en salir,
entre en la vaqueria y les sorprendi mientras
enseñaban a mi madre a ordeñar. Interrumpieron la
clase nada mas oirme llegar, pero el rubor que tenian
los tres, asi como la camisa casi desabrochada de mi
madre me hicieron sospechar cosas raras.

Una noche, después de un buen rato de placer, oí como
la voz susurrante me decía que me pusiera enfrente del
espejo. Cuando lo hice creí que soñaba otra vez. La
que estaba reflejada era yo, pero mucho mas bella. La
cara, siendo la misma, parecía mucho mas bonita, sobre
todo la boca, que hasta yo la veía apetecible. Los
pechos eran mucho mas grandes y perfectos, con una
amplia aureola que enmarcaba mis preciosos pezones. El
culo era mas firme y respingón, y hasta los muslos
habían mejorado, haciéndose mas esbeltos y firmes. La
imagen que estaba viendo reflejada era una versión
perfecta de mi cuerpo, pero falsa.

Cuando acabo el espejismo, la voz me dijo que podía
hacer que yo fuera así en realidad; y yo, llorando, me
puse de rodillas y le suplique que lo hiciera. La voz,
riéndose de una forma muy curiosa, me dijo que no me
podía dar algo por nada; y que yo debía darle, a
cambio, lo mismo que recibía. Le dije que no entendía
nada y la voz me prometio que me lo explicaría al día
siguiente. Yo ya no pude pegar ojo pensando en el
cuerpo que podría llegar a tener, y el día se me hizo
mucho mas largo esperando que volviera a visitarme.

La noche siguiente la voz me hizo salir al pasillo y,
con mucho sigilo, ir hasta el cuarto de mis padres.
Allí pude ver, a través de la puerta entreabierta de
su habitación, como mi madre, completamente desnuda,
estaba montando, fogosamente, sobre mi padre; el cual
me dio la impresión de que estaba completamente
dormido, pues hasta se le escapaban unos pequeños
ronquidos de vez en cuando. En su espléndido físico
aprecie que realmente estaba mucho mas joven de lo que
yo la recordaba, sobre todo sus lindos pechos que
parecían ahora los de una chica de mi edad. Empece a
sospechar que el fantasma tenia bastante que ver en el
cambio que se había producido; sobre todo cuando oí a
mi madre susurrar ... el culo ... ahora quiero el culo
que tenia antes. La voz que yo conocía tan bien le
dijo que de acuerdo, que al día siguiente fuera al
lugar de costumbre. Acto seguido, y sin que mi madre
dejara en ningún momento de cabalgar sobre mi padre,
vi como se formaba a sus espaldas un gigantesco
miembro, hecho con las finas sabanas de franela,
apuntando hacia su diminuto agujerito. Yo pense que el
fantasma la destrozaría por dentro, antes de que
pudiera entrar todo eso por su orificio mas estrecho;
pero ella, echándose todo lo posible hacia delante,
recibió dócilmente, entre ahogados grititos de dolor,
el inmenso regalo que la voz le hacia por la entrada
posterior. Cuando vi que sus gemidos eran ya de
placer, y no de dolor, y que se movía como una ansiosa
serpiente, para poder recibir aun mejor los envites de
ambos instrumentos a la vez, me marche de allí,
silenciosamente. Deseando, eso si, que acabara lo
antes posible, para así poder tener yo también mi
parte. Pues me había excitado muchisimo viendo como mi
madre se entregaba al sexo con tanta pasión; y,
mientras la veía gozar, me acariciaba yo también el
cuerpo, pensando en lo que me esperaba a mi después.

Un rato mas tarde, mientras la voz me mataba de
placer, a base de frenéticas penetraciones, me dijo
que si mi madre quería volver a tener el tipito que
tuvo cuando era joven tenia que ofrecer esas partes
del cuerpo en sacrificio a los espíritus mágicos del
bosque, y que él solo era un simple intermediario, que
cobraba su parte del trato como mas le apetecía. Con
sexo, como ya sabia, como había presenciado antes, y
como me aseguro que hacían también los espíritus,
aunque ellos solían usar su magia para obtener el
máximo placer.

Al día siguiente, mientras mi hermana pequeña ayudaba
a mi padre en unas reparaciones, seguí a mi madre,
asesorada por la voz, hasta un apartado rincón del
bosque. Allí pude ver como se desnudaba por completo,
dejando toda la ropa a un lado, mientras aguardaba
impaciente nuevas ordenes.

Me asuste mucho cuando vi aparecer una pequeña manada
de lobos de entre unos espesos matorrales. Si no grite
fue porque vi que mi madre se lo tomaba con mucha
tranquilidad, como si los estuviera esperando. La voz
me susurro al oído que los espíritus del bosque no
suelen adoptar formas normales; y que no me dejara
llevar a engaño, que lo que tenia ante mi no eran
lobos normales, que esto era solo una apariencia.
Pronto me di cuenta de que tenia razón, pues no se
comportaban como animales, ya que la media docena de
lobos se pusieron a dar vueltas alrededor suya,
tranquilamente, como esperando que ella hiciera algo.

Mi madre, cuando por fin se relajo, se puso a cuatro
patas sobre la hierba y, agachando la cabeza, se abrió
completamente de piernas, mientras decía lo mismo de
la otra noche ... el culo ... quiero el culo. Los
lobos se fueron acercando poco a poco hasta ella,
repartiéndose a su alrededor; y, como si lo hubieran
ensayado, se pusieron a lamer todos al mismo tiempo.
Así, mientras unos le lamían los pechos, otros se
dedicaban a su intimidad, y dos de ellos se turnaban
en degustar su entrada mas estrecha, con un ansia que
hasta a mi me estaba excitando.

Cuando sus gemidos de placer se hicieron mas intensos
uno de ellos se preparo para penetrarla por detrás.
Fue cuando me di cuenta de que en verdad no eran
normales, pues el miembro que lucia ese lobo era
descomunal hasta para una persona, y mas todavía para
un animal. El caso es que, como la noche anterior, mi
madre volvió a demostrar que era capaz de admitir
cosas increíbles en su interior. No solo albergo el
enorme aparato con relativa facilidad en su acogedor
interior, sino que gozo horrores, gritando a voces su
placer cuantas veces quiso; pues todos los falsos
lobos se turnaron, silenciosa y ordenadamente, para
entrarle por la parte de atrás, ignorando su asequible
intimidad como si esta no existiera.

Esa noche le dije a la voz que estaba convencida y
dispuesta a sacrificar mi cuerpo para lograr ser como
la imagen que vi en el espejo, pero la voz me dijo que
no era tan fácil. En el caso de mi madre si, pues era
su cuerpo el que sacrificaba para volver a ser como
era antes; pero en mi caso era diferente, pues yo
tenia que sacrificar un cuerpo que fuera como el que
quería, para poderlo obtener.

Como estaba hecha un lío me lo aclaro mas todavía,
tenia que sacrificar a mi hermanita para que mi cuerpo
fuera tan perfecto como el suyo. Yo, al principio, me
negué; pero la voz me dijo que no fuera tonta, que si
no lo hacia yo lo haría mi madre, pues los espíritus
del bosque se habían encaprichado de mi hermana, y si
no la habían poseído ya era porque primero tenia que
ser doncella, y aun le faltaban dos o tres semanas
para convertirse en mujer.

La voz se dio cuenta de que no estaba convencida del
todo, así que me hizo ir al cuarto de Rosa, para que
viera que era verdad todo lo que decía. Cuando abrí la
puerta la vi durmiendo, abrazada a su osito de trapo
como de costumbre; pero, cuando me acerque mas a ella,
me di cuenta de que su peluche estaba tirado a los
pies de la cama, junto con su arrugado camisón, y que
lo que abrazaba era otra cosa, muy diferente.

No se como podría describírselo, lo mas aproximado que
se me ocurre es decirles que era una especie de ovillo
de carne, hecho a base de docenas de enormes lenguas y
labios. Mi hermanita gemía dulcemente, apretándolo con
cariño, mientras las bocas se desplazaban bajo sus
brazos, poco a poco, para besarla por todas partes,
saboreando su cara y su cuerpo con total impunidad.
Las enormes lenguas que no lamían su lindo rostro se
enroscaban por todo su cuerpo. Dedicando, al igual que
las bocas, una especial atención a sus preciosos
pechos, y a sus puntiagudos pezones, anormalmente
gruesos y grandes para su edad. Luego vi como varias
de las lenguas mas largas se introducían bajo sus
castas braguitas infantiles, penetrando por ambos
laterales a la vez, para lamer lo mas intimo de su
persona, aprovechando la indecorosa separación de sus
piernecitas para alcanzar sus objetivos con mayor
facilidad, degustando su culito y su almeja a un mismo
tiempo. Así fue como ella, sin despertar en ningún
momento, que yo sepa, alcanzo los primeros orgasmos de
su vida.

Mas tarde, cuando regrese a mi habitación, aun
bastante azorada, la voz me recordó que al cabo de
pocas semanas mi hermana seria ya mujer, y los
espíritus del bosque la harían suya de un modo u de
otro, así que debía aprovecharme todo lo que pudiera,
para mejorar mi cuerpo. No lo dude mas y me puse a las
ordenes de la voz, para que me dijera lo que tenia que
hacer. Al día siguiente, me dijo, empezaríamos por la
boca.

Ese día mi padre trajo una vaca, que le habían
prestado durante unos días sus jovenes amigos, y mi
hermana se puso la mar de contenta, pues nunca había
visto una. La voz me asesoro sobre lo que tenia que
hacer. Y, aprovechando que nuestros padres nos dejaron
solas toda la tarde, lleve a mi hermana al establo,
para enseñarle como debía ordeñarla.

Vino la mar de contenta, y no sospecho lo mas mínimo,
aunque yo me di cuenta enseguida de que las ubres de
ese gran animal no eran como deberían ser, pues los
extremos parecían diminutos glandes descapullados.
Después de lavar con abundante agua esas raras ubres
convencí a mi hermanita de que las ordeñara, y estuvo
encantada de hacerlo, disfrutando al ver salir tanta
leche.

Cuando la voz así me lo indico convencí a mi cándida
hermanita de que chupara de una de las tetillas al
mismo tiempo que la ordeñaba, para probar la leche
autentica. Al principio creí que no la convencería,
pero después de pensarlo un poco se puso a chupar
ansiosamente, al tiempo que pegaba pequeños tirones de
la ubre. Desde donde yo estaba se veía claramente que
le estaba haciendo una buena mamada a algún espíritu
del bosque.

Pero Rosa no solo no lo sabia, sino que estaba
disfrutando de lo lindo; pues, entre risitas, me decía
que la leche estaba riquisima. Cuando se harto de
beber de las diferentes tetillas tenia toda la cara y
la camiseta llenas de una sustancia espesa, que yo
estaba segura de que no era leche, al menos no de
vaca.

Para que el sacrificio fuera completo, esa noche
entregue mi boca a la voz. Me hizo tapar la cara con
el retal de seda y pase un montón de horas sintiendo
como penetraba el enorme miembro de tela en mi boca,
una y otra vez, al tiempo que sentía como pequeños
mordiscos, pellizcos y chupetones por todo el rostro.
Fue una sensación rarisima que me dejo con toda la
cara adormecida. A la mañana siguiente ya empece a
notar una cierta mejoría en ella, aunque no tanta como
deseaba y quería. Pero la voz me pidió que tuviera
paciencia, ya que en poco tiempo seria como la bella
imagen que vi de mi rostro en el espejo, aquel día.

Para poder sacrificar los pechos tuve que esperar
varios días, a que los espíritus del bosque volvieran
a reunirse de nuevo. Los aproveche espiando las
múltiples travesuras que hacia la enigmática voz
durante el día. Aparte de mi madre, yo era la única
que sabia que cuando corría un aire fresco por la casa
era que el espíritu estaba presente, haciendo alguna
de las suyas; y, disimulando todo lo que podía,
prestaba mas atención que nunca a lo que pasaba a mi
alrededor. Así fue como pude darme cuenta de que lo
que mas le gustaba al fantasma era provocar
sexualmente a mis padres siempre que tenia la mas
mínima oportunidad.

Mi madre, por orden expresa de la voz, iba casi
siempre sin ropa interior, y la voz sabia sacar
provecho de ello. En cuanto estabamos todos reunidos
para la comida o la cena, el espíritu se dedicaba a
acariciar sus pechos y su intimidad, hábilmente; hasta
que ella, la mayoría de las veces, terminaba por
correrse en su asiento, en silencio.

Solo yo sabia, al ver sus duros pezones marcados sobre
la ropa, que el fantasma se los estaba pellizcando,
torturándolos hábilmente todo el tiempo que le venia
en gana.

Y, alguna que otra vez, fui testigo silenciosa de como
la poseía en los sitios mas insólitos, usando para
ello un enorme pañuelo que mi madre llevaba siempre
encima.

Aunque nunca he hablado con ella sobre esto, se que
disfrutaba tanto como yo con estas salvajes
penetraciones, pues solo había que ver las caras de
placer que ponía cuando la poseía, en la cocina o en
algún dormitorio vacío, mientras ella ronroneaba, como
una gata en celo, de puro gozo.

Aun puedo verla, con las faldas levantadas, abierta de
piernas, con el paño incrustado en su intimidad,
apoyandose de cualquier forma sobre algun mueble,
mordiendose los labios para que no se oyeran sus
gemidos, mientras sus caderas se meneaban
freneticamente al ritmo de las acometidas fantasmales.

Para divertirse a costa de mi padre, usaba a mi
hermanita, por la que este sentía una especial
predilección. Yo sabia que ella era la niña de sus
ojos, pero no supe del interés sexual que tenia para
él hasta que un día vi, desde la puerta, como se le
formaba un grueso bulto en los pantalones, bastante
delatador, mientras le miraba las braguitas,
aprovechándose de que las estaba luciendo,
inocentemente, mientras quitaba el polvo de un mueble,
subida en lo alto de una silla. El, mientras la
sostenía para que no se cayera, metía la cabeza bajo
su reducida minifalda, para no perderse ni el mas
minimo detalle.

La voz si debía saberlo, pues siempre estaba haciendo
que Rosa se luciera delante de mi padre, usando sus
poderes. Cada vez que creían estar solos, la voz
soltaba algún que otro botón de su blusa, o le
descolocaba el vestido, para que este pudiera ver sin
ningún esfuerzo los preciosos pechos de mi hermana;
pues, por entonces, no usaba todavía sujetador, ni
maldita la falta que le hacia.

No había día que no soplara por toda la casa un
travieso airecillo que permitía ver las castas
braguitas de mi inocente hermanita en el momento mas
inoportuno, sobre todo cuando estaba subida en algún
sitio, o agachada de tal forma que no podía taparse
adecuadamente para que los demás no se las viéramos.
Pero de todas formas, ella no se preocupaba en
ocultarlas, pues apenas le daba importancia a su
posible desnudez.

La verdad es que mi padre no era precisamente lo que
se dice un santo, y solía llevarse a Rosa para que le
ayudara en las reparaciones, ya que a ella le
encantaban las manualidades. Así podía toquetearla, de
forma mas o menos disimulada, sin que la ingenua de mi
hermana se diera cuenta de lo que pasaba realmente.

Ahora que ya sabia de que pie cojeaba mi progenitor
procuraba espiarles a escondidas, pues era una forma
como otra cualquiera de matar el aburrimiento que me
embargaba durante el dia. Así pude ser testigo de como
lo hacia. Generalmente fingía caerse, o tener que
apoyarse, mientras reparaba alguna cosa, para poder
agarrarse a sus abultados senos, o a su culito
respingón, sin que mi hermanita recelara lo mas
mínimo.

Una de las jugadas mas audaces que presencie fue
cuando la obligo a empujar con su cuerpo sobre un
viejo somier, mientras él restregaba su rostro entre
sus generosos pechos, intentando apretar sus oxidados
tornillos. Mi hermanita era tan ingenua que incluso le
preguntaba si le hacia daño con sus empujones mientras
mi padre disfrutaba de la dureza de sus senos, sin que
la fina tela del vestido fuera obstáculo para sus
manejos.

No dejaba de asesorarla todo el tiempo para que no
recelara al sentir sus labios incrustándose en la cima
de sus senos. Realizo su labor con tal destreza que
cuando finalizaron mi hermanita tenia el vestido
totalmente empapado a la altura de los duros pezones,
como muestra de lo mucho que la boca de mi padre había
disfrutado de ellos durante la ardua reparación.

Aunque lo mejor de todo fue sin duda el dia que
madrugaron para irse a pescar los dos solos. Salia del
aseo cuando sono el despertador y oi a mi padre, ya
vestido, entrar en el cuarto de mi hermanita.

La oscuridad del pasillo me permitio ver como a la luz
del amanecer y con mucho cariño le quitaba el camison
y le ponia las braguitas y su vestidito mas liviano de
tirantes. Rosa, adormilada, apenas prestaba atencion a
las afectuosas manos que recorrian su anatomia.

Luego, mientras mi hermana iba al baño pude ver como
mi padre hurgaba en su bolsa de playa, retirando de
esta la parte de arriba de su bikini. No se lo que
paso aquel dia, pero cuando volvio a ultima hora de la
tarde, y la acompañe a la ducha, pude apreciar que
traia colorado no solo sus altivos globitos sino
tambien su petreo culito.(Si quieres saber lo que
sucedió lee el relato "DIA DE PESCA")

Mi padre no solía dormir nunca la siesta, a diferencia
del resto, que teníamos que descansar adecuadamente
para poder disfrutar mejor durante la noche. Así que
por las tardes se acercaba hasta donde estuviera
durmiendo Rosa, generalmente un sofá o una mecedora, y
la contemplaba a placer, durante largo rato,
aflojándole la poca ropa que solía ponerse para no
perderse ningún detalle de su cuerpecito.

Yo le vi hacerlo un par de veces, pero no dije nada.
Porque, a fin de cuentas, él solo le bajaba un poco
las braguitas infantiles para ver su incipiente
felpudito. Y yo pensaba aprovecharme mucho mas de su
adorable cuerpecito.

El día que la voz me dijo que podía sacrificar los
pechos de mi hermana, y la forma de hacerlo, la
convencí de que se pusiera un ligero vestido de
verano, de tirantes, y me acompañara al mismo lugar
del bosque donde los lobos habían poseído a mi madre;
con la excusa de enseñarle un nido de ardillas, con
sus crías, que había encontrado. Rosa vino la mar de
contenta, y no dudo lo mas mínimo en subirse a las
ramas de un árbol enorme, que yo le indique, para ver
las ardillas. Solo pudo echarles un rápido vistazo,
pues enseguida la rama sobre la que se apoyaba cedió,
y ella incrusto sus voluminosos pechitos en el agujero
del árbol.

Por mas que la pobre grito no pudo soltarse de la
trampa y yo, desde abajo, solo fingía buscar una forma
de bajarla. La pobre, llorando, me dijo que las
ardillas le habían roto el vestido, y que le estaban
mordiendo las tetas. De todas formas no debían de
hacerle demasiado daño, pues veía claramente su cara,
expresando todo el placer que sentía. Estuvo un buen
rato atrapada en el agujero, hasta que,
sorprendentemente, se soltó, sin que ninguna de las
dos hubiéramos tenido que hacer nada.

Cuando bajo del árbol, con los pechos al aire, vimos
que no tenia ninguna marca de dientes, aunque estaban
bastante enrojecidos; sobre todo los pezones, que
seguían duros como piedras, para atestiguar que algo
había pasado allí arriba. A duras penas conseguí que
no le dijera nada a mis padres, con la excusa de que
había sido todo culpa mía, y de que me castigarían por
dejarla subirse a los arboles. Como realmente no tenia
ninguna herida en los lindos pechos, al final accedió
a callarse, por hacerme un favor; y yo se lo agradecí,
invitándola a pasteles en el pueblo.

Esa noche fui yo la que sufrí, y goce, de las divinas
torturas que la voz tuvo a bien hacerme en mis tiernos
pechos, usando el viejo retal de tela. Lo mismo me
hacia delirar de placer, mientras me acariciaba los
senos con mil manos invisibles, que me tenia que
morder la lengua para no gritar de dolor, cuando me
retorcía y pellizcaba los sensibles pezones, sin la
mas mínima consideración. Sus caricias no cesaron en
toda la noche, ni siquiera cuando me penetro, durante
varias horas, con su gigantesco miembro de seda. Por
la mañana tenia a los pobres pezones tan irritados que
el mas mínimo roce con el vestido me molestaba, por lo
cual estuve casi todo el día con los pechitos al aire,
para alegría de mi pícaro padre, que no se perdía
detalle.

No me cabe la menor duda de que tuvo que ser la voz la
culpable de que, ese mismo día, me quedara sin agua
mientras me estaba duchando. Dado que mi madre había
salido al pueblo de compras con mi hermana hacia poco
rato, tuve que ser yo la que ayudara a mi padre a
reparar la avería del lavamanos. Mi padre me aseguro,
muy sonriente, que seria cosa de un momento, por lo
que no me moleste en vestirme; y, ataviada con mi
corto batin de baño, me senté como pude en la caja de
herramientas, para sujetar mejor la cañería.

Como aun me sentía cansada por el fogoso encuentro de
la noche anterior me quede un poco adormilada, con la
cabeza apoyada en el lavamanos, escuchando los
apagados ruiditos que hacia mi padre debajo mía,
hurgando en la vieja tubería.

Tenia las piernas bastante separadas para no
molestarle cada vez que tenia que coger una
herramienta de la caja, por lo que me extraño bastante
notar el intenso roce de su mano en mis sensibles
labios menores, mientras sacaba una gran llave
inglesa; cuyo áspero mango, al salir, aun me rozo mas
a fondo mi intimidad, deslizándose por la rosada
abertura. Como era muy consciente de que mi tutor me
había salido bastante pícaro, me asome, poco a poco,
para ver que estaba pasando hay abajo.

De lo primero que me di cuenta era de que me había
aflojado el nudo del batin lo justo para que mis senos
quedaran totalmente a la vista, mostrándole su nívea
desnudez, y sus cada vez mas atractivos fresones. Pero
yo aun se lo había puesto mejor, pues al haber
separado ingenuamente mis piernas le colocaba mi
desprotegida intimidad a tan solo un par de palmos de
su sudorosa cabeza.

Como era la primera vez que mi padre mostraba algún
tipo de deseo sexual por mi, en lugar de por mi
hermana pequeña, decidí hacerme la adormilada, y ver
hasta donde era capaz de llegar con mi consentimiento.

No tardo mucho en volver a guardar la fría llave
inglesa en la caja, volviendo a incrustarla como por
equivocación en mi cálida gruta, de forma aun mas
insistente, al mismo tiempo que lo hacia. Al ver que
yo no reaccionaba de ninguna manera, apoyo su mano
temblorosa en mi espeso bosquecillo, mientras soltaba
por fin la herramienta, deslizándola a continuación
por el resto de mi asequible intimidad.

De ahí paso directamente a mi seno descubierto, donde
tuve que hacer mil esfuerzos para que no se diera
cuenta de lo mucho que me dolía el irritado pezón
mientras lo estrujaba con su manaza.

Pero pronto lo soltó para volver a la húmeda cueva,
donde estuvo metiendo los dedos, con mucho mas cuidado
que de costumbre, durante casi media hora, magreandome
a placer todo el orificio. Solo el regreso de mi madre
interrumpió sus picaras, y por que no decirlo, gratas
exploraciones.

Retrase el sacrificio del culo todo lo que pude, pues
era tan virgen por ahí como mi hermanita, y temía el
dolor que podían hacernos. Sobre todo cuando me
acordaba de los enormes miembros que había recibido mi
madre por ese sitio. Cuando la voz me aseguro que se
me acababa el tiempo, hice de tripas corazón, y me fui
con mi hermana a jugar al bosque.

Ese día habíamos bebido mucho las dos, pues hacia mas
calor que de costumbre y, en un momento dado, Rosa se
fue detrás de unas matas para hacer pipí. Yo ya sabia
lo que sucedería, así que la acompañe; y vi,
asombrada, como crecía un grueso tronco justo donde
caía su orina, sin que ella se diera cuenta. Cuando
acabo orinar, la oscura madera tenia la forma exacta
de un miembro de hombre, bastante grande por cierto, y
apuntaba justo adonde quería ir. Solo tuve que fingir
que tropezaba para empujar suavemente a mi hermanita y
la gravedad hizo el resto. Se clavo el miembro de
madera hasta la raíz, entre desgarradores gritos de
dolor. Yo, haciéndome la sorprendida, fingí ayudarla,
tirando de sus brazos; pero, en realidad, me limite a
ver como Rosa se empalaba sin querer, una y otra vez,
en el afilado tronco, mientras intentaba zafarse de la
trampa.

Mi hermanita termino por rechazar mi ayuda, al ver de
que poco le valía, e intento liberarse por sus propios
medios, apoyando firmemente brazos y pies, y
balanceando suavemente sus finas caderas hacia delante
y hacia atras, tratando de encontrar el final de la
impertinente raíz. El sensual vaivén de Rosa fue
haciéndose cada vez mas frenético, quizás por el ansia
de liberarse, o quizás por el desconocido placer que
empezaba a sentir, pues veía que llevaba algún tiempo
mordiéndose los labios para que no me diera cuenta de
que sus encantadores gemidos eran mas de gozo que de
dolor.

Desde luego, recordarla allí, con su precioso rostro
sudoroso bañado de lagrimas, el vestido arremangado,
rezumando fluidos por su virginal intimidad, mientras
meneaba su lindo trasero con ardor, es la estampa mas
sensual que había visto en toda mi vida. Cuando al fin
consiguió escapar, debido al fuerte espasmo que
provoco su violento orgasmo, quizás el primero de su
vida, no me hecho en cara el empujón, pero si estaba
la mar de sorprendida por no haber visto ese gran palo
cuando se agachó para hacer pipí.

Esa noche me di ánimos, recordando los gemidos de
placer que había ahogado mi hermana, para recibir mi
ración. Pero la voz me volvió a sorprender, pues en
vez de ocuparse solo de la entrada posterior, se
ensaño con los dos agujeros a la vez, haciéndome
sentir llena como nunca me he vuelto a sentir. Llegue
a romper la funda de la almohada de los mordiscos que
le di, impulsada por el dolor, y el placer, que sentí
aquella noche.

Desde esa noche memorable, y hasta que nos marchamos,
siempre que la voz me venia a visitar, y era casi
todas las noches, me penetraba por los dos orificios,
de uno en uno o a la vez, para recordarme que una
mujer nunca tiene bastante con un solo hombre. Como he
tenido ocasión de comprobar después.

Yo mejoraba a ojos vista, igual que le sucedía a mi
viciosa madre, pero estoy segura de que ella no sabrá
toda la verdad hasta que no lea este relato. Así que
cuando la voz me aviso de que esa noche tendría lugar
el sacrificio final, accedí muy a gusto; pues la única
virgen de la casa era Rosa, y no lo consideraba justo.

Esa velada, poco después de la media noche, entro mi
hermanita en mi dormitorio y, la mar de ilusionada, me
confeso que ya era toda una mujer, aunque casi no
había sangrado. Yo la convencí para que pasara la
noche conmigo, y ella accedió encantada. Poco a poco
fui llevando ladinamente la conversación hasta que
acabamos hablando de chicos y, mientras yo le hablaba
acerca del sexo, le iba haciendo pequeñas caricias,
cada vez mas enervantes, sobre su camisón infantil,
para ilustrarla sobre el tema. Cuando note que estaba
bastante excitada pase a atacarla en serio; y, a la
vez que estampaba dulces besos en su cara y en su
cuello, le solté todos los lazos, para apoderarme por
fin de sus lindos senos desnudos y conseguir ponerla a
cien.

En cuanto estuvimos las dos desnudas empece a
acariciar suavemente su intimidad, y a rozar mis
pechos contra los suyos, hasta que se nos endurecieron
los pezones a las dos. En el momento en que mas
excitada estabamos me metí dentro de mi intimidad, sin
que ella se diera cuenta, una especie de falo enorme,
que la voz me había dicho que estaría bajo mi
almohada. Aunque acogí en mi interior todo lo que
pude, sobresalía mas de la mitad fuera de mi. Eso era
caliente al tacto, y se movía como si fuera una
especie de ser vivo.

Aproveche que Rosa estaba situada en ese momento
encima mío y, antes de que se diera cuenta de lo que
pasaba, conseguí penetrarla con un seco golpe de
riñones. Mi hermanita, que estaba besándome en ese
momento, intento gritar, pero yo apreté su cabeza
contra la mía, para que no se oyeran sus aullidos. En
agradecimiento me dio un mordisco en el labio que me
hizo sangrar. También intento mover las caderas para
apartarse, pero el instrumento parecía tener vida
propia; y, en vez de separarse, lo que conseguía era
metérselo mas adentro. Al final tuvo que claudicar,
dejándose llevar por el placer, como hacia yo,
mientras mezclábamos nuestros gemidos de gozo como
buenas hermanas. Como el extraño aparato no paraba de
moverse, aunque nosotras nos estuviéramos quietas,
tuvimos varios orgasmos, muy seguidos. Rosa, por la
falta de costumbre, se durmió, de puro agotamiento,
estando todavía enganchada, y subida encima de mi.

La bella durmiente se apodero de uno de mis senos con
sus manitas, y se puso a chupar el largo pezón como si
fuera un bebe, mientras que se le escapaba, de vez en
cuando, algún que otro gemido de placer.

Yo seguí jugueteando con sus bonitos pezones, pues era
una autentica delicia ver como respondían a mis
tiernas caricias, endureciéndose bajo mis dedos una y
otra vez mientras amasaba sus túrgidos senos. Seguí
disfrutando también del aparato, incluso cuando la voz
vino a reclamar su parte. Tapándonos con el viejo
retal de tela, nos penetro a las dos por detrás,
simultáneamente, pasando de un orificio a otro. Yo,
como ya estaba acostumbrada, lo recibí con mucho
gusto. Pero mi hermanita, como era tan solo su segunda
vez, se revelo contra la intromisión, meneando,
inútilmente, su bonito trasero; y, como seguía
dormida, me mordió el pezón mientras lo hacia, con
tanta saña que me dejo una marca de recuerdo, que aun
hoy conservo.

Por la mañana mi hermana se marcho del cuarto mientras
yo todavía dormía, sin despedirse, con la cabeza hecha
un autentico lío, y tardo algún tiempo en perdonarme
el que la hubiera despojado de su virginidad.

Con el paso de los años lo hizo; pero, hasta que no
lea este relato no sabrá los verdaderos motivos que me
impulsaron, solo en parte, a desgraciarla de esa
manera, privándola rudamente de su malograda
virginidad.

Dentro de unos días iré, con mi marido y mi adorada
hijita, a la vieja casona de mi abuela, pues ya pronto
cumpliré los odiosos cuarenta, y a mi hija, que es una
verdadera preciosidad, aun le faltan unos dos o tres
años para llegar a ser una mujer. Creo, por tanto, que
es el momento oportuno de recuperar la belleza que
siempre me ha caracterizado, desde que pase aquel
glorioso verano en compañía de un pícaro fantasma.



La casa encantada (II). Un día de pesca.

Extracto adaptado del diario de mi hermanita Rosa.



Querido diario:

Hoy ha sido un día muy raro. Como ya te he contado en
días anteriores hoy era el día en que por fin papa me
llevaría a pescar con la barca de los vecinos. Y eso
ha hecho.

Pero como ha sido todo tan extraño intentare contarlo
poquito a poquito.

Papa me ha levantado muy temprano, cuando apenas había
amanecido. Tenia tantisimo sueño entonces que
prácticamente ha sido el quien me ha vestido. Ahora
que lo pienso me hace mucha gracia recordar lo torpe y
patoso que es.

El pobre ha tardado un buen rato en quitarme el
camisón y ponerme las braguitas y el vestido lila de
tirantas. Sus manos grandotas y ásperas recorrían mi
cuerpo una y otra vez sin atinar a colocarme las
prendas en condiciones.

El camino hasta el lago me lo he perdido, porque iba
frita sentada en el asiento de mama. Luego, mientras
papa revisaba la barca y me ponía el bikini han
empezado las cosas raras. Porque la parte de arriba no
estaba en la bolsa, y yo estoy convencida de que la
guarde ayer. Cuanto mas lo pienso mas me creo que ha
sido una broma pesada de mi hermana, que estos días
esta la mar de tonta.

No sabia lo que hacer, y estaba a punto de llorar de
rabia. Pero papa, muy comprensivo, me ha dicho que en
la soledad del lago nadie nos podría ver, y que si le
prometía no contárselo a nadie me dejaría estar sin la
parte de arriba. Yo acepte encantada.

La barca era muy pequeña, con un solo asiento junto al
motor, pero era una cucada.

Papa me hizo sentar en su regazo, para que no me
cayera, y nos adentramos en el lago.

Estaba en la gloria, saltando sobre las olitas, y
sintiendo la brisa en la cara. Papa me cogía de la
cintura para que no me cayera y se reía mucho de mis
grititos cuando saltaba y giraba con la barca.

Para pescar escogió una esquina muy resguardada, junto
a un acantilado precioso y con muchas ramas cerca que
nos tapaban de la lejana orilla del frente. Era un
sitio divino.

Ahora que estabamos quietos podía notar, como otras
veces, el enorme bulto que hacia su "cosita" bajo mi
culo. Pero esta vez podía sentir incluso su calor a
través del bañador.

Tuve que disimular y fingir que jugaba con el agua
para no reírme ante el apuro que paso luego, cuando se
puso a hacer pipí mientras terminaba de preparar la
caña.

De reojo pude volver a ver como su gordota manguera
echaba el pipí. Lo cierto es que aun me asombraba el
enorme tamaño de su cosa. Pero supongo que eso es
normal.

Luego me volví a sentar en su regazo, ya con la caña
en las manos. Aunque prestaba mucha atención a sus
explicaciones no podía dejar de pensar en el gran
bulto que tenia debajo y que parecía mas duro y rígido
que antes.

Pronto empece a pescar y, mientras esperaba que
picaran, charlaba con el de mil cosas diferentes.
Cuando al fin pico el primero papa se emociono aun mas
que yo. Gritaba sus consejos y palabras de animo como
si estuviera en la luna, agitándose tan nervioso que
pense que volcaríamos la barca. Para evitarlo,
mientras agarraba la caña con una mano me sujetaba con
la otra. Pero con los nervios se equivoco y me cogió
una tetilla en vez de la barriga. Yo estaba tan
concentrada intentando recuperar el pez sin que se me
enredara el carrete que no le dije nada.

Papa estaba frenético, me animaba y adulaba sin parar
mientras su manaza me estrujaba el pecho sin descanso.
Estuvimos así un buen rato hasta que el final capture
mi primera pieza. No era tan grande como parecía, pero
me sentí dichosa.

A lo largo de la mañana pesque otras dos piezas, una
bastante grande. Y las dos veces papa me sujeto del
mismo sitio. Supongo que por comodidad.

Había sido una mañana tan emocionante que después de
darnos un baño y comer los emparedados me quede
dormida en su regazo, acurrucada contra su velludo
pecho.

Un buen rato después, cuando me desperté, me sorprendí
al notar como las dos manos de papa recorrían mis
tetitas. Le pregunte que hacia y el me contesto que
poniéndome crema para que no se me quemaran. Le di las
gracias porque lo cierto es que tenia los pezones de
punta y sentía un extraño picor en ellos, que era una
mezcla de gusto y calor bastante rara. Decidí darme
otro bañito, con lo que el curioso calorcillo menguo.

Luego fue papa el que se quedo traspuesto, por lo que
procure no moverme mucho para no despertarlo. Como
estaba aburrida me puse a jugar con las lombrices,
aunque se que papa me ha regañado varias veces por
hacerlo. El no entiende lo divertido que es sentir su
tacto húmedo y resbaladizo, y ver como se deslizan
entre los dedos.

Pero tuve tan mala suerte que mientras tenia un puñado
de ellas sobre la barriga un bicho molestara a papa,
despertándolo de golpe. En un movimiento reflejo las
escondí dentro del bikini, dado que no me daba tiempo
de echarlas de nuevo al cubo.

Papa empezó a charlar conmigo, pero yo no le prestaba
mucha atención, pues sentía a las lombrices
deslizándose por los escasos pelitos negros de mi
chichi, y me hacían unas cosquillas terribles. Como
tenia las piernas separadas por encima de las de mi
papa, al cabo de un ratito note como algunas empezaban
a meterse dentro de mi cuevecita.

Tenia tanto miedo de la regañina de papa que aguante
todo lo que pude. Pero las raras cosquillas que me
hacían por dentro me obligaban a removerme inquieta
sobre el regazo de papa. Encima su bulto me parecía
cada vez mas grande y duro, por lo que cuando me
meneaba se me clavaba aun mas en el trasero.

Cuando las cosquillas se hicieron insoportables no me
quedo mas remedio que confesar a papa lo que había
hecho. Para mi sorpresa no solo no me riño sino que me
acomodo con mucho cuidado en la banqueta y se
arrodillo frente a mis piernas abiertas para
encargarse el mismo de librarme de los gusanos.

Estaba tan avergonzada que me recosté del todo en la
banqueta, cerrando los ojos para no ver como papa se
deshacía de los incómodos gusanos una vez que me hubo
quitado el bikini para lavarlo. Teniendo en cuenta las
manazas que tiene fue la mar de cuidadoso conmigo,
metiendo con mucho cuidado sus dedos dentro para
sacarlos a todos. Yo tenia la respiración cada vez mas
agitada y sentía un gustillo terrible en la almejita.
Que se hizo casi insoportable cuando papa pellizco mi
botoncito con dos dedos mientras movía el resto cada
vez con mas velocidad.

Al final no pude mas y gritando hice como pipí, pero
sin llegar a orinar. Fue algo muy extraño y que me
dejo totalmente agotada. Como papa ya había terminado
le di las gracias y me gire en la butaca, quedando
boca abajo y bastante espatarrada.

Papa, dulce y cariñoso, empezó a acariciarme la
espalda con mucha suavidad.

Estaba prácticamente dormida cuando sentí que su mano
había descendido hasta llegar a mi culito, donde
estuvo largo rato hurgando sin parar. Cuando le
pregunte que hacia me respondió que preparándolo para
darle crema. Al escuchar sus jadeos supuse que le
costaba abrir el bote, y estaba a punto de darme la
vuelta para ayudarle cuando note que unos espesos
chorros de crema me caían en el trasero. Papa repartió
la crema con su mano, y con mucho cariño, hasta que me
queda dormida del todo.

Lo ultimo que vi antes de dormirme fue el bote de
crema a mi lado, junto al motor. Así que me quede
frita pensando en que clase de crema me habría puesto
papa entonces.

Al despertarme todavía notaba curiosas sensaciones en
mi irritada intimidad.

Me dio un poco de apuro ver que papa había estado todo
el tiempo arrodillado junto a mi, quedándose también
traspuesto usando mi culito como almohada.

Solo me queda por decir que mientras mi hermana me
ayudaba a ducharme pude ver en sus ojos que la corroía
la curiosidad, pero como le prometí a papa no le conté
nada.




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