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Fiesta y pasión -
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| Enfermizo - (Orgias) [27 Jun 2007]
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Le puse mi verga en su culito, le susurré, te la voy a meter de una vez, no grites, ella no dijo nada, se la metí hasta el fondo, ella me dijo, no es la primera vez que me la meten, ni la más grande, cariño...
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Aquella noche habíamos quedado unos cuantos amigos (unos seis tíos y cuatro chicas) en casa de uno, para hacer una pequeña fiesta y beber allí antes de salir. Todos nos lo estábamos pasando genial, y se prolongó más de lo debido. Había muchísima bebida, pero aún así la estábamos acabando.
Las chicas, poco acostumbradas a estos excesos, eran las más perjudicadas. Mi novia, María, no era precisamente la que mejor se tenía en pie. La vi cómo iba al baño, tambaleándose. Iba vestida con un top blanco de tirantes, con un sujetador negro, y una minifalda también negra. Se veía preciosa. La habría tirado al suelo allí mismo para bajarla el alcohol, pero había mucha gente.
Al rato vi que todavía no volvía, y decidí ir a ver si la había pasado algo debido al estado en el que estaba. La puerta estaba cerrada, y llamé. Me abrió enseguida, y me hizo un gesto indicándome que no hiciese ruido. Me llevó de la mano hasta la ventana del baño, que daba a un balcón. Por el camino vi el tanga de María en el suelo, junto al bidet. Me colocó asomándome con cuidado. Afuera, Laura, su hermana, le comía la polla a Eduardo, uno de nuestros amigos, un armario que juega al rugby.
Me apartó de allí para poder seguir mirando ella, a la vez que se masturbaba. "Menuda polla", dijo, "no me extraña que mi hermana no se haya podido contener...". Desde detrás de ella apenas podía ver nada. Laura estaba arrodillada delante de Eduardo, y el cuerpo de mi novia la tapaba. Cuando me asomé ví cómo la empezaba a quitar el sujetador, y me dio rabia no poder ver esas tetas bamboleándose mientras mamaba. María seguía metiéndose los dedos, y yo la subí la falda hasta la cintura para poderlo ver.
Después me arrodillé detrás de ella y comencé a comerle el culo. Le encantaba, temblaba. La costaba no gemir. Mi lengua rozaba a veces con sus dedos entrando en su chorreante vagina. Desde el salón se oían las risas de los que seguían bebiendo. Supongo que el alcohol fue lo que hizo que no se dieran cuenta de que faltábamos al menos cuatro personas junto a las botellas.
Mientras seguía lamiendo a mi novia me bajé los pantalones. No aguantaba más. Me levanté, y le puse la punta de mi verga en la entrada de su culito. Le susurré "te la voy a meter de una vez, no grites para que no nos oigan, guapa". Ella, ebria, no dijo nada. La agarré las caderas y se la metí hasta el fondo. Ella lo aguantó sin decir absolutamente nada. En el fondo eso me dolió en el orgullo, pero además me dijo "no es la primera vez que me la meten, ni la más grande, cariño". Maldita cabrona.
Yo sabía que no era la primera, pero que lo soltase así me dolió. Eso me animó a follármela sin contemplaciones. Ella seguía masturbándose, pero se inclinó más hacia delante para que no la doliese. En ese momento vi cómo Eduardo se corría en la cara de Laura. La rubita de la hermana estaba medio desnuda, y el semen la chorreaba hasta los pezones. Al ver eso, mi novia se corrió entre espasmos y cayó al suelo, apartándose de la vista de los de fuera. Yo hice lo mismo, y ahí nos dimos cuenta de que no estábamos solos. En el baño estaba Ana, otra de las chicas de la fiesta, con una botella en la mano, sonriendo. Habíamos olvidado cerrar la puerta. Ella lo hizo, pero se quedó dentro a mirarnos.
Allí estaba yo, con mi polla fuera sin haberme podido correr, y mi novia, recuperando el aliento en el suelo. Cuando se dio cuenta de que su amiga estaba con nosotros, se levantó para cerrar la ventana, y dijo, Ana, ¿te apetece que me devuelvas aquel favor?. Yo, por supuesto, no tenía ni idea de a qué se referían. Ya conocemos a las mujeres cuando se empeñan en hablar en clave... . Más tarde me enteré que "aquél favor" se refería a que Ana quiso, hacía años, dar como regalo de cumpleaños a su novio una fantasía que no volverían a repetir. Consistía en hacer un trío con otra chica, y María se prestó a ello (esto será otra historia).
Ana la guiñó un ojo y se acercó a mí. Me plantó el beso más cachondo que me han dado nunca. Mientras su boca se enredaba con la mía, María comenzó a lamerme los huevos y masturbarme. Después se levantó y separó a Ana de mí. Si no llega a parar creo que me habría corrido enseguida, menos mal que me dieron un respiro. Me sentó y colocó a Ana frente a mí, sin que pudiera tocarla. Ella se puso detrás y comenzó a desnudarla. Le desabrochó la blusa, quedando al aire un sujetador de encaje blanco, sin aros. Después le bajó los pantalones, mostrando un tanga que ya por delante era mínimo. Le hizo dar una vuelta, como bailando con ella, y vi que el tanga por detrás era tan solo un hilo. Después le desabrochó el sujetador, quedando al aire sus magníficas tetas.
Mi novia se desnudó deprisa, y las dos comenzaron a liarse frente a mí. Se rozaban los pezones, veía cómo movían las lenguas, cómo sus manos apretaban sus culos, cómo sus dedos se metían entre sus piernas... . Cuando comencé a cascármela ante tal escena, Ana, que me vio, me tumbó en el suelo y se puso a chupármela. ¡Qué boca! La lamía de la base a la punta, para luego metérsela hasta la garganta, me chupaba las bolas mientras me la apretaba con fuerza... Casi me la destroza. Y mientras, mi novia detrás magreándole las enormes tetas. Menudo espectáculo. La morena impresionante de mi novia acariciando a una rubia que me la come.
María, cachonda, recuperándose del alcohol, se puso sobre mi cabeza mirando a Ana, para que la comiese el coño. Le metí la lengua y gimió. Ahí le dijo a Ana "venga, móntale y fóllatelo como me follé yo a Eduardo". En ese momento lo vi todo demasiado claro. El cabrón de Eduardo se había follado ya a tres de las cuatro tías que estaban en la casa, eso si no se estaban turnando ya a la que quedaba. Ana se montó sobre mi polla y me sacó de mis pensamientos. Mientras botaba sobre mí y le comía el coño a mi novia, se pusieron a enrollarse. No aguanté ni un minuto, y me vacié en el coño de la rubia. Ella, saliéndose, se tumbó en el suelo, y mi novia comenzó a lamer lo que yo acababa de dejar dentro de ella.
En ese momento de silencio oímos gemidos en el salón. Los cinco que quedaban se debían estar follando a las otras dos. María siguió comiéndose el coño de Ana un rato, hasta que se me volvió a poner dura (poco tiempo, ante tal situación), me tumbaron de nuevo, y Ana volvió a follarme. María salió del baño, sin cerrar la puerta, desnuda todavía, mientras su amiga me besaba y me apretaba la verga dentro de ella. Volvió enseguida, acompañada de otros tres, también desnudos. Uno era Eduardo. Dieron un trago cada uno.
Todos estábamos como cubas. También nos dieron a beber a Ana y a mí, y después la echaron un chorro de whisqui por la espalda que llegó hasta mis huevos. María se arrodilló y atrajo a uno hacia ella. Le comió la polla hasta que se puso dura, y le dijo "ahora, que siga Ana", acercando a otro. Mientras se ponía delante de ella, sobre mí, oí decir a mi novia "sabe a coño", refiriéndose a la polla que comenzaba a succionar. Al poco, le dijo "da por culo a Ana". Esta paró de moverse mientras se arrodillaba detrás de ella para penetrarla. Un gemido indicó que ya lo había conseguido.
El único que se movía de los tres era el que la daba por el culo. Yo me dejaba hacer por ella, que iba adelante y atrás metiéndose las tres pollas hasta los huevos por sus respectivos agujeros.
Apenas pude ver como el gorila de Eduardo levantaba a mi novia y se la follaba en brazos. Tan solo la oía gritar pidiendo más y más fuerte...
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